Nobel de Economía 2014, una lección para México

El trabajo de Jean Tirole debe ser revisado en el marco de las reformas, dice Enrique Díaz-Infante; aunque las modificaciones fomentan la competencia, es importante fortalecer las regulaciones.
jean tirole  (Foto: Reuters)
Enrique Díaz-Infante Chapa*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

¿Qué lecciones tomar del Nobel de economía 2014 para México? La Real Academia Sueca de Ciencias acaba de reconocer al francés Jean Tirole (61), de la Escuela de Economía de Toulouse por su basta investigación y publicaciones sobre regulación de mercados. Se le otorgó no por un trabajo sino por el conjunto de aportaciones en el campo de la Organización Industrial y la Economía de la Información. Ayuda a entender cuál debe ser la regulación óptima para controlar a firmas con poder de mercado y lograr que actúen en pro del beneficio colectivo.

Interesante el mensaje que manda la Real Academia en favor de controlar los excesos de las concentraciones de mercado. Esto, en un momento en que intelectuales como Thomas Piketty -otro francés- en su libro “Capital en el Siglo XXI” nos alerta sobre el incremento que se ha vivido en el mundo en la acumulación de riqueza por parte de unos pocos y en la desigualdad.  

Sus trabajos se producen principalmente en los 80 y 90 cuando se da la serie de privatizaciones encabezadas por Thatcher y Reagan, quienes avanzan el paradigma del mercado como fuerza suprema organizadora de la producción y distribución de bienes y servicios. Ante la crisis fiscal que los gobiernos vivían en aquel entonces y una situación de secuestro a manos de poderosos sindicatos, estos dos estadistas decidieron quitar al estado la obligación de proveer luz, agua, electricidad, gas, petróleo, entre otros, a la sociedad. Así, bienes que antes se consideraban monopolios naturales del Estado, por razones ideológicas o tecnológicas -economías de escala-, empezaron a ser provistos por los particulares.

En ese sentido, Tirole se cuestiona sobre cuándo debe intervenir el Gobierno en los mercados, y concluye que las intervenciones deben darse cuando hay fallas de mercado que impiden avanzar la competencia, es decir, cuando los mercados no actúan en favor del interés público. Así, el rol del Estado debe ser el de regular, no el de producir.

A través del modelo de Principal-Agente, el cual ayuda a entender la política de delegación de funciones, explica cómo resolver los problemas de información asimétrica que dominan las relaciones entre reguladores y regulados. Los regulados tienen más información sobre los costos de producir sus bienes o servicios y ocultan información al respecto al regulador a fin de que no los limiten en las tarifas que pueden cobrar a los consumidores en la provisión o prestación de un bien o servicio concesionado. A decir de este académico, a través de contratos – como sería el título de concesión- se deben generar incentivos de alto poder (i.e. obligaciones atadas a multas por porcentaje de utilidades) para que el regulado revele información, se le topen las ganancias injustificadas y el agente económico actúe no sólo para su propio beneficio, sino también para el bien común. Difícil.

Además, estudia las fallas de Gobierno, consistentes en la captura del regulador. Reguladores débiles pueden ser capturados si no cuenta con un marco legal sólido que les de autonomía en su actuar para blindarlos de presiones políticas y de los agentes económicos regulados. Tener un mandato claro y sencillo, ser nombrados por dos poderes distintos y en periodos distintos a los de los mandatos del ejecutivo y legislativo, tener periodos intercalados de gestión e instrumentos sancionatorios suficientes, ayuda a su independencia.

Ahora que estamos en la parte de la implementación de las reformas estructurales, vale revisar el trabajo de Tirole para evitar caer en los mismos errores en que incurrimos en los 90. En ese entonces se hicieron privatizaciones –venta de empresas- que convirtieron monopolios públicos en monopolios privados, se crearon fuertes concentraciones de mercado, riquezas injustificables y el capital no se democratizó. Esto por no haber generado previamente una legislación adecuada y haber fortalecido ex-ante a los reguladores. Quizás tampoco se generalizó la tenencia accionaria porque –a diferencia de lo que ocurrió en el Reino Unido- el mercado bursátil aquí no contaba, en ese entonces, con sociedades de inversión/afores, que le permitieran invertir en la adquisición de las acciones de las empresas privatizadas a favor del público en general.

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Hoy no se están vendiendo activos, sino fomentando la competencia, pero el reto sigue siendo fortalecer a los reguladores y a la legislación a fin de lograr la producción y distribución eficiente de bienes y servicios a costos marginales en beneficio de la sociedad. De lo contrario, los mexicanos seguiremos sufriendo la extracción de rentas monopólicas por agentes económicos que gozan con poder dominante y seguiremos enfrentando serias limitaciones en nuestro crecimiento y desarrollo. ¡Enhorabuena el Nobel para Tirole!

*El autor es Investigador del Centro de Estudios Espinosa Yglesias.

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