OPINIÓN: ¿Por qué la popularidad de Obama baja en las encuestas?

Las encuestas sobre la popularidad de los presidentes evidencian el frenesí mediático y la percepción histórica del público
Barack Obama, USA, EU
Barack Obama, USA, EU  Barack Obama, USA, EU
Autor: Donna Brazile | Otra fuente: 1

Nota del editor: Donna Brazile es colaboradora de CNN y estratega demócrata; es vicepresidenta de registro y participación electoral del Comité Democrático Nacional de Estados Unidos. Es columnista, profesora adjunta en la Universidad de Georgetown y autora del libro Cooking With Grease: Stirring the Pots in America. Dirigió la campaña presidencial de la fórmula Gore-Lieberman en 2000.

(CNN) — Mark Twain dijo: "Hay mentiras, mentiras malditas y estadísticas". Solo Dios sabe qué habría dicho acerca de las encuestas.

En la política moderna, las encuestas a menudo sirven como el canario en la mina: como una señal temprana de advertencia sobre el peligro o las tendencias. Sin embargo, las encuestas pueden usarse para desviar la atención de algo importante.

La más reciente encuesta de la Universidad de Quinnipac fue una distracción para los miembros de la extrema derecha estadounidense. Señala que "una pluralidad de electores (33%) piensa que Barack Obama ha sido el peor presidente de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundial". Los republicanos se están regodeando, aunque tal vez deberían cuidarse de hacerlo, ya que George W. Bush quedó en segundo lugar con el 28% y Richard Nixon en tercero con el 13%.

Esas cifras nos dicen algo acerca del valor de las encuestas de popularidad, del frenesí mediático y de nuestra percepción de la historia.

Las encuestas pueden ser útiles para tomar el pulso del país o para pronosticar tendencias y elecciones. Pero, como Twain afirmaba, el contexto lo es todo y es importante la forma en la que se analizan las cifras.

Steve Benen, del sitio web TheMaddowBlog, hizo precisamente eso y las cifras cuentan una historia distinta a lo que se pregona en los titulares. Su gráfico muestra que lo mejor o lo peor está en los ojos de quien lo ve… o del partido.

Cuando se trata del mejor presidente, los demócratas dividen sus votos entre Bill Clinton, John F. Kennedy y Obama; todos alcanzan cifras de dos dígitos. Dos terceras partes de los republicanos dijeron que Ronald Reagan había sido el mejor e ignoraron en gran medida a todos los demás.

Lo mismo ocurrió, a la inversa, con el peor: los demócratas dividieron su voto entre Bush y Nixon; los republicanos "odian realmente a Obama".

Así que no hay sorpresas: el país está profundamente dividido en términos partidistas; los demócratas distribuyen su voto y los republicanos concentran su amor o su desdén.

Si cavamos un poco más —como lo hizo David Weigel, del sitio Slate— la encuesta arroja resultados menos triunfales o menos alarmantes, dependiendo de tu filiación partidista. "Si observamos las tablas de contingencias, el porcentaje que dice que Obama 'es honesto y confiable' se estabilizó y aumentó desde 2013; el porcentaje de personas que lo consideran un líder fuerte también está estable".

Entonces, si la encuesta de Quinnipac realmente no nos dice nada nuevo, ¿a qué viene tanto alboroto?

Se debe en parte a que los medios se han vuelto como los cronistas deportivos: aunque no esté ocurriendo nada, tienen que hacer que parezca que algo importante ocurre… así que no cambies de canal o te perderás algo vital.

La atención supera al análisis.

Estados Unidos está sumergido en encuestas. Necesitamos una palabra que describa el estar sepultados en encuestas.

Se vigila a Estados Unidos como si fuera un sujeto de pruebas de uno de esos estudios sobre el sueño. ¿Qué implica para Obama que tengamos periodos prolongados de sueño MOR?

De hecho, si se vigilara a este país como se hace en uno de esos estudios sobre el cerebro, sería perturbador descubrir que muchas regiones muestren actividad cerebral escasa o nula.

Si quieren hablar de encuestas, échenle un vistazo a los datos recientes sobre los republicanos del Congreso. Vaya, es malo. Al menos el 85% de los participantes reprueban la labor que el Congreso ha llevado a cabo y el 70% lo reprueba firmemente. Esa gente no solo quiere deshacerse de los haraganes, sino que quieren cambiar las cerraduras del Capitolio.

Finalmente, ¿qué pasa con nuestra percepción de la historia? Tal vez podamos aprender algo de lo que Obama dijo a George Stephanopoulos, del programa This Week de la televisora ABC: "Lo que he aprendido es que no puedo operar con base en un ciclo noticioso diario o un ciclo noticioso semanal. Una de las cosas de las que también te das cuenta a lo largo de cinco años es que si los problemas fueran fáciles, alguien más los habría resuelto".

La mayoría de los grandes desafíos requieren soluciones a largo plazo. A veces sabemos de inmediato que una política no funciona. A menudo lo ignoramos. La Historia necesita tiempo para marinarse.

Existe una diferencia entre la opinión pública y el juicio del público. Nadie recuerda que el pueblo estadounidense respondió día a día, semana a semana o mes a mes a las decisiones que los presidentes Franklin D. Roosevelt, Harry Truman y Dwight Eisenhower tomaron durante las décadas más peligrosas de la historia estadounidense y mundial.

Sin embargo, ahora sabemos que hicieron lo correcto y los respetamos por eso.

Creo que dentro de cinco, 10, 50 años, respetaremos al presidente Barack Obama por haber puesto fin a dos guerras, por detener la hemorragia económica y sí, por reducir la cantidad de personas que no tienen seguro.

Las encuestas no tendrán importancia.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Donna Brazile

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