6 claves de la crisis en Ucrania

Aunque su economía es pequeña, la nación tiene gran importancia geopolítica, dice Mohamed El-Erian; el conflicto en Crimea es parte de un forcejeo entre el Este y el Oeste.
crisis ucrania  (Foto: Especial)
Mohamed A. El-Erian*

Ahora que la inestable situación en Ucrania domina la narrativa geopolítica, muchos inversionistas globales se preguntan qué significa para sus carteras. Estas son algunas conclusiones clave:

Considerada aisladamente, Ucrania no tiene una importancia sistémica. Con un PIB relativamente pequeño (de aproximadamente 175,000 millones de dólares), sus vínculos económicos externos son limitados, como su papel en las cadenas de oferta y demanda a nivel mundial. De hecho, aparte de los gasoductos que van de Rusia a Europa, no hay muchas cosas que Ucrania compre, albergue o venda -sean productos físicos, servicios o instrumentos financieros- que no puedan ser fácilmente absorbidas por los sistemas económicos y monetarios internacionales. Además, su moneda tiene poco alcance global, y la emisión de bonos del país es relativamente pequeña, por lo que es muy improbable que se produzcan perturbaciones reales o técnicas en los mercados financieros más allá de los segmentos del mundo emergente.

Ucrania, empero, se encuentra en medio de un impredecible forcejeo entre el Este y el Occidente. Esta, por supuesto, es la cuestión clave; es lo que da a Ucrania un carácter sistémico, y es por eso que los inversionistas hacen bien en buscar información sobre la situación en ese país y cómo puede evolucionar. Si se mantiene el actual curso de acción, las crecientes tensiones geopolíticas entre las principales potencias del mundo acabarían por propagarse a los mercados financieros. Esto ya ocurrió en cierta medida, y el ejemplo más vívido es la fuerte caída de las acciones rusas y algunas huidas generalizadas hacia activos de calidad en mercados mundiales.

Ninguna de las partes, ya sea interna o externa, es lo suficientemente fuerte para imponer su voluntad en esta etapa. Salvo una intervención militar exterior (cuyas consecuencias serían inciertas, y su caos sería considerable e inevitable), es difícil argumentar que cualquiera de las partes está en condiciones de imponerse de manera decisiva en las próximas semanas. Rusia no tiene influencia suficiente en Ucrania para jalar a todo el país de nuevo a su órbita, y no puede hacerlo por la fuerza. Por su parte, la Unión Europea y Estados Unidos no tienen los medios para jalar a toda Ucrania en la dirección opuesta. Y la realidad de estos apoyos externos significa que la sociedad ucraniana parcialmente fragmentada no podrá resolver las tensiones internas en el corto plazo.

En circunstancias favorables, las mentes más serenas prevalecerían e insistirían en un compromiso negociado. Dado que todas las partes se encuentran en un callejón sin salida, y si el problema fuera sólo Ucrania, tanto Rusia como Occidente concluirían rápidamente que conviene a sus intereses individuales y colectivos atemperar la situación y llegar a un compromiso. Una solución negociada sería la hipótesis de base. Ellos también estarían en condiciones de establecer algunos límites para las fuerzas políticas opositoras dentro de Ucrania. Pero hay mucho más en juego.

Ucrania es el último ejemplo de una ruptura geopolítica más profunda que ha salido a relucir en otros lugares, incluida Siria. Esto complica inevitablemente las estrategias nacionales, a la vez que dificulta la cooperación multilateral. También dificulta que todas las partes involucradas opongan resistencia a las más estrechas agendas dictadas por los intereses nacionales, que dan lugar a la narrativa de sanciones, boicots y deficiencias del G8.

Incluso bajo un conjunto de supuestos más optimistas (pero realistas), las tensiones sobre Ucrania no se resolverán en una o dos rondas. Si (insisto en ese “si”) las tensiones inmediatas disminuyeran, aun así cabría esperar que las difíciles problemáticas ucranianas resurjan una y otra vez en los próximos meses. Además de lo que todos observamos públicamente, los canales externos no oficiales que rivalizan entre sí podrían alimentar las divisiones dentro de una sociedad ucraniana que, hasta ahora, no ha sido capaz de volver a su pasado ni de forjar un nuevo rumbo decisivo.

En resumen, los inversionistas globales tienen razón en formular innumerables preguntas acerca de Ucrania. Y lo más importante, la gran mayoría debe plantearlas en un contexto amplio y, por ende, afrontar de inmediato la pregunta más básica - y la más polémica - de todas: ¿Es Ucrania simplemente el ejemplo más reciente de un fenómeno general más inquietante de una coordinación política mundial menos efectiva, y las tensiones que vienen inherentes a eso?

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Me preocupa que la respuesta a esta pregunta sea sí. Si coincides conmigo, entonces el riesgo geopolítico global acaso no se refleja aun adecuadamente en algunos mercados de riesgo.

Mohamed A. El-Erian es el CEO saliente de PIMCO.

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