OPINIÓN: Adorar a un héroe puede romperte el corazón

La autora opina que no hay que perder de vista que las grandes personalidades son seres humanos que tienen defectos
Frida Ghitis
Autor: Frida Ghitis | Otra fuente: 1
NULL -

Nota del editor: Frida Ghitis escribe sobre asuntos mundiales para el diario The Miami Herald y para World Politics Review; fue productora y corresponsal de CNN. Síguela en @FridaGhitis.

(CNN) — ¿Tus héroes te están decepcionando? No eres el único. La mayoría de la gente ansía tener alguien que le dé el ejemplo, alguien a quien admirar e imitar. Pero a veces te decepcionas.

A menos que los superhéroes hagan sus hazañas asombrosas en los cómics o las películas, tarde o temprano se caen de su pedestal; tal vez los derriban y quedan tan rotos que ya no se pueden recuperar. El admirador queda con el corazón roto o desilusionado.

Si quieres admirar totalmente a alguien, no deberías verlo muy de cerca. Si quieres admirarlos de forma inteligente, debes prepararte para cierta decepción.

En el ámbito político, acaba de empezar la temporada de escrutinio y revelaciones: Hillary Clinton está bajo la lupa por el uso que hizo de su correo electrónico cuando era secretaria de Estado de Estados Unidos. Tras una conferencia de prensa que dio en Naciones Unidas, volvieron a surgir las inquietudes de que sea demasiado hermética y calculadora. Para algunos partidarios apasionados, todo esto es parte de la política republicana anti-Clinton. Pero podría generar dudas en la gente que consideraba que Clinton era un ejemplo y una inspiración. ¿Hillary es una heroína o no es digna de confianza? ¿Hay alguna respuesta totalmente diferente?

Leer: Hillary Clinton usó correo personal "por conveniencia"

En mi caso, hay dos personas en particular que alguna vez fueron héroes importantes.

Hace un par de semanas, hice un viaje a Medio Oriente y tuve la buena suerte de conocer a alguien a quien había admirado desde hace años: la presidenta de Liberia y ganadora del Premio Nobel de la Paz, Ellen Johnson Sirleaf. Tuve la oportunidad de charlar con ella y la conversación me dejó aún más impresionada. Es una mujer realmente inspiradora. Tuitée una foto de la presidenta y yo y la llamé "mi heroína", palabra que uso en pocas ocasiones. Unos momentos más tarde, un contacto de Twitter me respondió (borré ese comentario) que Sirleaf tiene pésimos antecedentes en lo que respecta a los derechos de los gays y que había anunciado que se negaría a promulgar una propuesta de ley con la que se eliminarían las sentencias de prisión para los gays liberianos.

El incidente me recordó lo que ocurrió con otra mujer a la que había admirado, la líder birmana prodemocracia, Aung San Suu Kyi, a quien también otorgaron el Nobel de la Paz. Suu Kyi soportó décadas de arraigo domiciliario y grandes dificultades personales para ayudar a liberar a su pueblo de una cruel dictadura militar que perduró medio siglo. Parecía que no había esperanzas para su misión, pero persistió valientemente.

Pero hace cuatro años, la situación cambió. El gobierno de Myanmar (antes conocido como Birmania) levantó su arraigo y ella se volvió miembro del Parlamento e influyente lideresa política. La mujer que se mantuvo firme por sus principios de repente calló frente a uno de los peores abusos que siguen ocurriendo en su país: el cruel trato a la minoría rohingya de Myanmar. Esto decepcionó a muchos de sus admiradores.

Como ocurre con Sirleaf y los temas LGBT, Suu Kyi hace fríos cálculos políticos en la cuestión de los rohingya, sopesa los costos y los beneficios y en el proceso deja a un lado los principios.

¿Eso significa que deberíamos ignorar los impresionantes antecedentes de estas mujeres?

¿Deberíamos ignorar que Sirleaf se volvió la primera mujer democráticamente electa a la presidencia en toda África y asumió las riendas de un país asolado por una cruel guerra civil para guiarlo a un futuro mejor, inspiró a los africanos a pelear contra la corrupción y mostró a las mujeres de todo el mundo que pueden hacer la diferencia?

¿Deberíamos ignorar la asombrosa capacidad que Suu Kyi tiene para llamar la atención del mundo sobre un régimen represor, pagar un enorme precio personal y triunfar a final de cuentas?

¿Deberíamos acaso ignorar sus omisiones deliberadas en asuntos políticamente inconvenientes, aunque conciernan a los derechos humanos que supuestamente son la base del impulso de esas lideresas?

El desafío para cada uno de nosotros es emitir juicios con base en nuestros propios valores.

Pensemos en Thomas Jefferson, el hombre que redactó uno de los documentos más notables de la historia de la humanidad: la Declaración de Independencia de Estados Unidos. Sus palabras ("Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales") son profundas y cambiaron la historia.

Sin embargo, ahora sabemos que Jefferson tenía un lado oscuro que incluía no solo la posesión de esclavos, sino el maltrato de los seres humanos a los que compraba y vendía.

Hay defectos humanos de todos tamaños, algunos son grandes y otros, abrumadores.

La gente más cercana a los hombres que adquirieron una condición casi de santos sabía que tenían defectos profundos. Mahatma Gandhi y Nelson Mandela fueron pésimos padres.

Steve Jobs, el hombre que nos dio nuestros amados iPhones y iPads, quien hizo irresistible la tecnología, esa magnífica adición a nuestra vida, era un patán en muchos sentidos. Era un genio, pero era, como dijo un escritor en una reseña de su biografía, "un idiota de clase mundial".

Las estrellas del deporte han roto el corazón de sus admiradores. Lance Armstrong y todos aquellos que tomaron fármacos para mejorar el desempeño, los atletas que agreden a sus esposas; el sonido de los héroes que caen en pedazos de su pedestal ha sido ensordecedor. Podemos estar seguros de que encontraríamos más pecadillos si los analizáramos con suficiente detalle.

La verdad es que no hay seres humanos perfectos. Los antiguos griegos fueron un paso más allá y dieron a sus dioses defectos humanos profundos e incluso devastadores. Tenían sus fortalezas, pero sus debilidades influían en sus decisiones, lo que los llevaba por rumbos desastrosos.

Cuando los simples mortales tratamos de decidir quién merece que lo adoren como héroe, deberíamos moderar nuestras expectativas. Los humanos decepcionan. La verdad es que casi soy alérgica a las adoraciones (a pesar de ese tuit reciente). Hay personas a las que admiro, pero creo que es mejor concentrarse en las cualidades de los individuos que me parecen inspiradores y dignos de admiración, ya sea una chica pakistaní o un personaje público particularmente valiente y sabio. Trato de apreciar los momentos de heroísmo y los rasgos personales impresionantes.

Hay políticos, actores, activistas, artistas y escritores talentosos y valientes. Pero cuando se trata de superhéroes en toda la extensión de la palabra, hay que buscar en las páginas de los cómics y en las películas.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Frida Ghitis.

Ahora ve
‘Despacito’, de Luis Fonsi, arrasa en la entrega número 18 de los Grammy Latino
No te pierdas
×