OPINIÓN: Las elecciones en Estados Unidos, la batalla por el Senado

Los comicios intermedios estadounidenses, el próximo 4 de noviembre, marcarán las líneas estratégicas para la elección presidencial del 2016
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Autor: Rina Mussali | Otra fuente: 1

Nota del editor: Rina Mussali es analista, internacionalista y conductora de Vértice Internacional y de la serie 2014: Elecciones en el Mundo, en el Canal del Congreso. Síguela en su cuenta de Twitter: @RinaMussali

(CNNMéxico)— Los colores del mapa político estadounidense se definirán el próximo 4 de noviembre con la celebración de las elecciones intermedias, un evento que no entusiasma a los votantes, pero que marcará las líneas estratégicas del Partido Republicano y Demócrata con miras a las elecciones presidenciales del 2016.

La aritmética electoral que está en juego es la siguiente: 435 escaños que conforman la Cámara de Representantes, 36 puestos como senador (33 en elección "de turno" y tres en elección especial: Hawai, Oklahoma y Carolina del Sur), 36 gubernaturas y 189 cargos ejecutivos estatales.

Actualmente, el panorama político se inclina ligeramente hacia los republicanos pues dominan la Cámara de Representantes con 233 legisladores frente a 199 demócratas –a los que falta añadir tres puestos vacantes-, gozan de 29 gubernaturas contra 21, además de considerar que de los 36 estados que renuevan el cargo de presidente, 22 son del Partido Republicano y 14 del Partido Demócrata. La Cámara Alta no está en sus manos, pues tienen 45 curules contra los 55 de color azul. La prospectiva electoral señala que la Cámara de Representantes se mantendrá con mayoría republicana y la batalla por controlar el Senado la ganarán los republicanos, quienes necesitan conquistar seis asientos más para obtener la mayoría.

Todo parece indicar que surgirá un Congreso más inútil y disfuncional, la polarización ideológica entre republicanos y demócratas que no ha permitido sacar reformas de gran calado –la 113 Legislatura se le considera como una de las más improductivas de la historia- los intereses partidistas que pesan más sobre los intereses de la nación. No olvidemos el cierre del gobierno, los conflictos sobre el techo de la deuda, la amenaza de la suspensión de pagos y los giros políticos hacia la extrema derecha que encuentran lugar en el Tea Party.

Tradicionalmente, las elecciones intermedias favorecen a los republicanos, debido a que logran mover mejor a su electorado. Por su parte, el voto latino que dirigió el triunfo de Barack Obama en 2008, ha crecido de forma inusitada: 25.2 millones de latinos pueden votar, lo que representa el 11% de los votantes elegibles de todo el país, según cifras que maneja el Pew Research Hispanic Trends Project. Estos números que podrían parecer una ventaja para que los demócratas logren teñir de azul las gubernaturas y curules se desvanece cuando caemos en cuenta que en los ocho estados con mayor peso en el Senado, sólo el 4.7% de los votantes son latinos. Esta desventaja hace que el voto latino no sea una herramienta útil para los demócratas en las intermedias.

En estas elecciones de medio mandato el ánimo colectivo estadounidense promete castigar a Barack Obama y al Partido Demócrata. Para muchos esta jornada será una especie de referéndum sobre la actuación del presidente que, de acuerdo a la encuestadora Gallup, cuenta con el 41.5% de la aprobación de los estadounidenses, ¡uno de los niveles de aprobación presidencial más bajos después de la Segunda Guerra Mundial! En otras palabras, un tercio de su electorado lo ha dejado de apoyar si revisamos las tasas de aprobación que adquirió cuando se convirtió en el huésped de la Casa Blanca.

Barack Obama pasará a la historia como un presidente capaz de tomar decisiones históricas en tiempos difíciles. Sacó al país de la crisis económica y selló la recuperación tras la peor contracción desde la Gran Depresión. Un legado en materia económica, financiera, sanitaria y ambiental en medio de la revolución energética del shale gas y oil que puede materializar el sueño de Estados Unidos de conseguir su independencia energética. A pesar de este momentum y del saldo positivo de la economía y la caída del desempleo a su tasa más baja desde julio del 2008, el electorado buscará sancionar al presidente.

Con las elecciones intermedias de noviembre el camino hacia las presidenciales de 2016 comienza, una ruta que debe observar los resultados generales y los ganadores de las gubernaturas ya que ahí se pudieran determinar los posibles candidatos a presidente y los nuevos liderazgos que se enfilarán hacia la recta final.  Todo esto sucederá en medio del vía crucis para Barack Obama; mientras el presidente utilizará su poder de veto y posiblemente hará uso de sus prerrogativas presidenciales para gobernar, los republicanos contestarán con un bloqueo constante de iniciativas y hasta con la amenaza de un juicio político o impeachment.

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En este rally electoral se advierte lo que pudiera ser una cita clave para las dinastías políticas en Estados Unidos. ¿El enfrentamiento entre Hillary Clinton y Jeb Bush? Hillary Clinton aprovechará los errores de Barack Obama para desmarcarse del presidente saliente que pronto se convertirá en un "pato cojo" y quien perderá capacidad de influencia y maniobra política para presentarse como la "mujer correcta con el plan correcto en el momento correcto" y ganar así la presidencia. Sin embargo, la exprimera dama deberá adelantarse a las jugadas para comenzar a fortalecer los sectores desencantados con el Partido Demócrata: la reforma migratoria que no le fue entregada a los votantes latinos.

Las opiniones expresadas en este texto pertenecen exclusivamente a Rina Mussali.

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