OPINIÓN: La nueva etapa del espacio Iberoamericano

Caras nuevas y viejas se estrenan y se despiden de esta Cumbre Iberoamericana en Veracruz en la que participan 22 naciones
Cumbre Veracruz
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Rina Mussali
Autor: Rina Mussali | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Rina Mussali es analista, internacionalista y conductora de Vértice Internacional y de la serie 2014: Elecciones en el Mundo, en el Canal del Congreso. Síguela en su cuenta de Twitter: @RinaMussali

BOCA DEL RÍO, Veracruz La XXIV Cumbre Iberoamericana que se realiza bajo la presidencia pro tempore de México, tiene como dedicatoria desmarcarse de la imagen pasiva y desangelada de ediciones anteriores.

A diferencia de otros años, esta Cumbre trae como bandera la renovación del proceso iberoamericano sellado en Cádiz en el cual se estrenan dos liderazgos ineludibles: Felipe de Borbón que con su llegada al trono español busca brindar tintes rejuvenecedores a los lazos de cooperación entre la península ibérica y los países de América Latina, y Rebeca Grynspan, la nueva Secretaria General Iberoamericana, quien releva en el cargo a Enrique Iglesias con la consigna de consolidar las reformas a la Conferencia Iberoamericana.

México hace todo lo posible para llenar las sillas presidenciales y evitar lo que sucedió en la pasada Cumbre Iberoamericana de Panamá en donde se registró el mayor número de ausencias presidenciales dentro del récord iberoamericano. El esfuerzo por asegurar la presencia de los máximos líderes llevó al canciller José Antonio Meade a visitar La Habana varias veces durante este año, bajo la tónica del relanzamiento de la relación entre México y Cuba e incluyó la labor de convencimiento fallida de José Manuel García-Margallo, el canciller español que sufrió el desplante de Raúl Castro de no recibirlo, aún cuando éste declinó entrevistarse con la disidencia política.

Y es que la presencia cubana al más alto nivel se antoja clave por el efecto arrastre que pudiera tener para los países que practican el socialismo bolivariano del siglo XXI.

Caras nuevas y viejas se estrenan y se despiden de esta Cumbre Iberoamericana en Veracruz en la que participan 22 naciones. Los presidentes de Costa Rica, El Salvador, Honduras y Panamá acuden como parte de sus actividades en su primer año de gobierno, mientras que la presidenta chilena Michelle Bachelet estrena su regreso a estas actividades birregionales tras su reelección no consecutiva. Bajo la ola reeleccionista de América Latina el espacio queda garantizado para Dilma Rousseff, Juan Manuel Santos y Evo Morales, los presidentes de Brasil, Colombia y Bolivia que enfrentaron el mandato de las urnas en este 2014.

Uno de los asientos vacíos es para Cristina Fernández de Kirchner, la mandataria argentina quien no asiste a la Cumbre de Veracruz por razones médicas y la que traspasa su lugar al nuevo presidente de cara a las elecciones generales del 2015.

Por su parte, José Mújica, el mandatario de Uruguay se despide de sus colegas, siendo el presidente mejor reconocido por el carácter progresista y libertario de su gobierno, así como por su estilo de vida humilde y austero que le pasa la estafeta a Tabaré Vázquez, el expresidente que gobernó Uruguay del 2005 al 2010 y quien regresa bajo la carta oficialista e izquierdista del Frente Amplio (FA). No perdamos de vista que la delegación uruguaya en Veracruz está integrada por Luis Almagro, el canciller y candidato que se destaza junto con el guatemalteco Eduardo Stein para ocupar la Secretaria General de la OEA, tras la carrera sucesoria del 2015 por el reemplazo de José Miguel Insulza.

México como anfitrión de la Cumbre de la Renovación en Veracruz y cuna de su nacimiento ha sido una voz promotora del cambio. Junto con Panamá y Colombia -países de la Troika- buscan poner en práctica las recomendaciones del Informe Lagos en el que también participó Patricia Espinosa, la excanciller mexicana.

Los aires renovados buscan establecer una alternancia con las Cumbres celebradas entre la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) con la Unión Europea (UE) por lo cual los encuentros iberoamericanos de Jefes de Estado y Gobierno se celebrarán cada dos años bajo un formato más dinámico en aras de permitir un mayor espacio de diálogo entre los tomadores de decisiones, así como reforzar las áreas de acción relacionadas con la cultura, innovación, educación y cohesión social dentro de la Secretaria General Iberoamericana (SEGIB).

Las reformas también tocan los temas del dinero y presupuesto. Un cambio gradual de cuotas de los países miembros se espera se defina en Veracruz. De una formula del 70/30% con cargo mayoritario a España y Portugal, ahora se busca transitar al 65/35% alentando un mayor peso y talla financiera a los países latinoamericanos. México, Venezuela, Argentina y Colombia se espera sean los mayores contribuyentes de este nuevo reparto.

LAS CONVERGENCIAS Y DIVERGENCIAS

Bajo una confluencia de actores y voces dentro de la familia iberoamericana saltan objetivos comunes pero también disgregadores. Quizá uno de los mayores baluartes de este espacio sean las relaciones México-España, un entendimiento singular que se palpa bajo una cooperación multitemática y de alianzas con el sector público, privado y social que también se benefician del Acuerdo Global y de la Asociación Estratégica que existe entre México y la Unión Europea.

Las afinidades históricas, culturales y lingüísticas son los elementos fijadores de la identidad iberoamericana que alienta los canales diversos de la cooperación. Sin embargo, la diversidad es la divisa que se teje entre culturas dominantes y mezcladas.

Las divergencias que se dejaron sentir hace dos años con las relaciones conflictivas entre España y Argentina, cuando la presidenta Cristina Fernández de Kirchner avaló el proyecto de expropiación de la compañía petrolera española YPF Repsol, uno de los hechos que más conmocionó a las relaciones euro-latinoamericanas e iberoamericanas y que encontró nudos en las lentas negociaciones del Acuerdo Interregional entre la Unión Europea y el Mercosur, así como en las reacciones encontradas entre los países del ALBA y las naciones más conservadoras como México y Chile que en su momento se pronunciaron en contra de la medida argentina.

La heterogeneidad es una característica inherente en América Latina. Nuestra región disímil batalla con proyectos políticos distintos que van desde la derecha más ortodoxa hasta los países que practican la izquierda radical del socialismo del siglo XXI. Nodos geopolíticos que cobijan iniciativas comerciales distintas entre el Mercosur –más ligado a China- y la Alianza del Pacífico –más ligada a EE.UU.- Sin embargo, el papel que México y Chile han jugado para acercar a estos dos bloques económicos y comerciales para facilitar la convergencia, ha sido un bálsamo sanador para la integración regional que no encuentra respuestas fáciles.

LOS FOCOS DE ALERTA

Los signos del descrédito se han materializado en la península ibérica. Hace unas semanas Portugal, fue sorprendido por la detención del exprimer ministro José Sócrates debido a un escándalo de corrupción, y la España de Mariano Rajoy que sufre una ola de descalabros por la falta de transparencia de los dos partidos políticos tradicionales que han sellado la desconfianza ciudadana y que lo han hecho pedir perdón. Un panorama que se cuela con una recuperación económica que todavía no se palpa entre los ciudadanos, un desempleo juvenil que ronda el 50% y con las relaciones conflictivas con sus comunidades autónomas que buscan profundizar sus lazos de independencia frente a Madrid.

No saquemos del radar el surgimiento del nuevo partido Podemos en España y el contexto que se vive de cara a las elecciones del 2015.

América Latina no se escapa del desprestigio que vive la política. El caso de corrupción de Petrobras casi le cuesta la segunda vuelta electoral a la presidenta Dilma Rousseff, quien después de una jornada llena de giros y sobresaltos logró encumbrarse por un segundo mandato, así como la convulsión ciudadana que se anida en México frente a los casos de Tlatalaya y Ayotzinapa que han levantado las campanas del escrutinio internacional y volcado la imagen de México en el mundo, dejando una estela de dolor, indignación y desesperanza entre los mexicanos frente al descobijo del Estado y crimen organizado trasnacional.

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En el espacio iberoamericano convergen gobiernos, empresas, legisladores y académicos, entre otros actores, pero ¿Cómo convertir este espacio en patrimonio ciudadano? La política exterior que debe servir como palanca para el desarrollo político, económico y social y que debe poseer la brújula del beneficio ciudadano.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Rina Mussali.

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