OPINIÓN: Una Liberia nueva emergerá tras el ébola

Los liberianos que fueron de casa en casa buscando a los enfermos y dando consejos son los héroes no reconocidos de la lucha contra el virus
Huérfanos, las otras víctimas del ébola en Liberia
Autor: Chikwe Ihekweazu, especial para CNN | Otra fuente: 1

Nota del editor: Chikwe Ihekweazu es un epidemiólogo nigeriano que pasó siete semanas de 2015 trabajando con una organización internacional que apoyaba las labores contra el ébola en Liberia.

(CNN) — "Todos los días llorábamos", estas eran las palabras que una de mis colegas me decía una y otra vez en las raras ocasiones en las que nos sentábamos a tomar un trago tras un largo día en Monrovia, la bulliciosa capital de Liberia.

Ella recordaba el periodo entre septiembre y octubre en el que el brote del ébola estaba en su apogeo. "De todo el dolor al que nos enfrentábamos, las cremaciones eran lo más difícil", explicó. Sabía exactamente a lo que se refería: la cremación es lo más lejano a los entierros normales del oeste de África que uno puede imaginar.

Conforme el brote de ébola se debilita en Liberia, es fácil imaginarse que los héroes son los miles de médicos, enfermeras, epidemiólogos y organizadores extranjeros que llegaron a apoyar a un país cuando lo necesitaba y sí, estos expatriados definitivamente trajeron consigo gran conocimiento, experiencia y recursos para controlar el brote.

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Sin embargo, hay un grupo de héroes que difícilmente llegarán a los titulares de los diarios o a los que se reconocerá como tales. Son los miles de ciudadanos liberianos que fueron de puerta en puerta haciendo preguntas, buscando a los enfermos, ofreciendo consejos día tras día tras día, mes tras mes.

Cuando encuentran una persona enferma que podría tener ébola, inician el doloroso proceso de convencerlos de que es más seguro estar en una unidad de tratamiento para el ébola que en casa. La pregunta que a menudo surge es: "¿Qué pasó con todos los que entraron antes que yo? ¿Qué les pasó?".

Monrovia vuelve a despertar

Afortunadamente, parece que Liberia se está recuperando. Actualmente tiene la tasa más baja de casos confirmados de ébola desde que inició la segunda fase del brote, a mediados de 2014. Hay gran actividad en las calles y las escuelas volvieron a abrir. En todo el país hay una innegable sensación de que la gente está ansiosa por seguir con su vida.

En el Hotel Grand Royal de la avenida Tubman, la calle principal de Monrovia, el gerente espera en la popular cafetería que se encuentra en el jardín del frente. La mayoría de sus huéspedes siguen siendo los miembros de un nutrido contingente de trabajadores de desarrollo de todas partes del mundo o miembros de las fuerzas armadas y los servicios policiales que forman parte de la misión militar de la ONU en Liberia (UNMIL). Reconoce que aunque esto ha sido bueno para el negocio, habría preferido que sus clientes "normales" regresaran.

Monrovia es un lugar interesante: se siente muy del occidente de África. La comida es conocida: pescado, plátanos, arroz… con mucho pimiento rojo.

El suministro de energía eléctrica sigue siendo deficiente y la mayoría de la gente de Monrovia depende de generadores. Hay una playa hermosa pero subutilizada; es el escenario perfecto para tomar una Club lager helada por la noche.

Hay varios restaurantes y supermercados, la mayoría está a cargo de empresarios libaneses.

Mientras pasamos frente a la "mansión" presidencial, pregunto por qué parece que está vacía y me responden que hubo un incendio hace unos años y aún no han terminado la remodelación. La presidenta Sirleaf usa la oficina de la Cancillería y vive en su residencia privada, según dicen.

Desde afuera, gracias a todas las historias aterradoras sobre el ébola en la prensa popular, es fácil imaginar que Liberia es un país que está al borde del abismo, especialmente por su historia de conflictos prolongados y de guerra civil. Pero no hay nada más alejado de la verdad. Cierto, no estaba preparado para un brote de esta gravedad y magnitud como lo habrían estado muchos otros países, pero a veces no hay nada más poderoso que el dolor para unir a la gente y buscar un futuro mejor.

La vida después del ébola

De esta crisis debe emerger un país nuevo. Aunque son ciertas las historias de dictadores, guerra civil y ébola, no pueden ser la "única" historia de Liberia. En el corazón de la ciudad hay una playa hermosa, así que no hay razón para que Monrovia no sea el destino favorito de la clase media emergente del oeste de África. Liberia cuenta con muchos recursos naturales, así que tiene mucho potencial. Pero su recurso más evidente y probablemente más subutilizado es su gente.

La Universidad de Liberia es una de las instituciones de educación superior más antiguas del Oeste de África, pero ha tenido mejores tiempos. El gobierno liberiano necesita pensar estratégica y creativamente cómo canalizar la buena voluntad del mundo y la determinación de su gente en programas y proyectos que darán un nuevo rumbo a Liberia.

Podría ser posible imaginarlo en 2015, pero solo basta mirar al este, a Ruanda, para ver cómo un país puede surgir de las circunstancias más trágicas para volverse un país orgulloso y adaptable.

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Liberia se pondrá en pie, pero requerirá de liderazgo y valor. A pesar de las muchas horas de trabajo, de las tediosas reuniones, de las largas noches escribiendo reportes y reestructurando estrategias, mis mejores recuerdos sobre Monrovia serán buenos: los de un país hermoso y un pueblo adaptable.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Chikwe Ihekweazu.

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