OPINIÓN: Los informes presidenciales y su evolución democrática

Luego del informe de Peña, habrá que poner atención en la interacción entre el Ejecutivo y Legislativo para conocer su plan estratégico
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Yuri Beltrán Miranda
Autor: Yuri Beltrán Miranda | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Yuri Beltrán Miranda es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos (FLACSO) y licenciado en Economía (UNAM); cuenta con estudios en Geografía Electoral, Análisis Político Estratégico y Democracia en América Latina. Es especialista en temas de voto extraterritorial.Síguelo en su cuenta de Twitter: @yuribeltranm

(CNNMéxico) — Los informes de gobierno son instrumentos de balance entre los poderes de la unión. Son, parafraseando a Guillermo O’Donnell, mecanismos de la accountability horizontal, por los que el Ejecutivo rinde cuentas al Legislativo, en un plano de igualdad.

Esa lógica de equilibrio no estuvo presente en los informes presidenciales durante las décadas del poder hegemónico en México. En un entorno de baja pluralidad política, los informes del Presidente fueron actos orientados a fortalecer la figura del titular del Ejecutivo. Larguísimos discursos donde se enumeraban sólo las acciones de gobierno donde hubiera resultados positivos eran contestados por congresistas sin mayores cuestionamientos.

La transición democrática de México cambió esa simulación para siempre. El arribo de la pluralidad al Congreso, primero, y los gobiernos divididos, después, volvieron a poner en el centro de la agenda la necesidad de que los informes se convirtieran en espacio de diálogo entre poderes.

La Constitución de 1917 había retomado de la de 1857 aquella idea de que el Presidente se presente a inicio del periodo de sesiones para informar el estado de la administración pública. Aquel fue el marco de los discursos monumentales.

La reforma de 2008 encontró una fórmula que maximiza esa oportunidad de diálogo. El informe se presenta por escrito, al inicio del periodo de sesiones y después, el Congreso llama a los titulares de despacho para confrontar ideas respecto de los temas bajo su responsabilidad.

Pero la evolución democrática mexicana introdujo un segundo freno a los excesos que en el pasado ocurrían en el marco de los informes de labores. A partir de la reforma electoral de 2007-2008, hay un estrecho margen de días previos y posteriores a la presentación del Informe gubernamental en el que los gobernantes pueden publicitar en medios de comunicación electrónica los contenidos de sus informes de labores, sin que éstos se consideren propaganda indebida.

Esta segunda ventana da la posibilidad de que se conozcan los temas que serán previsiblemente abordados en el segundo Informe de Labores del Presidente de la República, cuyos promocionales ya están al aire y disponibles en la página de internet de la presidencia.

Aquí un dato que puede servir para orientar las expectativas: 10 de los 14 temas incluidos en las iconografías de la página de internet del informe de labores implicaron trabajo conjunto entre el Ejecutivo y el Legislativo.

En efecto, si el 2013-2014 fue de profundas reformas estructurales, no es de extrañar que buena parte de los contenidos del Informe se refieran precisamente a los temas inherentes a esas modificaciones constitucionales y legislativas. La página de internet del Informe da cuenta, desde ya, de contenidos en temas como las reformas energética, financiera, político-electoral, de telecomunicaciones, de transparencia, hacendaria, etc. Además, destaca aspectos de la Ley de amparo y del Código Nacional de Procedimientos Penales.

Ello nos lleva necesariamente a pensar en la gobernanza moderna, más que como un ámbito en el que los poderes operan en forma separada, como un quehacer en el que actúan en forma imbricada, coordinada. Los titulares del Ejecutivo tienen mucha responsabilidad en la hechura de leyes.

De esta forma, será previsible que el próximo Informe gubernamental se aleje de aquel modelo ideal en el que los Presidentes relatan resultados de proyectos netamente administrativos (decisiones de inversión, creación de infraestructura, etc), para concentrarse en aquella función mucho menos conocida del quehacer ejecutivo (su función legislativa). Es a ese ámbito al que mayor prioridad dio el Presidente en sus primeros años de gestión.

En todo caso, la discusión se concentrará – y ahí la importancia de la glosa del Informe con los secretarios – en las decisiones administrativas que habrán de emprenderse al amparo del nuevo marco constitucional y legal. Serán las próximas semanas las que requieran mayor atención en la interacción Ejecutivo – Legislativo, pues en ellas se sopesarán las estrategias administrativas por emprender.

Ojalá ese proceso de diálogo avance rápidamente, porque en unas semanas el Instituto Nacional Electoral (INE) anunciará el comienzo del proceso electoral federal 2015, al tiempo que iniciarán procesos locales en 18 entidades federativas. Se elegirán 2,179 cargos de elección popular por el sistema de partidos en todo el país, además de 76 cargos que se disputarán en Oaxaca por sus propios sistemas normativos consuetudinarios. Inicia una nueva etapa del ciclo electoral.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Yuri Beltrán Miranda.

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