OPINIÓN: Lactancia materna, más que vínculo emocional, un derecho humano

Alimentar a tu bebé es un derecho que enfrenta retos como la falta de información y lograr el apoyo del Estado para las madres
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Autor: Claudia Paola Debler Berentsen | Otra fuente: 1

Nota del editor: Investigadora del Área de Políticas Públicas del Centro de Estudios Espinosa Yglesias, abogada, especialista en temas de derechos humanos y cooperación internacional. Síguelo en su cuenta de twitter: @Caludia333

(CNNMéxico)– Hoy, con más fuerza, escuchamos las voces de individuos y grupos organizados de la sociedad civil que abogan por una soberanía alimentaria.

La Declaración de Nyéléni, Mali (2007) –resultado de un encuentro al que asistieron más de 500 representantes de más de 80 países-, estipula que se trata del derecho de los pueblos a alimentos nutritivos y culturalmente adecuados, accesibles, producidos de forma sostenible y ecológica; y su derecho a decidir su propio sistema alimentario y productivo.

En suma, se busca situar a aquellos que producen, distribuyen y consumen alimentos en el corazón de los sistemas y políticas alimentarias, por encima de las exigencias de los mercados y de las empresas.

Este movimiento claramente prioriza sus esfuerzos en los campesinos, familias agricultoras, pescadores artesanales y pastores tradicionales, pero su causa podría ser también la de los millones de mujeres que somos madres y que deseamos el reconocimiento de la lactancia materna como un derecho humano de toda mujer y de todo niño y niña.

La lactancia materna, que es la primera forma de alimentación para todos los seres humanos y “una forma inigualable de facilitar el alimento ideal para el crecimiento y desarrollo correcto de los niños”, según la OMS y la UNICEF, enfrenta hoy grandes retos. 

En México, según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012 (ENSANUT)  la duración de la lactancia materna (no exclusiva) es sólo apenas de 10 meses, cuando la OMS y UNICEF recomiendan como imprescindible la lactancia materna exclusiva durante los primeros seis meses de vida del recién nacido y como complemento hasta un mínimo de dos años.

En México se redujo de 22.3% en 2006 a 14.5% en 2012 el número de madres que amamantan de forma exclusiva a sus menores de seis meses, reportando una disminución más dramática en zonas rurales, 36.9% a 18.5%. El consumo de fórmula láctea aumentó en 5% en relación a los resultados de la encuesta anterior, así como el porcentaje de los niños que además de leche consumen agua. Lo anterior es negativo porque inhibe la producción láctea de las madres e incrementa de manera importante las enfermedades gastrointestinales de los recién nacidos.

Las madres encuestadas que comentaron no haber amamantado nunca a sus hijos, señalan que no lo hicieron por que no tuvieron leche (37.4%), por que estuvieron enfermas (13.7%), el bebé no quiso (11.4%), al bebé no le gustó (6.6%), tomó medicamentos (5.4%), el bebé se enfermó (5.3%), entre otras respuestas. Lo anterior pone en evidencia el desconocimiento o poco apoyo antes y alrededor del parto, para iniciar y establecer la lactancia. 

Durante la Semana Mundial de la Lactancia Materna (1 al 7 de agosto) será obligatorio para el Estado Mexicano y la sociedad en su conjunto analizar el fenómeno desde una perspectiva multidimensional y preparar acciones específicas que permitan crear un entorno adecuado para que las madres, sus familias y otras personas a cargo del cuidado de los recién nacidos realicen decisiones informadas acerca de la alimentación de los pequeños, ya que de no hacerlo se seguirá poniendo en riesgo la salud física, intelectual y emocional de quienes serán los futuros ciudadanos de este país.

Lo anterior no es peccata minuta cuando las estadísticas nos muestran que las prácticas inapropiadas de alimentación infantil se traducen en obstáculos a la reducción de la pobreza, al desarrollo socioeconómico sostenible y la movilidad social.

Resultan insuficientes las campañas publicitarias con actrices semidesnudas –tal es el caso del Distrito Federal-, apelando únicamente al vínculo emocional que se genera entre madre e hijo durante la lactancia.

Es necesario que las mujeres sepan que es un derecho humano, que pueden y deben amamantar aun cuando trabajan –por ello la importancia de adoptar legislación sobre la protección de la maternidad de trabajadoras de todos los sectores, incluyendo el informal-, que tienen derecho a saber los riesgos de la alimentación artificial y las consecuencias para la salud y el desarrollo de sus hijos e hijas, que amamantar concede beneficios físicos como la prevención del cáncer y reducción de peso, entre otros.

La soberanía implica poder; es momento que las mujeres nos empoderemos y exijamos un derecho que salvaguarda el futuro de las siguientes generaciones. 

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Claudia Debler Berentsen.

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