OPINIÓN: La eficacia, el único 'salvavidas' de la imagen de Peña Nieto

En unos meses, la 'luna de miel' que parecía haber entre el presidente de México y los partidos políticos parece llegar a su fin
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Autor: Alejandro Brofft | Otra fuente: 1

Nota del editor: Alejandro Brofft es periodista especializado en moda e imagen pública. Tiene estudios por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el Instituto Marangoni, de Milán, Italia, y del Central Saint Martins, de Londres, Inglaterra. Actualmente imparte clases en la UNAM y CENTRO (escuela de diseño, cine y televisión). Síguelo en su cuenta de Twitter: @AlejandroBrofft

(CNNMéxico) — Dicen los expertos que no hay amor ni buena imagen que dure para siempre y la validez de esa premisa podría aplicar a Enrique Peña Nieto, quien en estos momentos parece padecerlo en carne propia.

En cuestión de meses, el halo de 'magia' que giraba en torno al presidente pareciera esfumarse. De la 'luna de miel' entre su administración y el resto de la clase política, que si bien resultó sorpresiva y se extendió más tiempo de lo esperado, hoy queda poco. Pero, más grave para él, la percepción de un gobierno eficiente, dinámico e innovador, que supo sembrar en sus primeras jornadas de trabajo, poco a poco, me parece que ha venido derrumbándose.

Este escenario no es más que resultado del cambio de momentos políticos y un desgaste natural, aunque algo anticipado. El Peña Nieto de hoy no puede ser el mismo que el de hace un año. Aquel era, todavía, un exitoso candidato que había fincado su triunfo en su imagen y promesas, al igual que en los errores de sus contendientes.

Se trataba de un producto político, prácticamente igual a uno comercial. Su campaña electoral había tenido los mismos fines que tiene una publicitaria que anuncia un automóvil, un detergente o un tratamiento para bajar de peso. Él y su equipo se encargaron no solo de convencer a los electores que lo votaron, sino también a otros actores nacionales e internacionales que lo vieron como una promesa.

Sin embargo, desde el primer minuto del 1 de diciembre de 2012, él debía demostrar su efectividad. La estampa de hombre elegante, los discursos efectistas y los compromisos firmados ante notario habían perdido valor. A partir de entonces, lo único que importaría serían los resultados.

Me parece que esta idea pareció haberla entendido bien durante sus primeros 100 días. En su momento, ayudaron a alimentar la idea de un gobierno profesional: la firma del hoy moribundo Pacto por México, la detención de la cada vez menos recordada Elba Esther Gordillo, el lanzamiento de la cuestionada Cruzada por el Hambre y la promulgación de la reforma en materia educativa, que en estos momentos no ha podido hacerse válida y que mantiene en el Distrito Federal un plantón permanente de maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

De nada sirvió haber arrancado esa primera etapa a toda velocidad en un lujoso y potente vehículo que parecía inalcanzable si, en cosa de nada, éste perdió fuerza y ahora parece incapaz de pasar pequeños baches. La maquinaria se "acarcachó" pronto. Quizás fueron la presentación y/o discusión de las propuestas de reforma hacendaria, energética y política las que más influyeron para que ello sucediera.

La primera terminó siendo apenas una descafeinada miscelánea que dejó al gobierno enfrentado con el empresariado y muy mal parado ante las clases media y alta, que a partir de la información que circuló en los medios de comunicación, resultarán más afectadas por los cambios.

El periodo ordinario de sesiones está por agotarse y no se tiene claro el logro de acuerdos en los temas energético y político. El primer mandatario y su equipo han hecho una defensa tibia de ambos. Pareciera que eligieron la técnica de, como las avestruces, esconder la cabeza mientras los legisladores hacen su trabajo.

Esta medida podría ser comprensible si lo que quieren evitar es el desgaste, pero les ha resultado contraproducente, pues se han desdibujado. La ausencia los ha hecho perder, sobre todo, fuerza. Esta actitud, desde mi punto de vista timorata, también se ha percibido en otros asuntos, como el posicionamiento de México ante el presunto espionaje del gobierno de EU.

A esto hay que sumarle la falta de resultados en asuntos fundamentales. No hay cambios importantes en las dos preocupaciones más apremiantes para los mexicanos: la seguridad y el bienestar. El crimen organizado sigue incontenible. No bajan las cifras de muertos, ha aumentado el número de secuestros y hay zonas del país, como Michoacán, en donde la figura del Estado raya en lo fallido.

El panorama económico no es más alentador. En tres ocasiones, la Secretaría de Hacienda y Crédito Público ha bajado la expectativa de crecimiento para 2013. Ésta fue proyectada inicialmente en 3.5 y ya va en un 1.3 por ciento. Los empleos que los mexicanos necesitan y exigen no se han generado. La ilusión del 'Mexican moment' (momento de México) se ha venido abajo.

En cuestión de imagen, el jefe del Ejecutivo solo ha tenido un buen momento durante el segundo semestre de su mandato. La desgracia ocasionada por los fenómenos meteorológicos 'Ingrid' y 'Manuel' lo llevaron a verse cercano a los afectados. Las fotografías de él y varios secretarios de Estado mojados, enlodados y despeinados los hicieron parecer comprometidos. De nada servirá esto si la promesa de desenmascarar y castigar a los responsables de la tragedia en Acapulco no se consuma.

Hoy, la fina estampa de Enrique Peña Nieto no es suficiente. Su equipo de comunicación debió haberlo ayudado a llevarla a una siguiente etapa.

No se entiende, por ejemplo, que aún sean comunes los traspiés durante sus discursos. Hay quienes llegaron a pensar que se trataba de algo ensayado durante sus épocas de candidato para poder parecer humano. Esos tiempos quedaron atrás y el primer mandatario debería proyectar hoy más poder, carácter e infalibilidad.

Así como el atractivo físico no es suficiente para hacer que el amor perdure, una atractiva comunicación no verbal no basta para mantener una buena imagen. Ésta siempre debe estar sostenida por una sustancia. Si no, termina siendo un maquillaje que no tarda en caerse.

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El Presidente aún está a tiempo de aprovechar la buena imagen y el empuje que le quedan. Solo a través de resultados podrá evitar que su capital se convierta, junto con él, en desencanto, desilusión y decepción.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Alejandro Brofft.

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