OPINIÓN: La política en EU no es tan mala como la pinta 'House of Cards'

Sin duda la mayoría de los políticos son fríos, calculadores y ambiciosos, pero también esto ha servido para alcanzar logros legislativos
house of cards- netflix cortesía
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Julian Zelizer
Autor: Julian Zelizer | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Julian Zelizer es profesor de Historia y Asuntos Públicos en la Universidad de Princeton. Escribió los libros Jimmy Carter y Governing America.

(CNN) — Muchos estadounidenses, entre ellos el presidente de EU, Barack Obama, son aficionados a la serie de Netflix, House of Cards.

El programa, en el que actúan Kevin Spacey y Robin Wright, cuenta la historia del líder de la mayoría de la Asamblea de Representantes, quien por medio de perversas maquinaciones, se convierte en vicepresidente de Estados Unidos. El programa muestra un retrato devastador de la capital estadounidense, un lugar en donde a los principales jugadores solo les interesa el progreso de su carrera.

La política pública y el proceso democrático son meros vehículos para que Spacey satisfaga sus ambiciones profesionales. Está dispuesto a recurrir a cualquier táctica —incluso al homicidio— para lograr sus objetivos.

Sin duda el programa es apasionante. El guión es impresionante y las actuaciones son fenomenales. Es difícil evitar engancharse con uno de los programas de televisión más atractivos de los últimos años.

Sin embargo, la política que House of Cards muestra a los espectadores está demasiado deformada, es una visión tan perversa y cínica que niega las cosas importantes que nuestro proceso democrático y nuestros líderes han creado a través del tiempo.

"Incluso en un entorno recientemente inundado con programas políticos que van de lo cínico a lo francamente nihilista, (la serie) destaca por su compromiso directo con una visión singularmente oscura de la política", escribió un editor del diario estadounidense The New York Times.

Ciertamente los políticos pueden ser extraordinariamente fríos y calculadores, implacables en su búsqueda del poder y algunos dedican casi todo su tiempo a encontrar la forma de ascender por los peldaños de la política.

Sin embargo, la política estadounidense es mucho más que el mundo que presenta House of Cards. Muchos políticos son implacables y calculadores, pero usan esas características para lograr objetivos más elevados y a veces se arriesgan a sacrificar su carrera por sus principios.

Cuando era líder de la mayoría en el Senado, Lyndon Johnson se dio a conocer porque recurrió a su ambición y a su sed de poder para obtener algunos de los logros legislativos más notables, como la Ley para la Autopista Interestatal de 1956 y la Ley de Derechos Civiles de 1957.

Johnson hizo cosas que estremecerían al gobernador actual de Nueva Jersey, Chris Christie, pero los resultados a menudo eran impresionantes. Franklin Roosevelt podía ser implacable con sus adversarios, los aislaba y los castigaba en público, pero durante su presidencia logró el New Deal y ganó una guerra mundial contra el fascismo. (Incluso el personaje de Spacey fue el responsable de una reforma educativa en la temporada uno y de una reforma a las prestaciones sociales en la temporada dos).

El sistema político estadounidense ha creado grandes leyes con esta clase de agentes del poder al mando. Durante la década de 1930, el New Deal ofreció seguridad federal a los trabajadores estadounidenses al dar seguridad a las cuentas bancarias, proveer pensiones para adultos mayores, regular los mercados financieros, legitimar los sindicatos industriales, implementar el salario mínimo y otras cosas que siguen siendo parte integral del paisaje nacional y que fueron el cimiento de la clase media.

A mediados de la década de 1960, Lyndon Johnson y la 89 legislatura usaron al gobierno para resolver muchos de los grandes problemas a los que se enfrentaba el país —como ofrecer seguros de gastos médicos a los adultos mayores a través de Medicare y Medicaid y garantizaron que los afroestadounidenses no tuvieran que vivir en sociedades segregadas gracias a la Ley de Derechos Civiles de 1964.

La política estadounidense está llena de ejemplos de grandes líderes. No todos son tan despreciables como Frank Underwood.

En la Casa Blanca, el primer presidente de Estados Unidos, George Washington, puso el ejemplo al dejar voluntariamente el poder y demostró que Estados Unidos no se volvería una monarquía.

Abraham Lincoln guió al país a través de la brutal Guerra Civil y puso fin a la horripilante institución de la esclavitud. Franklin Roosevelt guió a los estadounidenses a través de la Gran Recesión y una guerra mundial y Dwight Eisenhower se esforzó para calmar las tensiones de la Guerra Fría y encontrar soluciones pacíficas a los retos diplomáticos, como escribió Evan Thomas en un libro reciente.

John F. Kennedy negoció cuidadosamente con los soviéticos durante la Crisis de los Misiles de Cuba en 1962 y evitó una guerra nuclear catastrófica; Ronald Reagan aprovechó la oportunidad para lograr la paz con un acuerdo de armas en 1987, luego de que emergiera Gorbachov, quien quería cambiar el rumbo de la historia mundial.

También ha habido grandes líderes legislativos cuyas ambiciones sirvieron de forma importante al Congreso.

Henry Clay demostró en el siglo XIX la forma en la que un líder legislativo podía crear acuerdos.

Robert Wagner promovió muchas ideas que a final de cuentas desembocaron en el New Deal. Su colega, Emanuel Celler, pasó gran parte del siglo XX luchando desde su curul en la Asamblea de Representantes para defender la causa de los inmigrantes, los trabajadores y los afroestadounidenses.

El senador Arthur Vandenberg, que alguna vez fue aislacionista, cambió de postura y colaboró con Harry Truman para trazar las políticas estadounidenses ante la Guerra Fría, a finales de la década de 1940. En 1964, el senador Everett Dirksen, quien era conservador extremo, convenció a una gran porción de republicanos de votar a favor para poner fin al bloqueo sobre la Ley de Derechos Civiles de 1964. El asambleísta John Conyers llevó al Congreso la energía que desarrolló durante el movimiento por los derechos civiles y defendió la Ley de Derecho al Voto durante las décadas de 1980 y 1990.

Han surgido grandes ideas de Washington, no tanto del sector privado. Durante el siglo XIX, la confianza en la inversión pública y la idea de que el gobierno federal debería ayudar a crear la infraestructura nacional para conectar a las comunidades se arraigó al tiempo que utilizaron recursos públicos para construir caminos y crear un sistema postal.

Entre las décadas de 1940 y 1960, el gobierno federal defendió la tecnología computacional y la exploración espacial en una época en la que ninguna parecía ser redituable para la mayoría de los personajes del sector privado. Varios políticos, como el senador y futuro vicepresidente Hubert Humphrey, fueron esenciales para la promoción de la igualdad racial.

Aunque House of Cards sea un programa grandioso, los espectadores necesitan recordar que la política es mucho más que eso. Nos hemos vuelto tan cínicos en esta época que ya no podemos ver lo bueno en nuestro sistema democrático.

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La historia de Estados Unidos revela que este proceso democrático también puede crear grandes cosas. Washington es más que un juego de poder: es una ciudad donde quienes ostentan el poder pueden hacer cambios importantes y contribuciones a la historia. Y a veces, han hecho justamente eso.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Julian Zelizer.

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