Deflación, ¿temor justificado para los bancos centrales?

Además de una señal de deterioro, la caída de los precios refleja mayor productividad: Felix Boni; un ejemplo es Estados Unidos, cuya baja inflación es síntoma de su fortaleza económica.
BCE  (Foto: Archivo)
Felix Boni*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Aunque la deflación no es un problema para México, es un tema que está de moda en las grandes economías, especialmente la eurozona. Parece que a veces se confunde la relación causal entre el cambio de los precios y el desempeño económico con el propósito de justificar políticas monetarias expansionistas. Estas políticas pueden ser un espejismo que parece ofrecer una salida fácil y políticamente aceptable en un entorno económico complejo, en vez de tomar el camino arduo de implementar reformas estructurales necesarias.

Una de las explicaciones más teóricas de por qué supuestamente la deflación promueve el deterioro en la demanda, es que el consumidor pospondrá su gasto, ya que espera que los precios sigan bajando, y así poder comprar en el futuro los mismos bienes y servicios más baratos. Pero, así como un paciente diabético no pospondría su consumo de insulina, uno no dejaría de tomar su taza de café en la mañana por que espera que unos días cueste unos centavos menos. 

Y si el sentido común no es suficiente para argumentar en contra de esta hipótesis, se ofrece evidencia empírica al respecto: en 2014, la deflación promedio de los bienes duraderos en Estados Unidos fue de 2.5%; y al mismo tiempo, el consumo de estos bienes creció en 6.9%. Paralelamente, la inflación promedio de los servicios fue de 2.2% y su consumo aumentó únicamente en 2.0%. Por lo que se puede ver que en el caso de los bienes duraderos es más probable que la reducción de los precios haya sido un incentivo para la compra y no un pretexto para posponerlo. 

Es muy importante destacar que los bienes duraderos, los que por definición se podría posponer su consumo (como aparatos electrónicos y automóviles) continúan siendo fuertemente demandados a pesar de la caída en los precios. El consumo de otros bienes y servicios que se consideran necesarios como alimentos, medicinas, gasolina o su taza de café, difícilmente sería alterado por una caída en precios. 

Aunque en muchas ocasiones, la deflación es efectivamente un síntoma de deterioro económico, que exalta las políticas obsoletas o ausentes; en otras puede ser un síntoma positivo de avances tecnológicos y aumentos de productividad que conducen a un incremento de bienestar.

Un ejemplo del primer caso es la eurozona. La región ha tomado la reducción en los precios como justificación para emprender una política de expansión monetaria; a pesar de que Alemania se ha opuesto a este programa por ser un sustituto inadecuado a reformas impopulares como la desregulación del mercado de trabajo. El Banco Central Europeo le teme a la deflación, a pesar de que no parece que esta sea la causa del mediocre desempeño económico de la zona. 

Aunque no es una de las principales causas por las cuales la zona se encuentra estancada, sí representa un problema. Al tener deflación, incrementa el valor real de cualquier deuda, ante lo cual diversos países europeos tiemblan ante la noción, ya que muchos países, como Grecia, tienen unos tamaños de deuda exuberantes relativos a su PIB. Por otro lado, considerando un escenario de consumo estancado y con tasas de interés que penalizan el ahorro, las personas que no quieren gastar podrían verse forzadas a meter su dinero “debajo del colchón” como medio de ahorro. Por lo tanto, este dinero estaría fuera del alcance de cualquier política monetaria que busque estimular el crecimiento económico- y los europeos vuelven a temblar. 

Por otro lado, un ejemplo en el cual la deflación no es un signo de alarma es Estados Unidos. Este temor injustificado ha impulsado a que la Fed determinara que su meta no sea únicamente impedir que la inflación exceda el 2%, sino que tampoco caiga por debajo. No obstante, la baja inflación en Estados Unidos es en parte un reflejo de su fortaleza económica y no de su debilidad.

La razón por la cual se mencionaba que la deflación puede ser una señal positiva de la economía se puede ver en el caso de la tecnología. El avance entre un modelo actual y uno del año anterior es significativo, pero el precio del producto se mantiene relativamente estable en términos reales. Al mantener un precio estable en términos reales implica que el precio de cualquier avance tecnológico se reduce constantemente. A pesar de que el consumidor es consciente de que la depreciación de estos productos es muy alta, las diversas empresas que los producen enfrentan problemas para abastecer la gran demanda de los celulares o computadoras más nuevas.          

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Estas consideraciones son ajenas a México. El año 2014 se caracterizó por una inflación alta que incluso superó el límite de Banxico. En 2015 probablemente se disminuirán las presiones sobre la inflación. Por ejemplo, en 2014 la política fiscal provocó aumentos transitorios en diversas mercancías, y con la caída en las cuotas telefónicas en 2015 más el eventual incremento de la tasa de referencia de la FED junto al último gasolinazo en enero, será más fácil para Banxico aproximarse a su meta de 3%.

*El autor es Director General de Análisis de HR Ratings.

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