OPINIÓN: Por qué los aficionados brasileños aplaudieron al equipo alemán

A pesar de la aplastante derrota que sufrió su selección ante Alemania, los brasileños honraron de pie a su adversario al terminar el juego
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Autor: Amy Bass | Otra fuente: 1

Nota del editor: Amy Bass es profesora de Historia en la Universidad de New Rochelle, ha escrito muchos libros sobre la historia cultural de los deportes, tales como Not the Triumph but the Struggle: The 1968 Olympics and the Making of the Black Athlete. Ha participado en ocho olimpiadas como supervisora de la Sala de Investigaciones Olímpicas de la cadena estadounidense NBC y ganó un Emmy en 2012. Síguela en Twitter: @bassab1.

(CNN) — Fue una paliza, una masacre, una derrota total, una debacle. El deporte cuenta con gran cantidad de palabras para describir lo que ocurrió en la semifinal entre Alemania y Brasil el martes, pero ninguna de ellas puede capturar lo que realmente ocurrió, al menos no todavía.

Una de las razones que los estadounidenses dan con más frecuencia para explicar por qué no adoptan el deporte más popular del mundo es la acción de pocos goles que generalmente trae consigo el llamado "deporte más hermoso del mundo". ¿Perdón? En la primera mitad de esta semifinal, Alemania anotó cinco goles en 18 minutos, goles que llegaron tan rápido y con tal furia que apenas podías llevar la cuenta: minuto 11, minuto 23, minuto 24, minuto 26, minuto 29.

El marcador final de 7-1 —que catapultó a Alemania a la final y a Brasil al partido por el tercer lugar— es histórico por sí solo. No se habían anotado cinco goles en la primera mitad de un partido del Mundial. Nunca antes se habían anotado cuatro goles en un lapso de seis minutos.

El que eso ocurriera en Brasil no es un asunto menor. A pesar de la indignación por el gasto que el país hizo en la construcción de las catedrales del futbol, la mayoría de los brasileños no solo estaban listos para celebrar la victoria: la esperaban. Su selección no había perdido un partido oficial en su país desde 1975, por lo que el sueño de ganar el sexto título en el Mundial parecía no solo alcanzable, sino algo seguro.

Sin duda se pueden dar excusas. Brasil jugó sin su capitán y defensa central, Thiago Silva, quien quedó suspendido luego del partido contra Colombia por acumulación de tarjetas amarillas. Sin él, la defensa brasileña lució impotente y confundida ante jugadores como Thomas Mueller y compañía. También faltó la estrella de Brasil, el delantero Neymar, quien recibió en la espalda un rodillazo del colombiano Juan Zúñiga que le rompió una vértebra.

Pero no es probable que un Neymar sano hubiera creado un equilibrio ante una ofensiva como esa. Alemania demostró una perfección implacable y aprovechó cada oportunidad que Brasil le dio mientras creaba sus propias oportunidades.

A algunas personas les preocupa que el desencanto que se demostró antes de que el torneo iniciara —la furia de las protestas en todo el país contra los miles de millones de dólares que Brasil gastó en el torneo, marcada con los letreros que decían "FIFA, vete a casa"— se reencienda con fuerza ahora que la selección nacional solo puede aspirar cuando más al tercer lugar. De hecho, a unos segundos del final, en Twitter se asumió que las imágenes mostraban a los brasileños iracundos tras el juego cuando en realidad la gente estaba publicando fotos antiguas de las protestas que se habían llevado a cabo a principios de año.

Conforme se empiecen a repartir las culpas inevitablemente entre el técnico, Luiz Felipe Scolari, y sus jugadores, esperemos que prevalezca la cordura y se tomen en cuenta las sabias palabras que Scolari pronunció en la conferencia de prensa posterior al partido: "la vida sigue" y no que reine la pasión criminal por el futbol que al parecer provocó la muerte del colombiano Andrés Escobar, quien anotó el autogol que llevó a la derrota de su equipo ante Estados Unidos en el Mundial de 1994.

Hay indicios esperanzadores de que el amor por el deporte en Brasil —un país apasionado del futbol que representa auténticamente lo que significa vivir y respirar un deporte— trascenderá a la devastación del histórico marcador de 7-1. En la conclusión del partido de la semifinal, los brasileños lloraban y se pusieron de pie para honrar al equipo alemán que acababa de llevarlos al momento más humillante desde su derrota ante Uruguay en 1950, a la que muchos consideran uno de los resultados más desconcertantes de la historia del Mundial.

Sin duda, este partido en casa supera a aquél. Sin embargo, el respeto que la afición brasileña mostró a Alemania en el estadio de Belo Horizonte demuestra que a veces es más importante el amor al juego que ganar el juego.

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Porque se trata, de hecho, del deporte más hermoso del mundo.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Amy Bass

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