OPINIÓN: Guerrero, tres escenarios de una sucesión adelantada

El nuevo gobernador interino Rogelio Ortega tendrá que sortear tres retos que lo podrían ayudar a concluir la gestión hasta octubre de 2015
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Autor: Rafael Morales | Otra fuente: 1

Nota del editor: Rafael Morales es licenciado en Ciencia Política y Administración Pública, y maestro en Estudios Políticos y Sociales por la UNAM. Ha sido docente en instituciones educativas como la UNAM y la UAM. Actualmente es director del Centro de Estudios en Partidos Políticos y Procesos Electorales por la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).  Síguelo en su cuenta de Twitter:@Rafael_Morales

(CNNMéxico) —El secretario de la Universidad Autónoma de Guerrero, Rogelio Ortega, se convierte en gobernador interino debido a la crisis producida por la desaparición de 43 estudiantes de la escuela normal rural de Ayotzinapa, episodio de la misma forma en que en 1996 Ángel Aguirre llegó al interinato del gobierno estatal debido a la salida del entonces gobernador Rubén Figueroa Alcocer, al que se le responsabilizó de la masacre de campesinos en el poblado de Aguas Blancas.

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La diferencia es que sólo que ahora quien le allana el camino a Ortega no es el presidente de la República, como en la era del autoritarismo cuando se removían gobernadores a través de "licencias consentidas", sino los políticos que fueron perjudicados con la alianza que el senador Armando Ríos Piter estableció con el grupo de Aguirre. 

La caída del gobernador fue bien vista por políticos como David Jiménez Rumbo de Grupo Guerrero, grupúsculo que codicia el gobierno, pues con ello se adelanta la sucesión a la gubernatura y se hace a un lado no sólo a los equipos ligados con Aguirre, sino también a los aspirantes que no están vinculados con el alcalde de Iguala, como la secretaria de Desarrollo Social, Beatriz Mojica, que por ese hecho cuentan con la posibilidad de convertirse en candidatos legítimos a la gubernatura.

A instancias de Ríos Piter, Jiménez Rumbo consiguió colocar a un cuadro supuestamente ciudadano o académico en el poder ejecutivo para recuperar el control de la carrera por la gubernatura y mantener su protección política en el mediano plazo. Por tanto, el interinato será útil únicamente para facilitar los reacomodos en el seno de la clase política, no para reponer su legitimidad perdida.

Probablemente Ortega consiga terminar la gubernatura de Guerrero el 15 de octubre de 2015, si consigue sortear tres grandes retos:

1. Concluir las investigaciones sobre la tragedia de Ayotzinapa. Asumiendo el papel de ciudadano virtuoso, Ortega se apropiará del discurso de las madres que piden el regreso de sus hijos desaparecidos para lucrar políticamente. Justo por eso, su futuro y el del grupo que lo respalda dependerá de las conclusiones a las que llegue la investigación y, sobre todo, de la consignación de los culpables, hoy plenamente identificados. Aún así no será fácil, pues la procuraduría local está cuestionada, mientras el poder ejecutivo busca dar una salida con resultados que beneficien mediáticamente al presidente de la República, no a los grupos locales.

2. Recomponer al grupo gobernante. La tragedia de Ayotzinapa tomó por sorpresa a la clase política obligándola a un reemplazo forzoso de la jefatura política estatal, algo impensable en condiciones de “normalidad democrática”. No obstante, la llegada de Ortega no permitirá la unificación de los grupos ni la formación de acuerdos o alianzas estables, no sólo porque no se purgará a los grupos políticos que se han vinculado con el crimen organizado sino también porque el grupo del interinato sólo lo une la ambición por el poder, no un proyecto transformador de largo plazo. Sin ideología ni partido el grupo se encamina hacia un círculo de traiciones sin fin.       

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3. Definir la sucesión en la gubernatura. Para lograrlo, el gobernador interino debe generar las condiciones mínimas de estabilidad para la celebración de las elecciones en 2015: tendrá que buscar a toda costa la pacificación del estado, incluso delegando totalmente el mando de la fuerza pública, tal y como sucede en Michoacán, con todo y su comisionado y su propio interinato académico. Será difícil puesto que la precampaña comenzará en unas cuantas semanas. Más complicado aun es que para hacer pagadera su asunción deberá respaldar al candidato que determine el Grupo Guerrero, pues fue este el grupo que lo llevó al poder. ¿Y quién será entonces el candidato de este grupúsculo faccioso para 2015? Quizá el que consiga desmarcarse mejor del autor de la tragedia.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Rafael Morales.

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