OPINIÓN: Gobernadores de EU juegan a la política con el ébola

Los gobernadores de Texas y Nueva York, privilegiaron sus ambiciones políticas sobre la lucha contra el virus, señala el autor
Ya son 10,000 los infectados por el ébola: OMS
Autor: Errol Louis | Otra fuente: 1

Nota del editor: Errol Louis conduce el programa político nocturno Inside City Hall del canal de noticias NY1, en Nueva York.

(CNN) Hay momentos en los que las ambiciones políticas incitan a los líderes políticos a alcanzar nuevos niveles de valor y creatividad. Hasta ahora, el brote de ébola de 2014 no ha sido el caso.

Por casualidad, la letal infección llegó a costas estadounidenses en dos estados: Texas y Nueva York, estados en los que los gobernadores poderosos persiguen sus sueño de ser presidente y están ansiosos de mostrarse como hombres que tienen lo necesario para dirigir al país.

Sin embargo, Rick Perry, de Texas, y Andrew Cuomo, de Nueva York, están cometiendo errores por el dilema que ha atormentado a los presidentes recientes: están tratando de gobernar a un electorado irritable y polarizado que exige y recompensa la certeza y la grandilocuencia de sus líderes aunque la situación exija flexibilidad y serenidad.

Al obligarlos a elegir entre una ventaja política estrecha y el bien común, Perry y Cuomo demostraron que están dispuestos a tomar la salida fácil.

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Desde el principio quedó claro que la única forma lógica de detener que la crisis del ébola se extienda es contener y controlar la enfermedad en la fuente. Eso significa que hay que llevar sin demora material y personal médico a los países de Liberia, Sierra Leona y Guinea, en el oeste de África: hay que combatir el virus en el extranjero para no tener que lidiar con él aquí.

Es una tarea logística difícil y compleja. Aún antes del brote del ébola, los tres países sufrían por la pobreza, las guerras civiles, la infraestructura en decadencia y un sistema de salud débil. Los trabajadores humanitarios de Estados Unidos y otros países tratan desesperadamente de construir un sistema de salud pública en lugares en los que no existía (por ejemplo: en la muy afectada región de Bomi, en Liberia, hay solo dos médicos por cada 89,000 personas).

Es concebible que el virus sobrepase los heroicos esfuerzos que se emprenden. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que los tres países afectados ya alcanzaron los 10,000 casos confirmados, probables y sospechosos de ébola, pero esa cantidad podría dispararse a 10,000 infecciones más a la semana para fines de este año. Además de causar una crisis humanitaria, es mucho más probable que una epidemia de tal magnitud se propague a Europa y América, en donde hasta ahora solo ha habido 18 enfermos de ébola.

La burda reacción en Estados Unidos fue proponer que se prohíban los viajes hacia y desde los países afectados y poner en cuarentena a cualquier persona que entre a Estados Unidos procedente de esos países. Pero eso, de acuerdo con los expertos en salud, sería un error desastroso.

"Hemos reiterado en todo momento que no recomendamos que se apliquen restricciones a los viajes ni al comercio. Necesitamos que la gente del exterior entre a combatir este brote", dice Gregory Hartl, portavoz de la OMS. "Necesitamos expertos en logística, epidemiólogos, expertos en comunicaciones. Si suspenden los vuelos, ellos no podrán entrar".

Sin embargo, los hombres que quieren ser presidente responden a consideraciones muy diferentes a las de los expertos en salud.

"Esto requiere que todos pongan manos a la obra", declaró Perry en una conferencia de prensa el 1 de octubre, poco después de que diagnosticaran ébola en Texas a Thomas Duncan, un liberiano. "Los profesionales de todos los niveles de la cadena de mando saben qué hacer para minimizar cualquier riesgo potencial para el pueblo de Texas", dijo Perry en su intento por proyectar una imagen de eficiencia casi militar que resultó ser un espejismo.

Tras la muerte de Duncan, el 8 de octubre, se dio a conocer la noticia de que dos de las enfermeras que lo atendieron también habían contraído el virus y habían entrado en la peligrosa fase contagiosa de la enfermedad mientras viajaban fuera de Texas. Los reporteros pronto descubrieron huecos en la cadena de mando de Perry. En el Hospital Presbiteriano del Departamento de Salud de Texas, en donde Duncan murió, una enfermera dijo que la capacitación y la preparación que pregonaban era un mito:

"Nunca hablamos del ébola y probablemente debimos haberlo hecho", dijo una enfermera, según el diario estadounidense Texas Tribune. "Nos dijeron que podíamos ir a un seminario optativo. Solo informativo, no de adiestramiento. Ni siquiera nos indicaron que asistiéramos… nunca nos dijeron a qué debíamos estar atentos".

Perry terminó disculpándose por los errores de su gobierno e hizo una concesión política crucial al revertir su postura anterior y llamar a la creación de una lista de pasajeros aéreos restringidos y a la suspensión de los viajes desde y hacia los países afectados por el ébola.

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En Nueva York, las autoridades médicas manejaron el primer y único caso de ébola con mayor eficiencia que en Texas, pero eso no impidió que Cuomo cometiera sus propios errores en el asunto.

Casi una semana después de que un valiente médico de nombre Craig Spencer regresara de ayudar a las víctimas del ébola en África, presentó una fiebre elevada (uno de los signos de la posible presencia del virus) y lo transportaron al Hospital de Bellevue, uno de los 11 hospitales municipales de Nueva York.

Junto con el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, Cuomo dijo a los neoyorquinos que mantuvieran la calma y se hizo tomar fotos mientras viajaba en el tren subterráneo (algo que Cuomo casi nunca hace) para demostrarle a la gente que las probabilidades de contagiarse de ébola por el contacto casual son casi nulas.

Pero el día siguiente, Cuomo y su homólogo de Nueva Jersey, Chris Christie, anunciaron sin previo aviso que todos los trabajadores clínicos que llegaran a los aeropuertos de la zona de Nueva York y que hubieran lidiado con víctimas del ébola quedarían en cuarentena durante 21 días, periodo de incubación del virus.

La apresurada decisión entró en vigor inmediatamente.

"Desde que tomé posesión del cargo, he preferido pecar de cauto cuando se trata de la seguridad y la protección de los neoyorquinos y en la situación actual con el ébola no será distinto", dijo Cuomo.

Hubo un cambio diametral respecto al 7 de octubre, cuando el gobernador dijo que se opondría a las restricciones a los viajes. "No creo que decir 'cierren la entrada a los que llegan de cualquier país' funcione automáticamente porque lo que pasará es que simplemente vuelas a otro país y luego entras desde allí", dijo en ese entonces.

¿Qué cambió? Cuomo, quien buscará la reelección el 4 de noviembre, ha sido objeto de intensos ataques de parte de su oponente republicano, Rob Astorino, por la reacción del gobierno de Nueva York al ébola. Además, las ambiciones presidenciales no tan secretas del gobernador también dependen de que proyecte ante la nación una imagen de contundencia y fuerza, imagen que podría verse afectada si da la impresión de ser "suave" respecto al control de las fronteras.

Sin embargo, la historia no termina con la cuarentena intensificada de este fin de semana. El domingo 26 por la noche, entre intensas críticas de parte de profesionales de la medicina (entre ellas Kaci Hickox, la enfermera que quedó en cuarentena en Nueva Jersey en concordancia con los nuevos y rigurosos protocolos estatales), Cuomo volvió a cambiar el rumbo.

Se retractó de la estricta cuarentena obligatoria que acababa de implementar, según un artículo del diario estadounidense The New York Times y adoptó una menos estricta: permitir que quienes no presenten síntomas de ébola queden en cuarentena en su casa y compensarlos por los ingresos no percibidos.

No se confundan: obligar a los voluntarios a quedarse en un centro de cuarentena por tres semanas (Hickox dijo que la confinaron en una carpa improvisada y la trataron como a un prisionero) desanimará y en algunos casos anulará el deseo de los profesionales compasivos de ofrecerse como voluntarios para librar la guerra contra el ébola.

La política rápidamente modificada de Cuomo de imponer cuarentenas domésticas es menos dura, pero podría tener un escalofriante efecto similar. Christie sigue a favor de la cuarentena más estricta que se propuso originalmente.

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La gran ironía es que los políticos, motivados por la ambición, van a contener, a poner en cuarentena, a importunar y a desanimar a la gente que sí tiene lo que se necesita: hombres y mujeres dispuestos a arriesgar su vida para salvar a los demás.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Errol Louis.

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