OPINIÓN: ¿Por qué las mujeres se vuelven atacantes suicidas?

Occidente debe entender los motivos que llevan a las mujeres a apoyar movimientos que las marginan pues están ligadas a la seguridad
Boko Haram video AFP  Boko Haram video AFP
Jane Harman
Autor: Jane Harman | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Jane Harman es presidenta y directora ejecutiva del Centro Internacional Woodrow Wilson para los Expertos. Fue asambleísta por el estado de California y vicepresidenta del Comité de Inteligencia de la Asamblea de Representantes entre 2002 y 2006.

(CNN) — Recientemente, una jovencita nigeriana (de apenas 15 años) se acercó a un grupo de policías y se hizo estallar. El ataque fracasó: no cobró más vidas que la suya.

Es posible que Boko Haram haya emprendido ataques más sangrientos, pero no puedo imaginar un plan terrorista más despreciable. Esa niña fue solo una de las cuatro mujeres nigerianas que se volvieron armas en julio de 2014 en la poblada ciudad de Kano.

En el segundo intento (cuyo objetivo era un centro comercial) solo murió la atacante. En el tercero murieron tres mujeres que hacían fila para comprar combustible para sus estufas. En el cuarto murieron seis jóvenes en el Politécnico de Kano.

Estos ataques ponen de relieve una tendencia a la que hay que poner más atención: la participación real y creciente de las mujeres en los movimientos extremistas.

Damos por hecho que las jovencitas no se ponen chalecos-bomba, aunque a veces lo hacen. Las mujeres y las niñas tienen derechos escasos bajo el control medieval del Estado Islámico de Iraq y al Sham o ISIS. Nuestro instinto nos dice que nunca se unirían a su abusivo gobierno sobre las demás mujeres y sin embargo lo han hecho.

Estamos acostumbrados a pensar que los hombres tienen el monopolio del extremismo extremo, solo que no es así. Necesitamos entender mejor lo que impulsa a las mujeres a unirse e incluso a dar su vida por los movimientos violentos que insisten en que son inferiores. No podemos contrarrestar la narrativa radical si no entendemos los motivos de los radicalizados.

Kathy Gilsinan, de la publicación mensual The Atlantic, subrayó recientemente los sorprendentes esfuerzos de la Brigada al Khansaa de ISIS. Vagan por las calles de Raqqa portando armas y vigilan el cumplimiento del código de conducta yihadista… y lo hacen totalmente cubiertas con el velo porque la brigada es totalmente femenina. Esa sombría visión de la participación de las mujeres desafía nuestra burda comprensión de los movimientos radicales.

¿Por qué las mujeres colaboran con grupos como Boko Haram e ISIS, que exigen su sumisión? A veces, sin duda, las obligan a obedecer; a veces las mujeres participan de estas ideologías extremas con entusiasmo. Me pregunto si algunas de ellas no se amarran una bomba para tener un escape misericordioso de sus circunstancias miserables. Pero lo importante es que en realidad no sabemos por qué las mujeres se unen a grupos terroristas que les niegan la igualdad y las oportunidades.

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Tampoco entendemos el alcance total de la participación de las mujeres. No sabemos si las atacantes de Boko Haram fueron una casualidad o las primeras de muchas. No sabemos si la Brigada al Khansaa es un experimento aislado o un modelo para el futuro gobierno de ISIS. Sin embargo, hemos visto que los yihadistas usan a las mujeres para sacar provecho de la falta de comprensión sobre el terrorismo. Las mujeres no levantan sospechas donde los hombres sí; eso las vuelve combatientes valiosas.

No podremos frustrar cada ataque mientras estemos viendo solo la mitad de las piezas en el tablero.

Aunque la participación de las mujeres en el terrorismo parece ir en aumento, la táctica es vieja. La cinta La Batalla de Argel (Gillo Pontecorvo, 1966) evocaba la imagen de las militantes que se maquillaban con cosméticos franceses (partes iguales de pintura de guerra y camuflaje) mientras se preparaban para bombardear los bares franceses en apoyo a la lucha por la independencia de Argelia.

La insurgencia tamil de Sri Lanka usó extensamente a las atacantes suicidas. Entre 1987 y 2008, las mujeres tenían mayor presencia en los comandos suicidas de los Tigres Negros que la que ahora tienen en cualquiera de las cámaras del Congreso estadounidense.

Hoy, los medios sociales están llenos de partidarias de ISIS y algunas son ciudadanas occidentales que han viajado a Siria para casarse y apoyar a los yihadistas. Es hora de abrir los ojos ante la intervención creciente de las mujeres. Está claro que los grupos terroristas creen que la yihad es un asunto de mujeres. El reclutamiento de mujeres y niñas es elemento importante del panorama de las amenazas modernas.

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En la búsqueda de la igualdad de la mujer, en casa y en el extranjero, seguimos luchando para completar lo que la exsecretaria de Estado de Estados Unidos, Hillary Clinton, llamó "el gran asunto inconcluso del siglo XXI". Si Estados Unidos pretende ofrecer una idea de oportunidad al mundo —y estratégicamente debe hacerlo—, entonces esa idea debe incluir a las mujeres y a las niñas.

Los grupos terroristas se quedarán sin mujeres combatientes cuando las niñas estén protegidas de la violencia dominante, del tráfico sexual y de los matrimonios de niñas, cuando se les den todas las oportunidades para seguir un camino mejor. Algunas de las personas que critican el desempeño de Clinton en el Departamento de Estado han minimizado el énfasis que dio a las mujeres y las niñas… como si el destino de la mitad de la población del mundo no fueran un tema importante para la política exterior estadounidense.

Esa indiferencia no puede perdurar. Es cada vez más común que el radicalismo tenga rostro femenino. Los asuntos de seguridad son asuntos de las mujeres; los asuntos de las mujeres ciertamente son asuntos de seguridad.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Jane Harman.

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