OPINIÓN: 25 de mayo, el referéndum del proyecto europeo

Los procesos electorales en la Unión Europea se organizan con esfuerzos por superar la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial
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Autor: Rina Mussali | Otra fuente: 1

Nota del editor: Rina Mussali es analista, internacionalista y conductora de Vértice Internacional y de la serie 2014: Elecciones en el Mundo, en el Canal del Congreso. Síguela en su cuenta de twitter: @RinaMussali

(CNNMéxico)— La Unión Europea (UE) celebrará elecciones al Parlamento Europeo del 22 al 25 de mayo. Será la octava elección que se llevará a cabo desde 1979, según las costumbres y tradiciones de los 28 países miembros para elegir a 751 eurodiputados, el nuevo reparto de escaños, tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa (2009) y el reciente ingreso de Croacia.

Paradójicamente, el rally electoral se organiza bajo la presidencia semestral de Grecia del Consejo Europeo, el primer país que selló la vulnerabilidad de la gobernanza del euro.

Estas elecciones que atañen a 500 millones de europeos y se organizan en medio de los enormes esfuerzos por superar la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial, representan la "prueba del ácido" del proyecto europeo. La cita que pone nervioso al establishment de Bruselas al haber profundizado los desequilibrios entre la Europa del Norte y la Europa del Sur -léase la Europa acreedora y la Europa deudora- cuyas múltiples diferencias se han palpado en las batallas presupuestales y en los forcejeos comandados por la élite política que privilegia la cultura de austeridad en detrimento del crecimiento económico.

¿Qué esperar de estas elecciones al Parlamento Europeo? Quizás los resultados electorales de Alemania en septiembre del 2013 nos den una pista de lo que pueda suceder ahora. Los sondeos advierten sobre un empate técnico entre los dos grandes partidos políticos europeos cargando la balanza a favor del Partido Popular Europeo (PPE), actualmente la fuerza política más importante de la Eurocámara frente a la Alianza Progresista de los Socialistas y Democrátas (S&D), el grupo parlamentario liderado por el alemán Martin Schulz.

Por otro lado, se espera el marchitamiento de los verdes en el Parlamento Europeo al igual que una presencia decreciente de los liberales, quienes podrán perder votos como producto de la debacle electoral de los liberales británicos y el Partido Liberal Democrático alemán (FDP), el partido que en alianza con la CDU-CSU no pudo superar -ni siquiera la barrera del 5% para conseguir representación parlamentaria-. Asimismo, la izquierda radical europea promete conquistar nuevos escaños, la arremetida de los partidos euroescépticos que tienen como soporte las elecciones municipales en Francia del 30 de marzo y con ello el empoderamiento de Marine Le Pen del Frente Francés.

Dentro de las tendencias que se dibujan en esta cita electoral figura la acometida euroescéptica que ha puesto en cuestión la credibilidad del proyecto comunitario y su capacidad de seguir siendo una fuente de prosperidad, pero ¿qué tan fuerte será la alianza de partidos anti-sistema, anti-euro, anti-austeridad y anti-Bruselas? ¿se podrán convertir en un verdadero actor de influencia política en la Eurocámara capaz de interrumpir el trabajo euroentusiasta?

La burbuja de Bruselas espera que esto no suceda y le apuesta al fraccionamiento de los partidos que han encontrado una voz renovada con Marine Le Pen de Francia, GeertWilders de los Países Bajos, Beppe Grillo de Italia, Alexis Tsipras de Grecia, así como el auge del Partido de la Independencia del Reino Unido (UKIP), liderado por Nigel Farage.

No obstante, el mercado de la eurofobia que se enfrenta con una estela de partidos políticos y grupos parlamentarios con intereses, afinidades e ideologías distintas todavía es una fuerza incapaz de descobijar el ADN pro-europeo, pues las grandes familias europeas le siguen apostando al proyecto supranacional comunitario a pesar de su gran descalabro económico.

La otra gran preocupación del establishment bruselense que se destaza con estos comicios está relacionado con el abstencionismo que ha carcomido a la Unión en cada cita electoral. Ante este hecho ¿la población tiene conocimiento de que el 70% de las leyes que rigen la vida de los ciudadanos europeos provienen de la Eurocámara y no de las leyes propias de cada país? Justamente son los ciudadanos europeos que desdeñan su interés por estas elecciones y quienes no saben lo que realmente está en juego en Bruselas.

La renovación de los principales cargos europeos

El relevo de la élite política en Bruselas llegará pronto como producto de la celebración de las elecciones en la Eurocámara. El adiós de José Manuel Barroso, Herman Van Rompuy, Martin Schulz y Catherine Ashton abren las carteras de la Presidencia de la Comisión Europea, la Presidencia del Consejo Europeo, la Presidencia del Parlamento Europeo y la Alta Representante de la UE en materia de Política Exterior y Política de Seguridad.

Por primera vez en la historia europea habrá una nueva forma de elegir al Presidente de la Comisión Europea, una normativa que impone el Tratado de Lisboa y que tendrá que estar ligada al resultado electoral del 25 de mayo. En la corrida de nombres que no garantizan necesariamente los puestos hasta contar con la bendición del Consejo Europeo y con la aprobación de 376 eurodiputados figuran el luxemburgués Jean Claude Juncker, quien representa a la fuerza conservadora europea y que encuentra como mayor rival a Martin Schulz, el actual presidente del Parlamento Europeo, quien lidera la Alianza Progresista de Socialistas y Demócratas (S&D).

Por otra parte, los liberales y demócratas compiten con el exprimer ministro de Bélgica, Guy Verhofstadt, quien también se destaza ante figuras como José Bove y Ska Keller de los verdes y Alexis Tsipras, el euroescéptico griego de la Europa izquierdista.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Rina Mussali.

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