OPINIÓN: La verdad sobre la seguridad fronteriza

EU debe abandonar un sistema que no distingue adecuadamente entre los cruces de trabajadores y los peligros reales a la seguridad
Frontera México -Estados Unidos  Frontera
Autor: Todd Rosenblum | Otra fuente: 1

Nota del editor: Todd Rosenblum es presidente de National Security Outcomes LLC, una empresa de consultoría especializada en la prevención de amenazas emergentes. Fue subsecretario interino de Defensa Nacional en el Pentágono y subsecretario adjunto de Inteligencia del Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos.

(CNN)— El debate de la inmigración en Estados Unidos está al rojo vivo porque los detractores del presidente Barack Obama no solo creen que carece de las facultades para actuar sin el consentimiento del Congreso, sino que tampoco debe cambiar las prioridades internas de seguridad sin antes "asegurar la frontera".

La verdad es que lo más importante que el Congreso puede hacer para mejorar significativamente la seguridad fronteriza de Estados Unidos es aprobar una reforma inmigratoria integral.

Es muy frecuente que se crea que la seguridad fronteriza se traduce en evitar la entrada ilegal de gente y mercancías a través de las líneas divisorias. Sin embargo, la seguridad fronteriza también consiste en asegurar el flujo seguro y eficiente del comercio y aumentar el comercio internacional. Una reforma integral servirá para ambos propósitos, mientras que nuestro enfoque actual no sirve para ninguno.

Lo digo porque he hecho incontables viajes a la frontera entre México y Estados Unidos. He visto de primera mano que nuestro enfoque actual respecto a la vigilancia de la frontera se basa en objetivos poco claros y en parámetros no medibles que ocultan los fracasos.

El fracaso en asegurar la frontera no se debe a la falta de esfuerzo. El Congreso ha aprobado al menos cuatro leyes en las que se autorizan incrementos a la cantidad de personal de la Patrulla Fronteriza desde 1986. En 1980 había 2,268 agentes de la Patrulla Fronteriza en la frontera suroccidental de Estados Unidos; durante la presidencia de Obama, esa cantidad creció a un máximo histórico de 21,730. Había 22 kilómetros de cercas en la frontera en 1990; durante esta administración, se erigieron casi 1,040 kilómetros de cercas y se incrementó radicalmente la capacidad de vigilancia móvil.

No obstante, hay pocas pruebas de que podremos resolver este problema por medio del gasto. En unos estudios que llevaron a cabo hace poco la Universidad de Princeton y la Universidad de California en San Diego, se llegó a conclusiones poco entusiastas respecto a la capacidad para detener los cruces fronterizos ilegales. Fuimos capaces de detener solo al 30% de las personas que intentaron cruzar la frontera entre 1996 y 2009, según los estudios.

El solo gastar más dinero o agregar agentes no asegurará la frontera, sino que también complicará el comercio. Los países buscan la máxima seguridad sin obstruir el comercio, pero no pueden tener fronteras totalmente abiertas si quieren una seguridad real. Podemos construir más cercas, identificar más rutas e inspeccionar más vehículos, pero solo si estamos preparados para disminuir en gran medida el libre flujo del comercio. Estados Unidos optó sabiamente por una estrategia equilibrada.

La razón principal por la que no lograremos nuestros objetivos de seguridad nacional con mayor eficacia es que las políticas de Estados Unidos, desde la década de 1980, consideran todas las incursiones fronterizas como amenazas al territorio nacional de la misma naturaleza. Esto disminuye la capacidad de impedir que las amenazas auténticas (tales como los cárteles del narcotráfico, los traficantes de personas y los terroristas potenciales) "inunden la zona" y logren entrar al territorio estadounidense.

Estos criminales saben que se inspeccionará e incautará solo una pequeña proporción de sus mercancías y vehículos. Para ellos, este es el precio de hacer negocios. A menos que empecemos a priorizar las amenazas y a facilitar la entrada legítima de migrantes económicos comprobados, el análisis del factor costo-beneficio seguirá favoreciéndolos.

Los profesionales de la seguridad fronteriza me han dicho que la gran mayoría de los intrusos ilegales son mexicanos que buscan empleo temporal en Estados Unidos. Todos los cruces ilegales socavan la integridad fronteriza, pero los inmigrantes temporales que buscan empleo no representan una amenaza importante a la seguridad nacional.

La mejor forma de fortalecer la seguridad fronteriza sin entorpecer el comercio es que el Congreso estadounidense establezca un sistema en el que los trabajadores migrantes puedan solicitar una llave biométrica de acceso verificada para cruzar las fronteras legalmente y con seguridad. Esto liberará a nuestros agentes de seguridad fronteriza para que se concentren en evitar que los cárteles, los traficantes y los terroristas se aprovechen de las lagunas del sistema actual.

Más aún, canalizar a los migrantes económicos por cauces legales eficientes reducirá las amenazas a su propia seguridad, mejorará la dignidad humana y dará a los operadores preventivos el margen necesario para responder a un porcentaje más alto de incursiones a lo largo de los casi 3,200 kilómetros de frontera de Estados Unidos con México. Necesitamos un nuevo enfoque que parta de los riesgos, que se alimente de la información de inteligencia y que enfatice el flujo de información y la cooperación internacional. Afortunadamente, hay un precedente que da gran esperanza.

El programa Trusted Traveler/PreCheck (viajero confiable/revisión previa) de la Administración para la Seguridad en el Transporte de Estados Unidos (TSA, por sus siglas en inglés) es un modelo de revisión basado en el riesgo que incrementa nuestra seguridad y facilita el comercio. El enfoque de la TSA permite que los viajeros aprobados y revisados previamente comprueben que no son una amenaza a la seguridad y se muevan más ágilmente para facilitar los negocios internacionales. Esto permite que los agentes de la TSA se concentren en amenazas más significativas a la seguridad en la aviación.

Este enfoque basado en el riesgo es mejor para el público viajero y brinda más seguridad a un costo menor. Se puede adoptar un enfoque similar a la frontera con México si el Congreso estadounidense actúa.

Como país, no aceptamos un sistema que permita que más de la mitad de las conspiraciones terroristas tengan éxito; damos prioridad a las amenazas y perseguimos incansablemente a las células terroristas. Necesitamos adoptar el mismo enfoque estratégico a la seguridad fronteriza y abandonar un sistema que no distingue adecuadamente entre los cruces de trabajadores y los peligros reales a la seguridad de Estados Unidos.

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Al normalizar el proceso para que los migrantes que buscan trabajo entren al país, se legalizará un segmento esencial para nuestra fuerza laboral y empoderaremos a los profesionales de la seguridad para que se concentren en los verdaderos riesgos a nuestro territorio. Esto beneficiará a nuestra economía y a nuestra seguridad. Este es el momento para que el Congreso actúe.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Todd Rosenblum

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