OPINIÓN: El aire limpio salvará al mundo

Los combustibles fósiles son cosa del pasado y es necesario adoptar energías limpias para revertir los efectos de la contaminación
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Michael Brune
Autor: Michael Brune | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Michael Brune es director ejecutivo del Sierra Club.

(CNN)— La Agencia de Protección al Ambiente de Estados Unidos (EPA, por sus siglas en inglés) anunció una nueva normatividad para proteger al país de los efectos de la contaminación por carbono, lo que tomaré con una gran dosis de esperanza.

No lo digo solo por ser director ejecutivo de una organización ambiental nacional, sino porque al igual que muchos estadounidenses —al igual que mucha gente de todo el mundo— ya fui testigo de los efectos de la perturbación del clima.

Un mes después de que la supertormenta Sandy azotara la costa este de Estados Unidos, regresé a Chadwick Beach, Nueva Jersey. Fue difícil reconocer el tranquilo pueblo en el que crecí y en donde mi familia vive aún. Las mareas inundaron las plantas bajas de casi todas las casas y los patios estaban llenos de sofás, sillas, juguetes y electrodomésticos que quedaron arruinados con la tormenta.

La EPA propuso por primera vez límites a la contaminación por carbono que proviene de las plantas generadoras de electricidad, lo que representa no solo un enorme paso rumbo al control de la perturbación climática que desencadena esta clase de clima mutante, sino que también es un hito importante en el camino para proveer al país de energía que limpiará nuestro aire y nuestra agua y ofrecerá seguridad y salud a nuestras familias.

Todos saben por qué se necesitaban con urgencia estos estándares. La Evaluación Nacional del Clima que se publicó en mayo detalló solemnemente los problemas que la crisis del clima ya está desencadenando. Aún podemos moderar la gravedad de esos problemas, pero solo si incrementamos drásticamente el ritmo de reducción de la contaminación por carbono en las próximas dos décadas. Enfocarnos en las centrales eléctricas, que son la mayor fuente de contaminación por carbono en Estados Unidos, es un paso lógico y esencial que podemos dar ahora mismo.

Es urgente que evitemos los problemas más graves para nuestro clima y lo que hemos visto hasta el momento lo pone de relieve. Los efectos de la contaminación por carbono ya no son algo abstracto.

Las oleadas de calor, las sequías y los incendios sin precedentes y las tormentas destructivas se han vuelto la norma y los climatólogos y las aseguradoras que estudian meticulosamente estos patrones no son los únicos en notarlo. Se está lastimando a gente de verdad y se sienten las graves consecuencias económicas, ya sea que se hable de la forma en la que la sequía amenaza a los agricultores de California y Iowa o de la forma en la que las supertormentas como Sandy devastaron comunidades enteras (incluido mi pueblo natal en Nueva Jersey). La desafortunada realidad es que si aún no has vivido un evento de clima extremo, es probable que lo vivas pronto.

La mayoría de los estadounidenses no está consciente de que las centrales termoeléctricas que funcionan con carbón y gas emiten un porcentaje muy alto de la contaminación por carbono en Estados Unidos ni de que actualmente no hay límite alguno a la cantidad de carbono que pueden emitir a la atmósfera.

Gracias a la Ley para el Aire Limpio, actualmente limitamos la cantidad de mercurio, arsénico, hollín y otros contaminantes atmosféricos que pueden emitir las centrales eléctricas; sin embargo, cuando se trata de la contaminación por carbono, se exime a las centrales eléctricas.

El sentido común exige que colmemos esa laguna lo más pronto posible; por eso, en una encuesta que se hizo en febrero de 2014 se descubrió que siete de cada 10 estadounidenses están a favor de imponer límites a la contaminación por carbono que emiten las centrales eléctricas.

La EPA está actuando para controlar esta contaminación porque la Ley para el Aire Limpio (que el Congreso estadounidense aprobó) exige que se haga así (tal como lo ratificó la Suprema Corte estadounidense). Pero el que la ley exija que algo se haga (ya no digamos que es un mandato moral) no es suficiente para garantizar que ocurra realmente. El presidente Obama merece reconocimiento por incluir estos límites a la contaminación en su Plan de Acción Climática y guiar la acción de su administración.

Como dijo Obama, nuestra responsabilidad no termina en limpiar la contaminación por carbono. También tenemos que garantizar que la transición a tecnologías más limpias en las plantas eléctricas más contaminantes no afecte a las familias proletarias ni a las comunidades cuyos empleos dependen de ellas.

Afortunadamente sabemos que las mismas tecnologías de energía limpia que producen menos contaminación por carbono pueden crear una nueva generación de empleos en el sector de la energía limpia. La inversión en la energía eólica y solar, por ejemplo, crea tres veces más empleos que la inversión en combustibles fósiles.

También sabemos que el control de la contaminación atmosférica se paga solo ya que se reducen las incapacidades por enfermedad, se reducen los daños, los desastres de salud y las estancias en hospitales. Desde 1970, cada dólar que se ha invertido de acuerdo con las disposiciones de la Ley para el Aire Limpio ha arrojado beneficios económicos por entre cuatro y ocho dólares.

Algún día cercano, los actuarios no dudarán en traducir a dólares el beneficio económico que surge de dejar atrás los combustibles fósiles y dirigirse a un futuro impulsado por energías totalmente limpias, renovables y libres de carbono. Mientras tanto, sabemos que la contaminación por carbono es responsable de más de 12,000 visitas al año a las salas de emergencias. La técnica de fractura hidráulica para la extracción de gas natural (fracking) daña la tierra, contamina el agua y el aire y pone en riesgo la salud de las comunidades circundantes.

Afortunadamente, las energías renovables están a la altura del desafío de sustituir esos combustibles sucios. En tan solo tres años, los paneles solares se han abaratado en un 60% y el precio de la energía eólica ha bajado más de un 40%. En vez de ser cara, la energía limpia ya es mejor que el carbón y al gas natural en cuanto a costo en muchas partes del país.

No cabe duda de que controlar la contaminación por carbono es una obligación que tenemos con todas las generaciones que se verán obligadas a vivir con las consecuencias de las decisiones que tomemos hoy.

Además de eso, es una oportunidad asombrosa de prosperar en este momento. Los inversionistas visionarios ya reconocen lo evidente: que el carbón, el petróleo y el gas son combustibles del siglo XIX y su época ya pasó e invierten su dinero en energías renovables que impulsarán cada vez más al siglo XXI.

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Al crear estos estándares sin precedentes para eliminar la contaminación por carbono y responsabilizar a quienes contaminan por los daños que provocan, la Agencia de Protección al Ambiente lleva a Estados Unidos hacia el futuro más limpio, sano y próspero que los trabajadores de hoy necesitan y que nuestros niños merecen.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a  Michael Brune

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