EU fracasa en responder a Millennials

Para los recién graduados, trabajar duro y una buena educación es insuficiente, dice Thomas Kochan; una solución sería que colegios y empresas diseñen cursos adecuados para el mercado laboral.
millennial  (Foto: Getty)
Thomas A. Kochan*

Todos hemos escuchado el mensaje de nuestros padres: si trabajas duro, recibes una buena educación, y sigues las reglas del juego, te va a ir bien en la vida. Los baby boomers como yo fuimos capaces de convertir esa fórmula en el sueño americano.

Pero aunque nosotros fuimos capaces de graduarnos de la escuela preparatoria, de los programas escolares de formación profesional o de la universidad en una economía en crecimiento y eso nos proporcionó grandes oportunidades, no podemos hacer la misma promesa a nuestros hijos y nietos hoy en día.

En lugar de esperanza, Estados Unidos enfrenta una creciente división económica; según Gallup y otras encuestas, una mayoría de estadounidenses están de acuerdo que el país ha estado yendo en la dirección incorrecta por lo menos durante una década, y prevén que la próxima generación tenga un estándar de vida más bajo que el nuestro.

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¿Es inevitable este sombrío panorama? ¿Acaso la economía global, la tecnología en constante avance, y otras fuerzas nos han dejado sin ningún control sobre el destino de las generaciones futuras? Solo si optamos por no hacer nada. Revertir el curso es posible, pero requerirá de esfuerzos intergeneracionales por parte de los baby boomers y de los líderes de la próxima generación para negociar lo que yo llamo un "Nuevo Contrato Social" que se adapte y funcione con las características de la economía del futuro y la fuerza laboral.

En colaboraciones futuras, describiré las piezas de esa estrategia integral, la cual exige grandes revisiones a las instituciones de negocios, trabajo, Gobierno y educativas, así como las relaciones entre ellas. Pero antes de que podamos llegar a las soluciones posibles, tenemos que entender más claramente los problemas que enfrentan los jóvenes -especialmente de la generación del milenio de entre 18 y 33 años de edad- al incorporarse al mercado laboral en la actualidad.

La esencia del problema es que los jóvenes se enfrentan a una grave escasez de buenos empleos. Se han necesitado casi cinco años después del supuesto final de la Gran Recesión de 2007-2009 para recuperar finalmente el número de empleos perdidos. Pero eso no toma en cuenta el crecimiento de la población activa desde entonces.

Para volver a los mismos niveles de empleo que antes de la recesión, se necesitarían crear entre 13.5 y 15 millones de nuevos empleos para finales de esta década. Eso es un mínimo de 200,000 empleos por mes, lo cual es 50,000 empleos más al mes que el promedio desde 2009.

¿Cómo afecta esto a los jóvenes que ingresan al mercado laboral? Casi el 40% de los graduados universitarios recientes son “subempleados”, es decir, que trabajan en el comercio minorista, en restaurantes o en otros trabajos de servicio de bajos salarios que no requieren de un título universitario, no ponen sus habilidades a trabajar, ni proporcionan oportunidades para un mayor aprendizaje y desarrollo, según el Centro para el Análisis del Mercado Laboral de la Northeastern University. Estos empleos pagan salarios que apenas alcanzan para cubrir sus pagos de deuda de la universidad, y no para iniciar una carrera o una familia. Y la evidencia es clara: comenzar de esta manera resulta en un daño significativo o incluso permanente a sus ingresos y carreras.

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Esta realidad actual choca con nuestro propio pasado reciente. Durante tres décadas posteriores a la segunda Guerra Mundial, los salarios aumentaron a la par con los aumentos en la productividad; esa era la esencia del antiguo 'Contrato Social'. Pero en los 30 años transcurridos desde 1980, los ingresos básicamente se han estancado: mientras que la productividad de los trabajadores estadounidenses creció en un sano 80%, el ingreso familiar creció solo alrededor del 10%, y los salarios promedio por hora escalaron alrededor de 6%.

La primera década de este siglo -a veces llamada “la década perdida”- ha sido incluso peor. Los salarios reales (salarios ajustados por aumentos en el costo de vida) o bien declinaron, o no aumentaron para los graduados de la preparatoria o universidad. Solo aquellos en la cima de la escala ocupacional, con títulos avanzados, experimentaron un modesto crecimiento en sus salarios. El movimiento "Occupy" tenía razón en los hechos: la mayor parte del crecimiento de ingresos fue a parar al 1% o menos de la población. Estados Unidos está sufriendo el mayor nivel de desigualdad en ingresos que en cualquier otro momento desde la década de 1920.

¿Se puede cambiar el negro panorama?

¿Puede cambiarse está precupante tendencia a la baja? Yo creo que sí, si empezamos a trabajar ahora en construir una estrategia de consenso para el futuro.

La educación sigue siendo el punto de partida; una solución necesaria pero lejos de ser suficiente hoy en día. La buena noticia es que parece que hay un consenso cada vez mayor y un considerable impulso en el país para ampliar el acceso a la educación en la primera infancia y para reformar las escuelas primarias y secundarias. Para que los trabajadores jóvenes de hoy en día compitan en un escenario mundial, toda la retórica acerca del “aprendizaje permanente” tendrá que convertirse en una realidad.

Tenemos las herramientas para hacer esto ahora. Cada universidad y colegio comunitario estadounidense está experimentando con cursos en línea o a distancia. Y muchos empleadores se quejan de que los nuevos empleados reclutados no tienen la combinación adecuada de habilidades.

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La solución obvia es que las universidades, los colegios comunitarios, y los líderes de la industria se reúnan, diseñen los cursos y las experiencias dentro del empleo que los trabajadores jóvenes necesitan para ser productivos, aprender, crecer y tener acceso a empleos mejores y mejor pagados.

Pero la educación por sí sola no resolverá la lenta creación de empleo ni el estancamiento de los salarios.

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En un futuro plantearé otras ideas y propuestas, tales como: abandonar la fijación por el valor para el accionista a corto plazo como el único propósito de la empresa, la necesidad de inventar nuevos organismos laborales “de nueva generación”, y las formas de actualizar las políticas de empleo para ponernos al día con la cambiante economía y la fuerza laboral. Algunas serán controversiales, y yo los invito a dejar sus comentarios, ideas y participación a medida que avanzamos. Juntos, podríamos encontrar un terreno común sobre un Contrato Social que funcione para la próxima generación de manera tan efectiva como el antiguo funcionó la mía.

*Thomas A. Kochan es profesor de relaciones laborales, trabajo y empleo en la Sloan School of Management del Massachusetts Institute of Technology (MIT). Es autor del libro Restoring the American Dream: A Working Families' Agenda for America.

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