OPINIÓN: Y las redes sociales acorralan a la televisión

El creciente papel de las redes como medio alternativo de información y opinión ha puesto en jaque el lugar monopólico de las televisoras
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Ricardo Monreal Ávila
Autor: Ricardo Monreal Ávila | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Ricardo Monreal Ávila es diputado federal por Movimiento Ciudadano y líder de la bancada en San Lázaro de este partido; es licenciado en Derecho por la Universidad Autónoma de Zacatecas y doctor en Derecho Constitucional por la Universidad Nacional Autónoma de México. Síguelo en su cuenta de Twitter: @ricardomonreala

(CNNMéxico)— El Teletón sufrió en esta ocasión para cumplir su meta recaudatoria. Hubo necesidad de prolongarlo más horas de lo programado para cubrir las expectativas.

¿Las causas? El periodista Carlos Loret de Mola, señala algunas: "Estancamiento económico, comedia en lugar de drama, ONU y Ayotzinapa-casa blanca. Teletón deberá estudiar cuál de los factores pesó más" ("El Presidente, su esposa, Televisa y el Teletón", El Universal, 9 de diciembre, p. A5).

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Hay otro factor. El creciente papel de las redes sociales como medio alternativo de información y opinión que ha puesto en jaque el lugar monopólico y preponderante de la televisión mexicana como moldeador de la opinión pública nacional.

Son dos esquemas de comunicación política y social los que realmente están enfrentados. Uno vertical, unidireccional y con nula interactividad, como es la televisión, donde el sujeto activo es el emisor y el pasivo es el receptor; frente a otro que es horizontal, multidireccional, de retroalimentación inmediata, donde la relación emisor-receptor es cambiante y múltiple, como son las redes sociales.

Retomando una conceptualización célebre de Umberto Eco, mientras la televisión genera auditorios integrados, las redes configuran públicos apocalípticos.

El comportamiento de unos y de otros es también opuesto: los integrados son "políticamente correctos", alineados e institucionales, mientras los apocalípticos son iconoclastas, irreverentes y revolucionarios. Los primeros son los pilares del establishment, cualquiera que sea su signo ideológico; los segundos son los detractores y opositores del mismo.

Cualquiera que sea el régimen político, monarquía teocrática (Túnez), presidencia imperial (Egipto y Libia), Monarquía parlamentaria (España) o protectorado económico (Hong Kong), el conflicto entre la televisión y las redes sociales por moldear la conducta de los ciudadanos es inevitable, como inevitable ha sido –hasta ahora—que las redes salgan adelante en ese diferendo.

En México, el primer desencuentro entre la televisión y las redes sociales se presentó en la elección presidencial del 2012. Abiertamente tuvieron candidatos opuestos. La primera, el candidato del PRI; las segundas, el candidato de las izquierdas. La identificada como “candidata del gobierno”, la del PAN, quedó fuera de esa polarización y, por lo tanto, en tercer lugar.

El segundo gran diferendo entre ambos canales de comunicación lo acabamos de presenciar en el caso de la casa blanca de Las Lomas. Las redes sociales se encargaron de desmontar, desacreditar e ironizar la explicación oficial sobre la adquisición de ese inmueble, donde el nombre de Televisa salió a relucir como una de las fuentes del dinero con que se habría adquirido el inmueble. Por esta asociación, el descrédito de la versión oficial sobre la casa blanca alcanzó también a la principal televisora privada del país.

El sketch de Eugenio Derbez en la inauguración del Teletón no tenía como destinatario el auditorio integrado de la televisión que lealmente coopera cada año, sino a los apocalípticos de las redes sociales que se habían encargado unos días antes de cuestionar el evento estrella de la filantropía mediática.

Por ello, entre las dificultades para alcanzar las metas del Teletón este año habrá que apuntar los cuestionamientos y llamados a no donar que se hicieron desde la némesis o contrapeso a la televisión que son las redes sociales.

¿Qué tanto tiene que ver en este creciente diferendo el hecho de que los dueños de las televisoras mantengan un conflicto económico con el dueño de la principal proveedora de servicios de internet en el país, por el control del mercado de las telecomunicaciones? Es un factor que en su momento habría que considerar y evaluar.

Lo que sí es un hecho verídico y verificable es que estamos en un momento de transición de la televisión como factor dominante en la modelación de conductas políticas de los ciudadanos a otro donde las redes sociales están moldeando conductas y expresiones alternativas.

La televisión sigue teniendo hasta el momento el peso mayoritario en esta partida, pero cada vez batallando más para alcanzar sus objetivos, como lo demostró el Teletón.

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Es cuestión de tiempo para que los jóvenes apocalípticos de hoy (libertos les llamarían en el Ágora Griega) rebasen en cantidad y calidad a los integrados de ayer para que la disputa se defina a favor de los nuevos medios alternativos de comunicación social.

Ese punto de inflexión se podría dar en el 2018. Con el paso acelerado de penetración y credibilidad que están teniendo las redes entre los nuevos electores mexicanos, usted puede ir haciendo desde hoy una apuesta razonablemente confiable: el próximo presidente de México no será el favorito de la televisión, sino el de las redes sociales.

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