OPINIÓN: Difamación de la sangre. Un mito que alimenta el antisemitismo

La infame e histórica difamación contra la comunidad judía que utiliza el liderazgo de Hamas para justificar el conflicto con Israel
Panaderos judíos  fabrican el matzá, pan sin levadura que los judíos comen durante la fiesta de la Pascua
Panaderos judíos fabrican el matzá, pan sin levadura que lo  Panaderos judíos fabrican el matzá, pan sin levadura que los judíos comen durante la fiesta de la Pascua
Candida Moss y Joel Baden
Autor: Candida Moss y Joel Baden | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Joel S. Baden es un profesor de la Biblia Hebrea en la Escuela de Divinidad en Yale. Candida Moss es una profesora del Nuevo Testamento y orígenes del Cristianismo en la Universidad de Notre Dame. Puedes seguir a Candida en su cuenta de Twitter @candidamoss

(CNN) — La semana pasada emergió un video del vocero de Hamas, Osama Hamdan, en el que aseguraba que los judíos usan la sangre de niños no judíos para la realización del matzá, un pan tradicional de la comida judía, para la Pascua.

La traducción de la entrevista de Hamdan con la estación de televisión libanesa Al-Quds, el 28 de julio, lo reportó:

“Todos recordamos como los judíos solían masacrar a los cristianos, a fin de mezclar su sangre con sus matzá sagrados. Esto no es ficción o imaginación o algo que se haya sacado de una película. Es un hecho, reconocido en sus propios libros con evidencia histórica. Pasó en todos lados, aquí y donde sea”.

Cuando fue cuestionado sobre sus dichos por Wolf Blitzar de CNN el lunes pasado, Hamdan no se retractó de su acusación ni se distanció de la difamación de la sangre que hizo. Su única defensa fue que tenía “amigos judíos”.

Cualquier "evidencia histórica" o "hechos" que Hamdan cree que recuerda, no es nada más que la infame difamación de la sangre: el mito antisemita más persistente y más viejo en la historia, además de la acusación de que los judíos mataron a Jesús.

La difamación sobre la sangre se originó en la Inglaterra medieval con la muerte de William de Norwich. William era un aprendiz de curtidor asesinado en 1144. Al momento de su muerte, sus padres acusaron a la comunidad local judía, pero las investigaciones no revelaron nada.

Seis años después, Thomas de Monmouth, un monje benedictino, decidió investigar y hacer sensacionalismo con el asesinato.

Con base solamente en rumores, escribió un juicio de martirio La vida y milagros de William de Norwich, en el que dijo que los judíos de la localidad, actuando como parte de una conspiración internacional, crucificó al menor como parte de un ritual para reclamar el control de la Tierra Sagrada.

El trabajo de Monmouth fue usado para recolectar apoyo financiero de las peregrinaciones para la tumba del niño y sembró las bases de la difamación de la sangre.

Historias similares fueron contadas a través de Europa y la Edad Media, casi siempre acompañado de episodios de violencia y venganza contra los judíos. Historias de linchamientos y juicios ilegales abundaron, especialmente durante las Cruzadas, cuando estas historias eran utilizadas para justificar los pogromos (masacres organizadas de un grupo étnico en particular de los judíos).

En el caso de la desaparición de un menor de dos años, Simon de Trent, en marzo de 1475, toda la comunidad judía fue arrestada y 15 hombres quemados en la cruz luego de ser forzados a confesar, bajo tortura. Hasta 1965, Simón de Trent fue considerado un santo en la Iglesia católica.

A través de la historia, las especificaciones de la difamación de la sangre varían y se expanden. Involucran primordialmente hornear sangre cristiana en el matzá de la Pascua, pero los primeros relatos también describen ocasionalmente la crucifixión de menores, el  envenenamiento de pozos de agua y el uso de sangre cristiana para sanar las heridas de una circuncisión.

Debemos dejar en claro que estas historias espeluznantes en todas sus manifestaciones, están patentadas como falsas.

Pero estas acusaciones de asesinatos en rituales y canibalismo son encontradas en la propaganda antisemita. Los primeros cristianos se enfrentaron a sus propias historias de difamación, también.

El escritor cristiano Minucius Felix grabó un rumor, que se propagó ampliamente en el segundo y tercer siglo, de que los cristianos mataban rutinariamente y consumían infantes como parte de sus ritos de iniciación. Estas acusaciones son efectivas porque golpean en el corazón de los medios de la sociedad sobre los extranjeros.

Involucran a los más vulnerables (los menores), la destrucción de recursos públicos (pozos de agua), o la presencia de organizaciones secretas en medio de la sociedad.

Al acusar a aquellos que son diferente en cuanto a religiosos o tratan de quebrantar a la sociedad al involucrarse en el último tabú de canibalismo, se provee la justificación para el desagrado y violencia contra los pequeños grupos inconformistas.

Pero las sombras de la historia son largas, y la longevidad de esta calumnia particular es impresionante.

Tan reciente como en 1928, los judíos en Massena, Nueva York, fueron víctimas de la difamación de la sangre. Y en 2005, 20 miembros de la Duma de Rusia trataron de prohibir toda organización judía bajo la justificación de que todos los grupos judíos eran anticristianos y practicaban asesinatos en rituales.

Las referencias a los nazis son intercambiadas irresponsablemente en el discurso moderno, pero en el caso de la difamación de la sangre, estos mitos ayudan a mostrar las semillas del Holocausto.

En su entrevista, Hamdan vinculó la difamación de la sangre con los eventos recientes en Israel.

El hombre dijo, "los israelíes se concentran en matar niños... esto está escrito en la mentalidad histórica sionista y judía, que se ha vuelto adicta a la muerte de mujeres y niños".

La difamación de la sangre es solo un capítulo en la historia violenta del antisemitismo, pero recobra vida a través de los significados de la codificación del sentimiento antijudío y justificando la violencia y el maltrato hacia los judíos.

Como Osama al-Baz, un asesor del expresidente de Egipto Hosni Mubarak, observó en 2013, algunos “escritores árabes y figuradas de los medios de comunicación... atacan a los judíos bajo la base de... falacias racistas y mitos que se originan en Europa”.

Hamas quizás no haga más que repetir estos clichés culturales repetitivos y las calumnias, pero el mito y la acción van de la mano.

La historia de Europa es un testimonio del poder devastador de la difamación de la sangre.

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La gente y sus culturas son definidas por los mitos que crean, pero también por los mitos que aceptan y propagan.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Candida Moss y Joel Baden.

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