4 lecciones de las charlas secretas de Estados Unidos y Cuba

Pese a hostilidades tuvieron interés en negociar, dicen William M.LeoGrande y Peter Kornbluh; Fidel Castro y Cuba siempre pidieron igualdad de condiciones en las pláticas, señalan.
obama reestablece relacion cuba 2014  (Foto: Reuters)
William M.LeoGrande y Peter Kornbluh*
NUEVA YORK (CNN) -

Los presidentes frecuentemente llevan diálogos diplomáticos delicados en secreto, porque el furor de la atención del público hace políticamente imposible llegar a las concesiones necesarias para un acuerdo.

Estas conversaciones secretas son usualmente claves para los avances diplomáticos, como se conoció este miércoles con la impresionante revelación sobre las discusiones entre Washington y La Habana, que se mantuvieron en secreto por algunos meses.

La iniciativa de amplio alcance de Barack Obama recuerda a las conversaciones secretas que Henry Kissinger tuvo con Pekín, para preparar el terreno a la histórica apertura diplomática del presidente Richard M. Nixon a China.

Cuando el simple acto de hablar con un adversario es demasiado sensible políticamente, los presidentes pueden recurrir a un emisario privado, pese a los riesgos de confiar en diplomáticos aficionados. Obama ha tenido la ayuda tanto de Canadá como del Vaticano para alcanzar estos acuerdos.

En nuestro reciente libro, "Back Channel to Cuba: The Hidden History of Negotiations between Washington and Havana" (Canales extraoficiales con Cuba: La historia secreta de las negociaciones entre Washington y La Habana) descubrimos decenas de contactos diplomáticos secretos y negociaciones.

A pesar de lo que Kissinger llamaba el "perpetuo antagonismo" entre Estados Unidos y Cuba, hay una rica e interesante historia de diálogos entre ambos países en los últimos 50 años.

Hay lecciones que aprender del medio siglo de conversaciones por canales extraoficiales y sobre qué funciona y qué no cuando se llevan adelante negociaciones secretas.

Lección 1

Una historia de enemistad vuelve a los adversarios cautos. Tampoco quieren aparecer realizando concesiones muy fácilmente. Los gestos de buena voluntad pueden no ser correspondidos y la aparente obstinación de una parte puede condenar al proceso diplomático antes de que se inicie.

Cuando Fidel Castro estaba en el poder, por ejemplo, temía que cualquier concesión a una demanda de Estados Unidos fuera interpretada como una debilidad y llevaría a que se redoblarán los esfuerzos para derrocarlo.

Cuando Castro envió un mensaje secreto al presidente Lyndon B. Johnson en 1964 ofreciendo conversaciones, incluyó una advertencia: "Díganle al presidente que no debe interpretar mi actitud conciliadora, mi deseo de conversar, como una señal de debilidad".

La Habana en general ha querido que Washington no sólo dé el primer paso para un acercamiento, sino varios de los pasos iniciales.

"Fidel Castro quiere negociar una mejoría de las relaciones con Estados Unidos", decía un cable clasificado de la CIA de 1975. Pero "no está apurado", "sus demandas serán duras" y "espera que Estados Unidos dé el primer paso formal".

Lección 2

Medidas para generar confianza pueden mitigar gradualmente las sospechas. Los negociadores frecuentemente comienzan con pequeñas cosas con esperanzas de que resolverlas pueda abrir la puerta a avances mayores o a problemas más difíciles.

Este acercamiento parece lógico, pero en el caso de Cuba incluso los avances significativos en pequeños asuntos no han llevado a relaciones normales.

La razón es la oportunidad. Despejar la maleza de asuntos secundarios sólo permite avances diplomáticos significativos si ambas partes tienen la voluntad política para dar el paso. En las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, la oportunidad nunca ha sido muy adecuada, hasta ahora.

Cuando Washington estuvo más interesado en la normalización, Cuba le daba una mayor prioridad a la independencia de su política exterior en África y América Latina. Cuando La Habana era la más interesada, especialmente desde el fin de la Guerra Fría, Washington veía poco que ganar.

Lección 3

La política local es siempre un factor. Los gobiernos, incluso los demócratas, siempre enfrentan restricciones locales para relajar su política exterior. Los acuerdos diplomáticos exitosos deben considerar no sólo los intereses de la política exterior de los dos lados, además deben poder defenderse en casa.

Desde la década de 1980, la influencia política de cubanos-estadounidenses conservadores ha sido un importante obstáculo a cualquier mejora significativa de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Pero su injerencia política está menguando.

En los últimos años, la segunda y tercera generación de cubanos-estadounidenses se ha movido a posiciones más moderadas, haciendo que sea más seguro para los presidentes hacer llamados a cambios de la política de Estados Unidos hacia Cuba, como ha hecho repetidamente Obama. Y finalmente ha permitido conversaciones para una apertura completa de las relaciones diplomáticas.

Cuando Estados Unidos se sienta a la mesa de negociación con un país más pequeño y débil, usualmente hace demandas que nunca haría a un par. La parte más débil usualmente insiste en ser tratado como un igual, a pesar de la realpolitik. El deseo de Cuba de ser tratada con un respeto total por su soberanía nacional ha sido un asunto constante en sus comunicaciones con Washington desde 1959.

Como le dijo Castro a diplomáticos estadounidenses durante negociaciones secretas en 1978: "Quizás porque Estados Unidos es una gran potencia siente que puede hacer lo que quiere. Quizás es idealista de mi parte, pero yo nunca acepté las prerrogativas de Estados Unidos. Nunca acepté y nunca aceptaré la existencia de una ley diferente y reglas diferentes".

Washington, por otro lado, desde hace mucho se siente con derecho a hacer lo que demande la realpolitik. La incapacidad de los políticos estadounidense para renunciar a la idea de que pueden negociar los términos del sistema social y político de Cuba ha sido por mucho tiempo un obstáculo irremontable.

Lección 4

No obstante, la más irresistible lección de la larga historia de la confrontación desde la revolución de Castro en 1959 es, de alguna manera, la más sorprendente.

A pesar de las guerras secretas de la CIA e intentos de asesinatos de Castro, de Bahía de Cochinos, de la Crisis de los Misiles, del apoyo de Cuba a revoluciones en África y América Latina y una serie de batallas menos importantes, cada presidente desde Dwight D. Eisenhower ha encontrado una razón para negociar con Cuba. Siempre ha habido un terreno común y alguna esperanza de superar las diferencias en la mesa de negociación.

Las negociaciones han obtenido éxitos importantes desde la liberación de prisioneros a la paz en el sur de África.

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Ahora, tras medio siglo de hostilidades, las negociaciones finalmente han llevado a Cuba y a Estados Unidos al camino de volver a tener relaciones normales, lo que sólo puede beneficiar a los pueblos de ambos países.

*Autores del libro Canales extraoficiales con Cuba: La historia secreta de las negociaciones entre Washington y La Habana

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