OPINIÓN: Los líderes en Davos deben actuar ya ante los problemas mundiales

Para resolver los apremiantes problemas mundiales se requiere valor y decisión, no solo de los líderes políticos, sino de la sociedad
Kofi Annan  Kofi
Autor: Kofi Annan, especial para CNN | Otra fuente: 1

Nota del editor: Kofi Annan fue el séptimo secretario general de Naciones Unidas y es fundador y presidente de la Fundación Kofi Annan. En 2001, él y la ONU recibieron el Premio Nobel de la Paz.

(CNN)— Los horribles acontecimientos en París y en el norte de Nigeria han puesto de relieve una vez más lo atormentado y fragmentado que está nuestro mundo. El extremismo y el sectarismo religioso alimentan al terrorismo y los conflictos generalizados han obligado a millones de personas a huir de Siria, Iraq y otras partes. El nacionalismo agresivo y las políticas basadas en los prejuicios y en una noción falsa de identidad aumentan en muchos países. Las enfermedades y el hambre siguen cobrando un alto costo.

No obstante, sabemos qué hay que hacer, por ejemplo, para poner fin al desastre del ébola, para detener el cambio climático, para erradicar el hambre en nuestro mundo y para iniciar el difícil proceso de cerrar las profundas brechas que dividen a nuestras sociedades. Nuestro fracaso no se debe a la falta de conocimientos o de recursos mundiales, sino de liderazgo y decisión de parte de los políticos, pero también de toda la sociedad.

En el centro de todas las discusiones que se lleven a cabo en Davos, esta semana, debe estar el cómo arreglar esto.

Empecemos con el ébola. Conocemos esta enfermedad desde hace 40 años, lo letal que es, como se transmite y cómo prevenir el contagio. No obstante, hemos perdido miles de vidas a causa de la epidemia en África Occidental y apenas ahora se han movilizado, tanto al interior de los países afectados como desde el exterior, los recursos para detenerla.

Necesitamos aprender las lecciones y asegurarnos de movernos mucho más rápida y eficazmente antes de que esas enfermedades letales se arraiguen. Los meses pasados también han dejado ver la necesidad de que las grandes farmacéuticas inviertan más en la investigación de enfermedades que se presentan en los países más pobres. Los avances extraordinarios en el combate a algunas de las enfermedades más letales del mundo a través del desarrollo y la distribución de vacunas demuestran lo que se puede lograr si emprendemos un esfuerzo colectivo.

En segundo lugar, África, que cuenta con la tierra cultivable menos explotada del mundo, tiene el potencial de ayudar a poner fin a la crisis mundial de la seguridad alimentaria y la nutrición. Sin embargo, no se cultivan los alimentos suficientes para alimentar a su propia población.

Los gobiernos de África han reconocido que son responsables de implementar las políticas y de generar las inversiones que permitirán que los agricultores del continente, grandes y pequeños, produzcan los alimentos necesarios. Deben crear la infraestructura mejorada que esta ambición exige. Las empresas también deben responder, particularmente dando a los pequeños agricultores acceso a las variedades de cultivos, técnicas y mercados nuevos.

El tercer ámbito en el que es crucial el liderazgo es la crisis climática. ¿Cómo es posible que las conferencias sobre cambio climático sigan fracasando en la misión de proveer avances si la ciencia ha manifestado tan claramente que se cierne una amenaza sobre las generaciones venideras y sobre nuestro planeta?

En diciembre debe llegarse a un acuerdo mundial en París, relativo al marco y las políticas necesarias para detener el cambio climático. Los líderes políticos deben ver más allá del siguiente ciclo electoral. La sociedad civil ha entendido en gran medida qué es lo que hay que hacer. Creo que las corporaciones reaccionarán rápido ante el desafío, ya que muchas lo han hecho. No hay un ejemplo más claro de los ámbitos en los que es necesario redescubrir nuestros valores comunes. Hay buenos indicios de que esto se empieza a entender, cuando menos.

En cuarto lugar, sabemos que los procesos de paz exitosos son nuestra única oportunidad de escapar de la espiral de violencia.

Sin la decisión para resolver abiertamente el pasado y sin que los líderes muestren el valor de dar a las comisiones de paz la independencia que necesitan, las soluciones serán irregulares. Se necesita valor para abordar de forma genuina los derechos de las víctimas, pero es fundamental para que las heridas sanen permanentemente. En un mundo sumido en el conflicto, este valor será más esencial que nunca. La comunidad internacional necesita hacer más para apoyar a los países que pasan por este proceso a menudo difícil.

Finalmente, hay una necesidad apremiante de defender la democracia y las elecciones. Aunque casi todos los países celebran elecciones en la actualidad, la confianza de la gente en la democracia decrece. Son demasiados los países en los que los líderes políticos manipulan el proceso para negar a sus ciudadanos el poder de decidir. Aún en las democracias maduras hay una creencia cada vez más difundida de que las elecciones no cambian gran cosa y que la élite política solo atiende a sus escasos intereses.

En 2015, los líderes tendrán una vez más la opción de usar las elecciones para dotar a sus regímenes de una apariencia de legitimidad democrática o de garantizar un terreno de juego equitativo, de respetar la confidencialidad del voto y, sobre todo, de aceptar pacíficamente el resultado. Aun cuando el margen de triunfo fue estrecho, las elecciones presidenciales exitosas y la transmisión pacífica del poder en Indonesia, la tercera mayor democracia del mundo, dan esperanzas reales para el futuro.

Dar respaldo a la integridad de las elecciones en África y en otros países será un ámbito al que tanto yo como mi fundación consideramos prioridad particular para este año, al igual que todos los demás desafíos.

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En épocas de incertidumbre, es demasiado fácil rendirse al temor y retroceder, hacer una introspección y pensar a corto plazo. Pero lo que se necesita urgentemente es una habilidad en la política, así como en el ámbito empresarial y en la sociedad como un todo, de mirar más allá de las fronteras nacionales, de las siguientes elecciones o de los resultados del trimestre. Esta debe ser el sustento no solo de las discusiones en Davos, sino de todos nuestros actos como electores, ciudadanos y consumidores en los meses y años por venir.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Kofi Annan

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