OPINIÓN: Si la medicina no tiene la solución, la eutanasia podría serlo

En Bélgica, la labor de los legisladores para garantizar el derecho a una vida sin sufrimiento es admirable
¿Qué países aceptan la eutanasia?
Philip Nitschke, especial para CNN
Autor: Philip Nitschke, especial para CNN | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Philip Nitschke dirige el grupo proeutanasia Exit International y escribió el libro The Peaceful Pill Handbook. Síguelo en Twitter en @philipnitschke.

(CNN) Era cuestión de tiempo para que la sociedad enfrentara el delicado y espinoso debate sobre la eutanasia voluntaria: esos casos difíciles que pondrían a prueba el respaldo de la mayoría, los casos y situaciones que representan un territorio inexplorado.

Aunque en la mayoría de los países occidentales las encuestas demuestran una y otra vez que la comunidad respalda firmemente el derecho de una persona que tiene una enfermedad terminal a recibir asistencia médica para morir, los resultados serían bastante diferentes si dicha persona no fuera adulta, padeciera de sus facultades mentales o no tuviera una enfermedad terminal en sentido estricto.

Mientras Bélgica decide si extiende el derecho a la eutanasia a quienes tienen alzhéimer y a los niños, estamos frente a esta discusión sin importar en dónde vivamos.

El debate sobre la eutanasia alcanzará magnitudes insospechadas: nos enfrentaremos al desafío de sostener un buen debate, una plática racional como miembros de la raza humana; como parte del desafío debemos cuidarnos de no caer en el pánico moral que este asunto suscitará inevitablemente.

Los asuntos por discutir son demasiado importantes como para ceder ante la indignación histérica y el dogma religioso fundamentalista. Todos somos adultos. El debate que sostendremos —unas dos décadas después de haber sido aprobada en el Territorio del Norte de Australia la primera ley que reconoce el derecho a morir— también debe ser adulto, aunque algunos de los involucrados de los que hablaremos no lo sean.

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Históricamente se ha sido considerado que los niños y las personas que tienen alzhéimer son dos segmentos de la comunidad que carecen de lo que en términos legales es conocido como "capacidad". En general, se desconoce que alguno de estos grupos pueda decidir qué es lo que más les conviene. Sin embargo, esto es lo que los belgas planean.

Para muchas personas que pertenecen a la población que envejece, hay pocas cosas más temibles que desarrollar demencia. Cualquier persona que haya visto a un familiar querido hundirse en el abismo de la confusión y la desorientación sabe que el terror extremo acompaña a ese proceso mientras la persona en cuestión trata de combinar los momentos de lucidez con el horror de saber que ha perdido el contacto con la realidad, con su dignidad y la consciencia de sí.

Hace unos meses, en Nueva Zelandia, la legisladora laborista Maryan Street sentó las bases con su propuesta de ley que, de aprobarse, permitiría a los neozelandeses que incluyan el suicidio asistido en su documento de voluntad anticipada.

Para quienes están en riesgo de desarrollar alzhéimer, esta inclusión sería una herramienta de planeación valiosa: "Si desarrollo demencia, al menos mis hijos sabrán qué quiero. Ahora puedo estar seguro de que respetarán mi deseo de no vivir 'así'".

Esta es una postura común entre los miembros de Exit International. También lo es el deseo de no malgastar el dinero del gobierno en mantener con vida a los ancianos con demencia en los asilos del país, sobre todo si esa no es la forma en la que querían pasar sus últimos días, según manifestaron cuando podían comunicarse.

Respecto al tema de los niños, el debate es un poco más sencillo. Algunos niños desarrollan enfermedades terminales y mueren prematuramente. No es imposible que gente tan joven tenga consciencia de su mortalidad.

Aunque los belgas probablemente estructurarán los avances legislativos en este campo con garantías estrictas, lo que impulsa el debate es la práctica de obligar a los niños con enfermedades terminales a luchar y a tratar de llegar a los 18 años a pesar de tener un pronóstico abrumador.

Para ambas facciones, los belgas enfrentan valientemente las dificultades que surgen en su legislación existente: leyes que son obviamente inadecuadas e incluso crueles en ciertos casos.

A menos que la medicina moderna encuentre la cura para el alzhéimer y muchas otras enfermedades terminales que afectan a los niños, la cuestión es que seguirán con el sufrimiento.

Si no puede aliviarse, entonces la pregunta es: ¿qué debe hacer el Estado? ¿Deberíamos estar obligados a vivir a pesar de la calidad de vida que nos espera? ¿Acaso la legislación debería extenderse para garantizar la dignidad y la libertad de elección para todos?

En Exit International nuestro lema es "todos tienen derecho a una muerte pacífica". De alguna forma, si el emblema fuera: "Todos tienen derecho a una muerte pacífica, a menos que seas niño o adolescente o que tengas demencia, en cuyo caso te deseamos buena suerte" no tiene el mismo atractivo ni lógica.

Habría que aplaudir a los belgas por su ideología y actitud progresista: está claro que la moralidad de sus intenciones no es tan desafiante cuando hay otras opciones.

Como hijo de una madre anciana y abuelo de tres niños, recibo con agrado la clase de sociedad que los belgas proponen. Claro que espero que ninguno de mis seres queridos necesite usar esas leyes, pero de cualquier forma me siento muy aliviado de saber que existen.

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Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Philip Nitschke.

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