OPINIÓN: Los problemas de Turquía van más allá de Twitter

Turquía ha dejado de ser inspiración para otros países y pone en evidencia su falta de madurez política
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Fadi Hakura, especial para CNN
Autor: Fadi Hakura, especial para CNN | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Fadi Hakura es socio y gerente del Proyecto Turquía del grupo de estudios londinense Chatham House. Ha escrito y dado varias conferencias sobre la política interna, económica y exterior de Turquía.

(CNN) — Las críticas internacionales cayeron rápida y firmemente sobre el primer ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, por haber bloqueado el acceso a Twitter, la red social. La vicepresidenta de la Comisión Europea, Neelie Kroes, dijo que la prohibición era "infundada, inútil y cobarde" y el Departamento de Estado de Estados Unidos la comparó con "una quema de libros en el siglo XXI".

Sin embargo, a Erdogan le preocupa menos lo que "dice la comunidad internacional" y en vísperas de las elecciones municipales del próximo domingo, está más decidido a restringir las aparentemente interminables filtraciones de grabaciones de audio que se publicaron en Twitter y YouTube, en las que supuestamente se documenta la corrupción en las altas esferas del gobierno turco.

Twitter gana popularidad en Turquía por ser un foro para el debate y la información irrestrictos a costa de las fuentes tradicionales de noticias. Asumió un rol esencial en la movilización de la oposición a Erdogan durante las protestas del parque Gezi del año pasado. No sorprende que la libertad de los medios en Turquía cayera del 98 al 125 sitio a nivel mundial desde 2006, según Reporteros sin Fronteras.

A pesar de la publicidad que rodea a la prohibición a Twitter, hay que tener cuidado de no exagerar los efectos a corto plazo de esta maniobra política. La compañía de investigaciones Emarketer estima que apenas el 15% de los ciudadanos turcos usan Twitter. Esta estadística indica que el uso de Twitter se limita a un segmento reducido de turcos hábiles con la tecnología y conectados mundialmente, lo que explica en parte que tuvieran los conocimientos técnicos necesarios para superar la prohibición e incrementar el uso de Twitter en un 33%, como lo reveló la agencia de calificación de medios sociales, Somera.

En general, la gran mayoría de los simpatizantes de Erdogan —los turcos religiosos y conservadores— probablemente no sean ávidos aficionados a Twitter. Su principal preocupación no es la libertad en los medios o la corrupción generalizada, sino los asuntos económicos esenciales. Ali Carkoglu, politólogo de la Universidad Koc en Estambul, señala que las percepciones populares sobre la situación económica no se han deteriorado considerablemente, lo que implica que aunque Erdogan puede perder algunos votos, es probable que conserve en gran medida a su base de apoyo en las próximas elecciones en Turquía.

Lo que la prohibición a Twitter indica es que la psicología de la dirigencia turca es incapaz de abordar eficazmente los miles de graves retos políticos, económicos y externos a los que el país se enfrenta. No parece que pretenda implementar reformas estructurales y liberadoras para evitar que se implemente la "trampa del ingreso medio", en otras palabras, un régimen de crecimiento lento. Como afirmé en un reporte reciente de Chatham House: si no hay reformas, las tasas de crecimiento en Turquía iguales o menores al 3% se volverán la regla y no la excepción.

Turquía es adicta al flujo continuo de capitales mundiales caprichosos y a la deuda externa para financiar el consumo privado. Su economía adolece de déficits constantemente altos en las cuentas corrientes, lo que significa que sus importaciones superan por mucho las exportaciones y no se pueden pagar con los bajos índices de ahorro interno.

Imprudentemente, Turquía se ha concentrado en la construcción de proyectos monumentales —como el tercer aeropuerto en Estambul— y su uso caprichoso de la ley para suprimir Twitter en vez de en la competitividad y la innovación, lo que muy probablemente socave aún más los futuros planes de negocios y lo más grave: la confianza de los inversionistas extranjeros.

La fama de Turquía, que iba al alza durante la primera década de este siglo, ha sido víctima de un formidable ataque en Medio Oriente y el norte de África. Pocas personas en la región miran a Turquía como fuente de inspiración para las políticas liberales y los mercados abiertos. Túnez ya suplantó a Turquía en la consolidación de la democracia a pesar de las seis décadas de experiencia electoral del segundo.

Turquía es el máximo ejemplo de que un gobierno lineal basado en la personalidad y las instituciones frágiles no son la receta para la madurez política ni para el éxito económico duradero.

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Este país —con una ubicación estratégica y 76 millones de habitantes— demuestra el principio ancestral de que "el poder absoluto corrompe absolutamente" y refuerza lo que Winston Churchill dijo: "La democracia es la peor forma de gobierno, salvo por todas las otras formas que se han probado de vez en cuando".

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Fadi Hakura

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