OPINIÓN: Peña, sí puede con la política, pero (aún) no con los resultados

El presidente tiene como asignatura pendiente conseguir que su oficio con los partidos derive en beneficios tangibles hacia los ciudadanos
Empresarios hacen un balance de reformas en México
Autor: Héctor Villarreal | Otra fuente: 1

Nota del editor: Héctor Villarreal es doctor en ciencias políticas y sociales por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Se dedica a la consultoría, la docencia y el periodismo. Síguelo en su cuenta de Twitter: @VillarrealH

(CNNMéxico) — Compromiso por México fue el nombre de la coalición electoral por la cual Enrique Peña Nieto llegó a la Presidencia de la República.

El nombre hacía referencia a que el entonces candidato garantizaba que cumpliría sus promesas de campaña estableciéndolo por escrito y firmándolo, tal como había hecho en el Estado de México cuando fue gobernador. Su principal ofrecimiento fue una mejoría en la economía de los hogares.

A casi un año de gobierno esos compromisos parecen guardados en algún cajón en turno al archivo muerto y sepultados en una comunicación social que se dedicó a dar maromas en las azoteas y a motivar con un juego retórico: no se puede, pero sí se puede —por sus anuncios en los medios de comunicación—. ¿Si se puede, por qué no lo ha hecho el presidente y su gobierno? ¿De veras sí se puede?

Se ha podido llevar a cabo una agenda muy ambiciosa para la aprobación de las reformas que el proyecto del presidente precisa necesarias para el desarrollo del país, gracias a la construcción del Pacto por México y su concreción en una mayoría parlamentaria.

De modo que los legisladores de distintas filiaciones partidarias sí han podido ponerse de acuerdo para darle instrumentos al gobierno que le permitan promover el desarrollo económico, como la reforma laboral.

Pero es el gobierno el que no ha podido hacer su trabajo con eficacia en lo inmediato para mejorar las condiciones de vida de la mayoría de las familias o, al menos, para que no se deterioren más; la economía del país no creció —como se proyectaba—, el empleo formal va a la baja y a la miseria se le atiende con asistencialismo, hasta ahora, con la Cruzada contra el Hambre, como programa estrella.

Además de que no se ve para cuándo, ni cómo, la política social pase a ser auténticamente de desarrollo.

En parte, me parece que si no se ha podido ha sido por una decepcionante gestión por parte del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, el hombre fuerte del presidente, responsable del subejercicio del gasto público durante los tres primeros trimestres de este año, lo cual solo puede atribuirse a un uso político de éste, que no corresponde a las expectativas de la oferta de campaña.

El gobierno tampoco ha dado muestra de austeridad ni de hacer más eficaz y eficiente el gasto público.

No ha sido capaz de brindar más y mejores resultados con los mismos recursos; por el contrario, demanda más y aumenta la tributación. Si no ha podido hacer más con menos, es que no ha habido voluntad de marcar un cambio al respecto.

Se pudo hacer una nueva política de comunicación social que quitó el tema de la inseguridad y el combate a la delincuencia organizada como el más importante, pero en los hechos no se ha podido reducir la criminalidad. Si han disminuido las ejecuciones, han aumentado las extorsiones; si en unas regiones aminora la confrontación entre cárteles, en otras la violencia recrudece.

Un año después, Michoacán presenta una situación más grave, su gobernabilidad se ha vuelto más precaria con la presencia de nuevos y diversos grupos armados que hacen evidente la incapacidad de que prevalezca plenamente el estado de Derecho.

Hasta ahora la Secretaría de Gobernación no ha podido presentarnos a la flamante Gendarmería que habría de encargarse de ser el cuerpo policiaco responsable de garantizar la seguridad, para proceder al paulatino retiro de las fuerzas armadas de esta función, pero para como van las cosas, no se podrá ver en este sexenio que la Marina o el Ejército sean relevados de esta responsabilidad.

Se pudo llevar a prisión a una mujer poderosa, como Elba Esther Gordillo, pero no se ha podido hacer de la lucha contra la corrupción una política de Estado; la Secretaría de la Función Pública (SFP) quedó en animación suspendida desde el inicio de la nueva administración, durmiendo el sueño de los justos, literalmente, en espera de la creación de una nueva institución presumible (la Comisión Nacional Anticorrupción), con relativa autonomía del presidente.

La Procuraduría General de la República (PGR) pudo consolidar un expediente amplio y sólido en el caso de la líder magisterial, pero no ha mostrado proactividad para replicar este trabajo en otros peces gordos, que a todas luces dan cuenta de un escandaloso uso personal de los recursos públicos.

Si no se ha podido, al parecer se trata de un uso político, discrecional, de la procuración de la justicia, conforme al cálculo de los beneficios que esto puede permitir; por ejemplo, el sindicato de trabajadores de Pemex ha sido el gran ausente en la discusión sobre la reforma que ha de afectar para bien o para mal a esta paraestatal y, por supuesto, al conjunto de su base trabajadora y dirigentes.

En suma, es un gobierno que ha podido hacer mucha política, pero que no ha podido darnos buenos resultados.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Héctor Villarreal.

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