TLCAN: los retos tras 20 años de éxito

Norteamérica tiene potencial para ser la región más competitiva del mundo, dice Luis de la Calle; educación, tecnología, transporte, migración, salud, energía e infraestructura son algunas pruebas.
tlcan  (Foto: Getty)
Luis de la Calle Pardo*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

A veinte años de la aprobación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), vale la pena evaluar medidas para profundizar la integración económica en la región.

El TLCAN fue concebido como un instrumento para incrementar el comercio y la inversión entre Canadá, Estados Unidos y México. Medido en esos términos, el tratado ha sido un éxito rotundo ya que los volúmenes de comercio superan por mucho los esperados entonces.

También ha sido exitoso por el alto nivel de disciplinas (en la cobertura de acceso y eliminación de barreras, en servicios e inversión con listas negativas, en propiedad intelectual, y otras) alcanzado (el TLCAN sigue siendo un referente para las negociaciones internacionales), por tener disciplinas simétricas para todos los miembros a pesar de las diferencias en nivel de desarrollo, por no tener exclusiones en bienes y haber negociado inversión y servicios con principios generales y listas negativas.

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El impacto del Tratado trasciende el ámbito meramente comercial y ha sido mucho más profundo de lo que generalmente se piensa. Desde el punto de vista geopolítico, el TLCAN impulsó el Foro de Cooperación Económica Asia Pacífico (APEC), hizo posible la ronda de Uruguay que estableció la Organización Mundial de Comercio, generó una serie de negociaciones en América Latina, fue antecedente del Acuerdo de Libre Comercio de las Américas y ahora de la Alianza Pacífico, así como el punto de comparación para otros esfuerzos, como el Mercosur.

El tratado en América del Norte volvió atractivo el negociar con México para los países de América Latina, la Unión Europea, Israel y Japón. Quizá el síntoma más representativo del éxito del acuerdo es el número de países que han buscado negociar pactos similares con Estados Unidos en los últimos 20 años: Chile, Colombia, Perú, los países de América Central, República Dominicana, Australia, Singapur, Corea del Sur, Panamá y ahora el resto de los participantes en el acuerdo transpacífico conocido como TPP: Nueva Zelandia, Brunei, Malasia, Vietnam y Japón.

Desde el punto de vista económico, las industrias de manufactura de Canadá, Estados Unidos y México están plenamente integradas. Ninguna de las tres podría funcionar sin las partes e insumos de las otras dos. Más aún, crecientemente las exportaciones hacia el resto del mundo son norteamericanas.

En 2013, por ejemplo, México exportó por primera vez más de 1,000 millones de dólares de automóviles a China. Claramente estos vehículos representan valor agregado de toda la región y son competitivos gracias a la integración de América del Norte.

No es coincidencia que México sea la elección más competitiva para convertirse en plataforma de exportación de bienes finales de América del Norte.

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A 20 años de distancia, el reto ahora es incrementar el nivel de ambición para transitar de un acuerdo que tenía como objetivo potenciar el intercambio entre los tres socios, a un arreglo que permita que América del Norte se convierta en una región exportadora neta a todo el mundo, incluida Asia, en productos de alto valor agregado, y que México sea la plataforma para lograrlo.

Ambiciosa agenda de trabajo

Las negociaciones en curso (TPP y el acuerdo transatlántico [TTIP]) son una oportunidad para avanzar en una agenda común para la competitividad de América del Norte, pero no la única manera de hacerlo. La participación en estas negociaciones es importante ya que muestran la confianza de la región en su propia competitividad al expresar una agenda comercial ofensiva con respecto a Asia y a Europa.

No obstante para México, se puede avanzar en el ámbito bilateral y trilateral para elevar el nivel de ambición en América del Norte, con el objeto de incrementar la competitividad en materia de certidumbre de acceso, productividad laboral, costo de producción y logística en los siguientes ámbitos:

Regulatorio: es estratégicamente importante avanzar en los temas que quizá formen el centro de atención en TTIP, antes de que concluyan las negociaciones entre Estados Unidos y la Unión Europea.

Los temas a tratar pueden incluir el reconocimiento mutuo de normas técnicas, pero sobre todo establecer ventanas dedicadas en agencias regulatorias para países de América del Norte (trato preferencial para Canadá y México en APHIS, FDA y otras; trato preferencial para Canadá y Estados Unidos en Cofepris y Senasica, por ejemplo), con el objeto de eliminar, en la medida de lo posible, la tiranía de las pequeñas diferencias.

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Muchas veces, estas pequeñas diferencias y la carga regulatoria se convierten en la principal barrera al comercio internacional y a la integración.

Educativo: es necesario emprender un ambicioso programa de intercambio de alumnos y programas en la región para aprovechar los mejores activos de la región, el talento y la demografía. América del Norte tiene el mejor sistema de educación superior del mundo y un perfil demográfico mucho más atractivo que el de Europa o Asia. La mejor manera de aprovechar estos activos es promover el intercambio educativo.

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Transporte: sin logística de excelencia es imposible lograr la competitividad de la región. Vale la pena explorar abrir el transporte en todos sus ámbitos, aéreo, terrestre y marítimo y en todos sus modos, a pesar de la fuerte resistencia que existe para incrementar la competencia en transporte. Sin logística de primera, México no podrá convertirse en la principal plataforma de exportación de bienes y servicios de América del Norte.

Procedimientos aduaneros: es necesario poner en marcha el “pre-clearance” ya acordado para Laredo y Otay Mesa – Tijuana. Además debe considerarse establecer aduanas y servicios de migración mexicanos (“pre-clearance”) en un aeropuerto de EU (Houston, por ejemplo) y en uno de México (como Cancún o Los Cabos).

Infraestructura fronteriza: es necesario cambiar el mandato del Banco de Desarrollo de América del Norte para que pueda participar en proyectos de infraestructura de transporte.

Tecnología: establecer en México un gran centro de investigación básica.

Servicios de salud: diseñar e implementar un ambicioso programa para la formación de doctores y enfermeras, para el establecimiento de hospitales certificados y para la promoción del turismo médico en México. El sector salud representa ya el 17% del PIB de Estados Unidos y puede convertirse en un gran sector de desarrollo económico y creación de empleos de alto valor agregado en México.

TTIP: además de la agenda regulatoria, empezar a diseñar un mecanismo para conseguir acumulación de origen entre Canadá, Estados Unidos y México para exportar a la UE.

Energía: en vista de las reformas recientes en México, asegurar mecanismos para mejorar la conexión eléctrica y de gaseoductos entre México y Estados Unidos.

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Cruce fronterizo: desarrollar un ambicioso programa para multiplicar el número de cruces.

Facilitación de comercio: reconocer la facilitación como medio para reducir corrupción y crimen en la frontera.

El TLCAN ha sido un exitoso instrumento para el desarrollo socioeconómico de México. Hoy la integración regional requiere de nuevas medidas. En su próximo encuentro a celebrarse en nuestro país, los líderes de Canadá, Estados Unidos y México deben tener la visión de acordar una agenda con bases para consolidar a Norteamérica en la región más dinámica y competitiva del mundo.

*El autor es economista por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), con maestría y doctorado por la Universidad de Virginia, Estados Unidos. Es director general y socio fundador de la consultora De la Calle, Madrazo, Mancera. Se desempeñó como subsecretario de Negociaciones Comerciales Internacionales de la Secretaría de Economía y participó en el diseño e implementación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

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