La eurozona está rota, ¿Grecia pagará el precio?

La política del bloque impide al país resolver sus problemas, dice Premio Nobel de Economía; los mecanismos de la eurozona destinados a apoyar a sus miembros no funcionan para Grecia.
grecia bandera  (Foto: CNN)

Grecia está nuevamente en las noticias por razones equivocadas. La producción nacional está aún muy por debajo de su potencial, el índice de desempleo es extremadamente alto, el dinero está saliendo del país y no hay posibilidad de poner fin a esta situación sin la ayuda de gobiernos aliados.

El problema de Grecia ahora es que, con un nuevo gobierno de izquierda en el poder, podrían no quedarle amigos en la eurozona.

 

Pero así no deberían ser las cosas. Las políticas en la eurozona y la retórica preelectoral griega no están permitiendo una resolución justa a este problema.

 

Olvidemos por un momento las posturas políticas y las peleas en las reuniones del Eurogrupo. La verdadera pregunta es si funcionan los mecanismos de la eurozona para apoyar o rescatar a sus miembros.

 

La respuesta es claramente "no". Esto no lo aprendimos de la teoría o en la academia. Es algo que vemos en nuestras economías. Y los buenos políticos y economistas, cuando ven que algo no funciona, lo cambian.

Pero los socios de la zona euro no le están solicitando un cambio a Grecia. Le piden más de lo mismo, ignorando el estado de su economía y los deseos de su pueblo.

 

Hay muchas cosas buenas en los programas de rescate. Para que Grecia eleve su competitividad a los niveles que disfrutan sus socios, son escenciales las reformas estructurales en los mercados laborales y productivos, la modernización del sistema judicial, junto con decisiones más rápidas y las privatizaciones de las empresas estatales.

 

Pero los requisitos fiscales son demasiado estrictos para que lo programas funcionen. Hace ochenta años, aprendimos de John Maynard Keynes que no se combate la recesión con austeridad fiscal. Su mensaje es tan relevante hoy como lo fue en el auge de la Gran Depresión. Grecia está en una Gran Depresión.

 

El nuevo gobierno griego ganó las elecciones en un estado de euforia. Los griegos pensaban que su victoria significaba el fin de la austeridad, de las reformas indeseadas; que significaba un salario mínimo más alto, más empleos en el sector público y muchas otras cosas que inevitablemente habrían empujado a la economía griega más hacia el pasado.

 

Pero desde entonces, los planes son más modestos: el fin de las visitas de la troika (como se refieren en algunos países a la Comisión Europea, El Banco Central Europeo y al Fondo Monetario Internacional), y un préstamo de unos meses para comprar tiempo y repensar su programa económico. El Eurogrupo está solicitando la extensión un programa económico que llegará a su fin el 28 de febrero.

 

Esto implicaría más visitas de la odiada troika. El nuevo gobierno fue elegido, entre otras razones, bajo la promesa de no más visitas a este trío de instituciones. No puede aceptar esta solicitud después de su elección. Pero esto es lo que los socios del Eurogrupo esperan.

 

¿Qué pasa si no lo hace? Grecia tendrá que seguir adelante con los recursos que pueda recaudar a nivel nacional. Esto es suficiente para cubrir necesidades internas, pero no suficiente para pagar intereses de la deuda actual y parte de la que viene.

 

Logicamente, cualquier gobierno con este problema seguría cubirendo los salarios de sus funcionarios y cumpla con otras obligaciones de política social, pero dejaría de pagarle a sus acreedores. En otras palabras, incumpliría con el pago de sus deudas, justo lo que el primer ministro Alexis Tsipras dijo quería evitar.

 

Grecia tendría otra opción. Como ya no puede obtener euros para cumplir más con sus obligaciones, emitirá su propia moneda para cubrir gastos del sector público. El euro podría seguir circulando.

 

Esto significaría una salida efectiva de la zona euro. Podría funcionar, pero a un gran costo para ambas, Grecia y la eurozona . El euro ya no sería la moneda única que proporcionaría un cimiento en el camino hacia una Europa unida, sino un club dominado por Alemania, con miembros que entran y salen a su antojo.

 

Todo esto podría evitarse si la eurozona le otorga un préstamo a Grecia sin supervisión durante un periodo corto, digamos seis meses, para ayudar al nuevo gobierno a recuperar su equilibrio en el complicado mundo de las finanzas europeas. Parece ser una petición tan trivial en comparación con los costos del impago o de la salida del euro. Espero que veamos un acuerdo: esto es lo que la política europea parece necesitar estos días.

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*Christopher Pissarides es ganador del Premio Nobel de Economía y profesor de la London School of Economics. Las opiniones expresadas en este comentario son únicamente del autor.

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