OPINIÓN: Finlandia, un mensaje para Bruselas

Cómo deshacerse de lo sueco y no caer en las garras de Rusia ha sido la constante de este país
timo soini finlandia  timo soini finlandia
Autor: Rina Mussali | Otra fuente: 1

Nota del editor: Rina Mussali es analista, internacionalista y conductora de Vértice Internacional y de la serie 2015: Elecciones en el Mundo, en el Canal del Congreso. Síguela en su cuenta de Twitter: @RinaMussali

(CNNMéxico)– Finlandia celebró elecciones legislativas el pasado 19 de abril en medio de relaciones tirantes y cada vez más espinosas que se desarrollan entre Occidente y Rusia –su país vecino-. Menos turismo, inversión y caída de exportaciones están preocupando sobremanera a Helsinki; la economía que se ha debilitado por la política expansionista de Vladimir Putin y por el sentimiento de humillación que la Madre Rusia ostenta al haber perdido la Guerra Fría.

Este país nórdico sabe que pierde en el ajedrez político por una doble vía: con las sanciones económicas impuestas de Occidente hacia Rusia y por las posibles represalias que el hombre fuerte de Rusia pudiera asignar en contra de Europa y Estados Unidos, todas ellas puntillas de un debate que calentó la palestra electoral. 

Otro tema sensible que trastocó las fibras de la elección y que tiene implicaciones no solo para Finlandia sino para el mundo entero fue el debate sobre el posible ingreso a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Recordemos que el ingreso de Finlandia a la Unión Europea (UE) y a la zona del euro marcaron un parteaguas político, económico y social para un país que siempre buscó desafanarse de Rusia, una vecindad histórica llena de altibajos que ahora enfrenta un momento delicado debido al despliegue de aviones de guerra de la OTAN que están poblando el cielo báltico. Y es que la anexión de Crimea por parte de Rusia obliga a Helsinki a reconsiderar su política de defensa y a no echar por la borda el miedo que advierten Lituania, Letonia y Estonia frente a un posible intento de Putin de agitar las minorías rusófonas en sus territorios.

Aunque Finlandia todavía no es miembro de la OTAN, muchos estrategas recomiendan dormir el tema para no crispar más el ambiente con Moscú, un tema de agenda dura para los tomadores de decisiones del mundo occidental. Recordemos que la desconfianza ha sido la divisa histórica que se ha transado en las relaciones ruso-finlandesas. Cómo deshacerse de lo sueco y no caer en las garras de Rusia ha sido la constante de este país ubicado estratégicamente al norte de Europa y en la zona del báltico, una tradicional esfera de influencia rusa.

Las relaciones con Rusia y el desempeño de la economía cobraron importancia en los resultados electorales. A Finlandia se le conoce como el hombre enfermo de Europa a pesar del perfil exportador de su economía y su sector de alta tecnología.

No olvidemos que Finlandia se vio muy afectada por la crisis financiera del 2008, una contracción de casi el 8% en 2009, siendo una de las mayores caídas de la eurozona. Caminando bajo una estricta senda de austeridad, la economía finesa enfrenta los retos del envejecimiento de la población, el endeudamiento y un déficit presupuestario que presionan hacia la implantación de reformas estructurales que todavía se antojan pendientes.

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Bajo este escenario, el Partido del Centro (KESK) con el liderazgo de Juha Sipilä recibe en brazos a una economía enferma que necesita de cuidados y atenciones para salir adelante. Una consigna que requiere de los arreglos políticos de una democracia vibrante para contrarrestar la contracción económica que se ha capitalizado en el voto del descontento y castigo a los partidos tradicionales. De esta manera se requiere formar coaliciones ante el voto fragmentado finés que obliga a construir una dinámica alejada de los bloques políticos monolíticos y rígidos.

La dinámica finlandesa es poco conocida alrededor del mundo, a pesar de ser una pieza clave en la Organización para la Cooperación y el Desarollo Económicos (OCDE), UE y eurozona, así como por la bandera histórica que ha portado a favor del Estado de Bienestar. Inclusive la educación, a la cual se destina el 6.8% de su PIB, -de acuerdo al Banco Mundial- ha bajado su nivel, pues del segundo lugar obtenido en la prueba PISA de 2007, en 2012 se posicionó en el lugar número 12.

El descontento y la falta de bonanza económica ha atestiguado el ascenso maratónico del Partido de los Finlandeses o Verdaderos Finlandeses liderados por Timo Soini, -una figura predicadora del fracaso del euro-, quien logró construir un partido populista, nacionalista y euroescéptico que tuvo su momento estelar cuando ganó más de 30 asientos en las elecciones del 2011.

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Los grandes perdedores de esta contienda electoral fueron el partido conservador del primer ministro Alexander Stubb y el partido socialdemócrata que fueron superados por el partido de extrema derecha y con tintes xenófobos. Los Verdaderos Finlandeses, quienes se colocaron como la segunda fuerza política del país -un escenario que fue descontado por las encuestas al haber relegado a este partido al cuarto lugar-. De esta manera, Bruselas y Berlín –liderados por la canciller alemana Angela Merkel- han recibido un duro golpe. ¿Surtió efecto el partido Syriza de Grecia?

Las opiniones expresadas en este texto pertenecen exclusivamente a Rina Mussali.

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