OPINIÓN: Ucrania, crucial para lo que ocurra más allá de sus fronteras

Rusia, que aprovecha que la atención internacional esté dispersa en Iraq, China o el ébola, ha causado problemas en la UE desde hace años
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Andrew Wilson, especial para CNN
Autor: Andrew Wilson, especial para CNN | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Andrew Wilson es investigador sénior de políticas en el Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. Su libro más reciente, Ukraine Crisis: What it Means for the West, está disponible en formato electrónico e impreso.

(CNN)— ¿Podemos decir que la crisis en Ucrania es tan importante como enfrentar a ISIS (también conocido como Estado Islámico), el ébola o lo que ocurre en el mar del sur de China?

Una respuesta inicial sería que parte del problema es que nuestra atención está dispersa, lo que Rusia ha aprovechado constantemente para obtener lo que quiere. Rusia maximizó sus envíos de armas y hombres al este de Ucrania en agosto y septiembre, lo que coincide con el punto más álgido de la crisis en Iraq. Los llamados de personajes como el excanciller ruso Igor Ivanov a que "considerando las amenazas que nos rodean, tenemos que encontrar la forma de salir del lío ucraniano lo más pronto posible" desafortunadamente atraen a muchos, pero nos invitan a ignorar nuestros intereses auténticos.

En la cumbre de la OTAN que se llevó a cabo en Gales en septiembre no pareció que fuera importante el tema de Ucrania. Su resultado fue algo parecido a un plan para ISIS y algunos paliativos para la próxima posible crisis en Europa del Este, que comprenden intensificar la seguridad en Polonia y los países bálticos. Pero se hizo poco para ayudar a Ucrania en este momento. Los aplausos interrumpieron en 40 ocasiones el discurso que Petro Poroshenko, el presidente de Ucrania, dio ante el Congreso, aunque su agudo comentario de que "no se puede ganar una guerra con mantas" solo logró que se recaudaran 54 millones de dólares (unos 689 millones de pesos) en asistencia no letal.

Claro que ISIS es enormemente importante. La crisis humanitaria en Siria e Iraq involucra a más de 10 millones de refugiados y personas desplazadas internamente. Se justifica que la amenaza de que los yihadistas regresen a casa, especialmente a países como Reino Unido, sea una de las principales preocupaciones. La cuestión, en primer lugar, es por qué tanta gente salió de Reino Unido para pelear. 

Pero además del problema del reclutamiento de militantes y del efecto búmeran del terrorismo en Europa, este no es un asunto sobre el entorno europeo.

Por otro lado, Ucrania es la frontera de Europa, literal y metafóricamente. El modus operandi de Rusia, del que las acciones más recientes en Ucrania son solo la parte más visible, no solo es un desafío al orden europeo, sino un desafío que hace explotar peligrosamente los muchos problemas que existen dentro de la Unión Europea.

Así que aquí hay una lista de razones para estar preocupados. Rusia no ha terminado, ni siquiera en Ucrania. Los territorios que sus intermediarios controlan en la región de Donbass no tienen sentido histórico ni económico. Crimea está aislada.

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Rusia también quiere que Ucrania fracase. La historia que empezó con el levantamiento de febrero en Kiev tenía el fin de cambiar a Ucrania para mejorar. Luego se volvió la lucha de Ucrania por sobrevivir como Estado. Los electores ucranianos demostraron en las elecciones de octubre que deseaban intensamente que las cosas estuvieran como al principio. Pero está claro que Rusia no quiere que eso ocurra. Si Ucrania no logra transformarse, será uno más de la serie de Estados disfuncionales que rodean a la Unión Europea.

Todos los vecinos de Rusia, amigos o enemigos, están preocupados. Rusia ha estado creando un espacio mediático alterno en los Estados bálticos desde hace años. Está interfiriendo descaradamente en las próximas elecciones de Moldavia.

A los Estados como Kazajistán, que tienen líderes que envejecen y minorías rusas, les preocupa que las crisis sucesorias se vuelvan crisis secesionistas. Azerbaiyán usó la crisis como excusa para emprender una represión política; las disputas con su vecino, Armenia, casi causaron una guerra en agosto.

Rusia y Ucrania están enzarzadas en una espiral de decadencia económica. Se pronostica que el PIB de Ucrania caerá un 10% este año. Ucrania también tiene una crisis humanitaria: la ACNUR estima que la cantidad de desplazados internos era de 445,000 hasta el 10 de noviembre. La economía rusa ya agonizaba antes de que los precios del petróleo comenzaran a caer.

Los Estados de la Unión Europea, como Alemania, finalmente empezaron a sentir el peso de las sanciones, lo que ocurre desafortunadamente en un mal momento ya que la zona euro se está estancando otra vez.

Ninguno de los escenarios luce bien: que Putin sobreviva a las penurias o la economía rusa realmente colapse; que las penurias provoquen una crisis interna en Rusia, o que los países moderados de la UE diluyan las sanciones antes de que dejen sentir todos sus efectos.

Rusia será blanco fácil de la retórica radical mientras Estados Unidos se enfila hacia las elecciones de 2016 ya que hay pocos intereses empresariales estadounidenses en Rusia.

Lo que ocurra en Ucrania también es crucial para lo que ocurra más allá de Ucrania. Los proyectos como el gasoducto del sur tienen más importancia por la corrupción que propician en Europa que por la energía que pueden transportar. Rusia ve con buenos ojos que Serbia se incorpore a la UE con el fin de tener otro Estado miembro de su lado.

Rusia no creó partidos anti-UE de izquierda y de derecha, ni movimientos nacionalistas opositores a los Estados-nación de la UE, tampoco propició el cinismo posmoderno que reina entre la juventud europea. Sin embargo, sus canales propagandísticos y los trolls de internet los empujan poco a poco. El lema de Rusia en estos días es "cuestiona más", no creas todo lo que decimos sobre Rusia. Su estrategia es sembrar la duda, el cinismo y las teorías de conspiración en Occidente.

La propaganda específica sobre Rusia o Ucrania queda enterrada en una mezcla posmoderna. Se avecina un invierno difícil. Si las sanciones persisten en los niveles actuales, Rusia sentirá los efectos en seis meses. Pero Ucrania tiene que llegar antes y el riesgo de que haya más crisis y de que el conflicto se reanude es muy real.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Andrew Wilson.

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