OPINIÓN: Qué pasará si Obama tiene un Congreso republicano en 2015

Las elecciones intermedias podrían dejar al gobierno de Estados Unidos dividido entre el Ejecutivo demócrata y una legislatura republicana
Reforma inmigratoria, hasta 2015: republicanos
Autor: Genaro Lozano | Otra fuente: 1

Nota del editor: Genaro Lozano es internacionalista y politólogo, especializado en política de Estados Unidos, política exterior, política de género y en movimientos sociales. Es profesor en la Universidad Iberoamericana. Columnista en el periódico Reforma y miembro del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales. 

(CNNMéxico)— El próximo 4 de noviembre, 435 representantes, 36 senadores y 38 gobernadores compiten en las elecciones intermedias en Estados Unidos. La totalidad de la Cámara de Representantes, un tercio del Senado y el 76% de las 50 gubernaturas totales.

Una cifra nada despreciable, de cuyos resultados se juega no solamente el balance de poder entre el Partido Demócrata, que hoy controla la Cámara de Senadores, y el Partido Republicano, que apuesta a ganar casi todo, sino lo que de fondo está en juego es el legado de los ocho años de la Casa Blanca de Barack Obama, una presidencia que ha sido transformadora y progresista.

Las encuestas coinciden en señalar que no son buenos tiempos para el Partido Demócrata. El presidente Obama apenas alcanza el 40% de aprobación ciudadana. Ello explica en parte el efecto contrario de estar ausente para los demócratas, pero presente entre los republicanos. 

Su baja popularidad ha hecho que los candidatos demócratas no quieran al presidente en sus eventos de campaña y apenas lo mencionen en sus promesas electorales. Para los demócratas, Obama es un fantasma.

En contraste, el presidente y sus acciones de gobierno están en casi todos los discursos de los candidatos republicanos. No hay un solo candidato que no culpe a Obama de los problemas que enfrenta Estados Unidos. Para los republicanos, Obama es una piñata.

Las predicciones electorales apuntan a que hay un 68% de probabilidad de que los republicanos se hagan del control de la Cámara de Senadores, que no tienen desde el 2006.

Pensando en este escenario, en que a partir de enero del 2015, el Congreso 104 se inaugure con una mayoría republicana tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado, qué significado o ¿cuáles serían las implicaciones para los últimos dos años del primer presidente afroamericano de la historia estadounidense?

Hay un conjunto de efectos adversos para la democracia estadounidense que podrían darse de una victoria republicana en las elecciones del 4 de noviembre. En primer lugar, si ganan los republicanos a partir de enero la confrontación entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo se ahondaría. 

Hasta ahora, en los seis años de su presidencia, Obama ha contado con el Senado con mayoría demócrata como un muro de contención ante los embates legislativos del Partido Republicano en la Cámara de Representantes.

Con un Senado controlado por los republicanos, y asumiendo que Mitch McConnell consiga la reelección a su cargo en la difícil contienda que vive en Kentucky, Obama se vería probablemente forzado a usar el último recurso del Poder Ejecutivo frente al Poder Legislativo: el veto. En este punto se esperaría que las batallas más duras se den en la aprobación del presupuesto el año entrante.

En segundo lugar, un Congreso dominado por los republicanos podría obligar al presidente Obama a gobernar durante los dos últimos años de su presidencia usando el poder de los decretos presidenciales, gobernando prácticamente solo al enramado de la burocracia ejecutiva, modificando el actuar de la burocracia ejecutiva.

Ordenando mayor eficiencia de recursos con recortes presupuestales, instruyendo mayores controles ambientales a sus agencias, haciendo algunas modificaciones en el Ejército que no requieran de aprobación del Congreso, etcétera.

Esos dos años podrían ser de un presidente que administra solo cientos de miles de burócratas que trabajan en las 15 secretarías de la rama ejecutiva y de las agencias gubernamentales.

Una noticia ni buena ni mala de ganar los republicanos el control del Congreso está en el plano del actuar internacional de Estados Unidos. Tradicionalmente este es un campo en el cual el Ejecutivo goza de mayor margen de maniobra, como ocurre también en sistemas presidenciales como el mexicano, ya que los senadores tienen poco interés por los temas internacionales y el Ejecutivo es el que formula la política exterior.

Podrían darse, eso sí, retrasos en las confirmaciones del Senado de las y de los nominados por el presidente para cubrir las vacantes en las misiones diplomáticas de Estados Unidos en el mundo, incluida la confirmación senatorial pendiente de Maria Echaveste como embajadora de Estados Unidos en México.

Lo mismo ocurriría con las nominaciones de Obama a los cargos que se abran en el Poder Judicial, que también requieren del visto bueno del Senado.

Finalmente, en el plano electoral, hay que recordar que las elecciones presidenciales del 2016 prácticamente arrancan en el otoño del 2015. Un avance significativo de los republicanos en ambas Cámaras del Congreso, así como en la mayoría de las 38 contiendas a gubernaturas que se juegan el martes 4 de noviembre podrían dificultarle el camino a los demócratas en el 2016.

Por ello, Hillary Clinton, la puntera para la candidatura presidencial demócrata en el 2016, ha visitado con gran ahínco algunos estados clave para la contienda presidencial para apoyar a los y las candidatas de su partido, incluidos estados como Massachusetts y Florida, principalmente, así como ha hecho campaña para distintas candidaturas senatoriales y de representantes en varios estados. Si a alguien le interesa que los demócratas no salgan mal en las elecciones intermedias es a Hillary Clinton.

Una última mala noticia es que un avance republicano en el Congreso acabaría de matar la reforma migratoria y la imposibilitaría al menos hasta enero del 2017, cuando asuma el o la sucesora de Barack Obama con un nuevo Congreso.

Aquí Obama ha jugado a la política y ha tenido una sumisión a los intereses electorales y una inacción respecto a sus promesas de campaña. Lamentablemente Obama se irá de la Casa Blanca sin haber cumplido su promesa de una reforma migratoria. Este será su mayor pendiente.

Lee: Obama decidirá sobre migración hasta noviembre

La única buena noticia de un avance republicano es que, como bien señalan varios estudiosos del Poder Ejecutivo estadounidense, los gobiernos divididos —cuando el Congreso es dominado por un partido político y el Ejecutivo por el otro partido— sacan lo mejor de un presidente, ya que lo obligan a negociar más, a convencer más al electorado.

No en balde algunos medios estadounidenses bromeaban hace un par de años cuando Enrique Peña Nieto daba a conocer el llamado Pacto por México y le pedían a Obama que para cuándo un “Pacto por Estados Unidos”.

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Al final, el principal efecto de una victoria republicana el 4 de noviembre sería el de que los próximos dos años obligarían a Obama a tratar de cuidar la narrativa en torno a su legado, de cuidar la manera en la que los estadounidenses recordarían el gobierno del primer afroamericano que ganó la presidencia, ya que un Congreso republicano intentaría desmantelar o nulificar los efectos de las reformas aprobadas por Obama en sus primeros 5 años, una serie de reformas con tintes progresistas y transformadoras del papel del Estado en la vida diaria de los estadounidenses.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Genaro Lozano.

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