OPINIÓN: Logros y retos del gobierno del presidente Peña Nieto

El legislador Javier Treviño dice que los gobiernos y la sociedad en general deben priorizar en poner en práctica las nuevas reformas
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Javier Treviño Cantú
Autor: Javier Treviño Cantú | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Javier Treviño Cantú es diputado federal de Nuevo León por el Partido Revolucionario Institucional; es licenciado en Relaciones Internacionales por El Colegio de México y maestro en Políticas Públicas por la Universidad de Harvard; fue Subsecretario de Relaciones Exteriores y Oficial Mayor de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Síguelo en su cuenta de Twitter: @javier_trevino

(CNNMéxico) — A casi dos años del actual gobierno federal, existe una amplia coincidencia en el sentido de que la administración del presidente Enrique Peña Nieto ha alcanzado logros de una trascendencia histórica, mediante la aprobación de una serie de reformas transformativas que permitirán dinamizar nuestra competitividad, fortalecer nuestra democracia y generar beneficios tangibles para la sociedad mexicana.

Sin embargo, también es un hecho que aún enfrentamos graves desafíos, incluyendo alcanzar tasas de crecimiento económico más elevadas, que permitan generar más empleos formales mejor remunerados, así como consolidar los esfuerzos para seguir abatiendo la inseguridad que desafortunadamente aún se manifiesta en diversas partes del país.

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En muchos sentidos, tanto la administración del presidente Peña Nieto como el Congreso de la Unión e, incluso, los partidos políticos que antepusieron sobre cualquier otra consideración el interés nacional, en muchos sentidos han rebasado las expectativas de cambio que existían inmediatamente después de las elecciones del 2012.Tras doce largos años de parálisis política durante las administraciones panistas, de un crecimiento económico mediocre y, peor aún, de haber sumido a nuestro país en una ola de violencia sin precedentes, las ofertas electorales de Enrique Peña Nieto durante la campaña presidencial fueron recibidas por la ciudadanía con escepticismo.

Y, durante el periodo de transición, a pesar del respaldo del presidente electo a la reforma laboral enviada al Congreso por su antecesor y de declaraciones puntuales en el sentido de que se buscaría impulsar reformas en verdad estructurales, las expectativas siguieron siendo relativamente reducidas.

Al momento mismo de iniciar el actual gobierno federal, el Pacto por México demostró que empezábamos a dar vuelta a la página de los desencuentros políticos que marcaron a las dos anteriores administraciones. La capacidad de alcanzar acuerdos en una amplia agenda de temas fue un logro en sí mismo, pero lo fue aún más su traducción en iniciativas legislativas concretas, las cuales se discutieron y y aprobaron por amplios márgenes en ambas cámaras del Congreso.

De esta forma, al contar ya con reformas constitucionales en materia de competitividad, telecomunicaciones, certidumbre jurídica en la propiedad habitacional en los litorales mexicanos, derechos de víctimas, arraigo, procedimientos penales, hacendaria, regulación de la deuda pública de estados y municipios, registro público de la propiedad, transparencia y acceso a la Información, político-electoral y energética, entre otras, México está por iniciar una nueva etapa en su trayectoria como nación.

La dimensión de los cambios que necesariamente traerán consigo las reformas es imposible de apreciar en este momento. No obstante, de su eficaz puesta en práctica depende que aprovechemos al máximo la oportunidad que los mexicanos nos hemos dado de fortalecer nuestra competitividad, impulsar un mayor crecimiento y bienestar social, optimizar el uso de nuestros vastos recursos energéticos, perfeccionar la calidad de nuestra democracia y, en última instancia, consolidarnos como un país respetado e influyente en el mundo.

Ahí radica precisamente el reto central para el gobierno del presidente Peña Nieto, las demás autoridades a nivel estatal y municipal, los otros poderes de la Unión e, igualmente, para el sector empresarial, las organizaciones sindicales, las instituciones educativas y académicas, las agrupaciones ciudadanas y la sociedad en general: en avanzar con celeridad y eficacia en la puesta en práctica de todos los nuevos ordenamientos con que ahora contamos, para lograr que empiecen a generar beneficios concretos lo más pronto posible.

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Hoy, estamos ante la oportunidad de mover a México hacia un futuro más promisorio. Es momento de valorar lo mucho que se ha logrado y de que cada uno de los mexicanos hagamos la parte que nos corresponde para vivir en el gran país que todos queremos tener.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a
Javier Treviño Cantú

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