OPINIÓN: México debe transitar ya hacia la regulación de la marihuana

El país no se puede quedar cruzado de brazos ante lo que sucede en EU, mientras en México su cosecha y venta es motivo de disputa
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Autor: Fernando Belaunzarán | Otra fuente: 1

Nota del editor: Fernando Belaunzarán Méndez es diputado federal del Distrito Federal por el Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la LVII Legislatura. Es secretario de la Comisión de Gobernación e integrante de las de Radio y Televisión, y Transparencia y Anticorrupción. Síguelo en su cuenta de twitter: @ferbelaunzaran

(CNNMéxico) — La discusión sobre la necesidad de legalizar y/o regular la marihuana no es nueva en México, pero se han dado diversos acontecimientos que la han vuelto apremiante.

La primera y más importante es el trágico fracaso de una estrategia implementada en el sexenio pasado que escaló la llamada "guerra contra las drogas", agudizando en diversas zonas muchos de los problemas que de por sí las políticas prohibicionistas han traído consigo: espiral de violencia, corrupción en los niveles más altos, vacío de poder, descomposición de instituciones infiltradas por el narco, debilitamiento del Estado, violaciones a los derechos humanos y graves daños al tejido social.

Aunado a ello, los cambios que al respecto se están dando en el mundo, especialmente en Estados Unidos —vecino, principal consumidor y tradicional destino de la mayor parte de la marihuana que aquí se produce— obligan a revisar el tema, pues tendrán importantes repercusiones en nuestro país.

Es verdad que el problema de las drogas no se resolverá mágicamente sacando de la ilegalidad el comercio de cannabis —aunque es por mucho la más consumida—, pero el establecimiento de un nuevo paradigma, más efectivo y con menos consecuencias no deseadas, pasa por su regulación. Los primeros pasos suelen ser los que cuestan más trabajo, pero también los de mayor trascendencia.

Si algo ha quedado demostrado es que prohibir no es prevenir y que la existencia de un mercado negro lucrativo, que no es posible desaparecer por la fuerza policiaca e incluso militar, fortalece el poder económico, y por tanto corruptor y destructivo, de las organizaciones del narcotráfico.

México es productor y, aunque no ha dejado de crecer el consumo, fundamentalmente de tránsito hacia los Estados Unidos, donde ya 21 estados y el Distrito de Columbia han regulado la marihuana medicinal y, dos de ellos, Washington y Colorado para cualquier uso o, como se dice, "recreativa". Es un proceso creciente e irreversible.

Las encuestas dadas a conocer, tanto de Gallup como de CNN, hablan de una mayoría de estadounidenses a favor de su legalización, así como de una clara tendencia a aumentar. La pregunta que surge es obvia: ¿Qué caso tiene mantener la actual política de confrontación para tratar de evitar el paso de una sustancia a un país que ya la tiene permitida en entidades que suman más de cien millones de personas?

Tres estados fronterizos con México ya tienen marihuana medicinal: California, Arizona y Nuevo México. Es cuestión de tiempo para que den el mismo paso que Washington y Colorado. Si bien la lógica de las principales organizaciones que promueven la regulación del cannabis en Estados Unidos es empatar el mayor número de referéndums con ese fin a la elección presidencial de 2016, es posible que California lo lleve a cabo este año, junto con Oregon, Maine y Alaska. Pero en cualquier caso, habrá marihuana recreativa en la frontera en poco tiempo y las consecuencias para México serán enormes.

La legalización creciente en Estados Unidos provocará dos fenómenos. Por una parte, la demanda de marihuana mexicana en ese país se irá reduciendo y mucha de la producción se quedará en México, haciéndola más barata y accesible. Por la otra, y de manera complementaria, el tráfico ilegal de esa sustancia irá aumentando en sentido contrario —de Estados Unidos hacia este lado del Río Bravo— debido a la calidad y alta tecnología con la que la están produciendo.

Un dispensario mediano en Colorado, visitado por una comisión de legisladores mexicanos, ofrecía 150 variedades de marihuana y había patentado seis semillas, a pesar de que todavía estaba en el régimen medicinal.

Frente a tal situación, lo único responsable es planear la transición hacia la regulación de la marihuana, de acuerdo a los criterios y la visión del Estado mexicano. En ese sentido, es preciso reconocer que Uruguay hizo lo correcto, pues se anticipó y pudo hacer la suya sin presiones comerciales. Cuando la marihuana recreativa llegue a la frontera con todo el poder económico que está mostrando en Colorado, sin duda que será un factor influyente en las decisiones que se tomen entonces. Por lo mismo, México debiera ver los cambios ocurridos, tanto en Estados Unidos como en Sudamérica, como una oportunidad y no como una calamidad.

Después de todo lo que ha padecido nuestro país por la "guerra contra las drogas", y sin tener ninguna perspectiva de ganarla, considero una actitud masoquista lamentar el debilitamiento del régimen prohibicionista y pretender mantenerlo.   

Es muy probable que el primer paso de esa necesaria transición lo dé el Distrito Federal, pues ahí gobierna la izquierda que hizo posible la interrupción legal del embarazo y el matrimonio igualitario, entre otras políticas de avanzada.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Fernando Belaunzarán.

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