OPINIÓN: Tengo trabajo, vivo con mis padres y me encanta

Para poder pagar más rápido sus deudas estudiantiles, la autora regresó a vivir con sus padres y relata su experiencia
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Jillian Knowles, vive con sus padres  Jillian
Jillian Knowles, especial para CNN
Autor: Jillian Knowles, especial para CNN | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Jillian Knowles es iReporter de CNN, trabaja como médico asistente de emergencias en Yardley, Pennsylvania donde vive con sus padres y cuenta su experiencia al lado de ellos para CNN. 

(CNN)  Siempre imaginé que me graduaría de la universidad, conseguiría un buen empleo e incluso que tendría un lindo hogar para mí. 

Hasta ahora tengo una maestría y el mejor empleo como médico asistente de emergencias. Pero en vez de despertar en un elegante departamento, escucho los sonidos que hace el perro de la familia por las mañanas y a mis padres preparando café en la cocina.

Tengo 27 años, sigo viviendo con mis padres y me encanta.

Así es. A pesar de las opiniones negativas que ha suscitado mi generación de "millennials búmeran", algunos estamos contentos e incluso nos sentimos agradecidos de tener un sitio agradable donde llegar después de la universidad, incluso si tenemos empleos bien remunerados.

Mi decisión de vivir en casa de mis padres no surgió de la necesidad absoluta. Como médico asistente, gano un buen salario y podría vivir cómodamente por mi cuenta si tuviera que hacerlo.

Para cuando terminé el posgrado, había acumulado una deuda de 150,000 dólares (unos 2.25 millones de pesos mexicanos) por las colegiaturas de la universidad y la maestría.

Como varios de estos préstamos generan intereses del 7.9%, mi padre calculó que mi deuda aumentaba en 15 dólares (unos 225 pesos) al día tan solo en intereses. Quedé atónita. A este paso, me tomaría 30 años pagar mis préstamos estudiantiles y gran parte del dinero se iría en pagar intereses.

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Pensé en mis opciones: vivir por mi cuenta y pagar renta, servicios y alimentos además de los préstamos estudiantiles rápidamente crecientes, o mudarme a casa de mis padres y pagar una reducida renta mensual integral que me permitiría tratar de adelantar los pagos de mis préstamos estudiantiles. Elegí la segunda.

Además del interminable abasto de comidas caseras, lo mejor de volver a vivir con mis padres es que no estoy sola. Varios de mis amigos que también son médicos asistentes están en la misma situación que yo: somos empleados bien preparados que viven con sus padres.

Nuestros compañeros en el ámbito médico creen que es una gran idea porque muchos se enfrentan a la misma angustiante deuda. A menudo dicen que si pudieran hacerlo de nuevo, harían lo mismo.

Como hay tantos millennials mudándose a casa de sus padres luego de graduarse, nació el término generación búmeran. Alrededor de tres de cada diez adultos de entre 25 y 34 años en Estados Unidos viven con sus padres, según un estudio que hizo el Pew Research Center en 2012.

La cantidad de adultos jóvenes que viven en casa de sus padres llegó a su punto mínimo en la década de 1980, pero ha aumentado desde que inició la recesión en 2007.

Casi la cuarta parte de estas personas creyeron que su situación era mala para la relación con sus padres. Este acuerdo lleva un estigma. Algunas personas probablemente asumen que estamos abusando de nuestros padres o que somos demasiado perezosos como para buscar un empleo.

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No creo que mis vecinos lo entiendan, ya que continuamente preguntan cuándo me voy a graduar y si soy lo suficientemente mayor como para cuidar a sus hijos. Mi madre contrarresta rápidamente todos los comentarios negativos que nos hacen las personas que conocemos. Simplemente les dice que soy exitosa, bien preparada y que salvo vidas.

Me encanta vivir con mis padres. Hay un suministro constante de café y de gente con quien convivir, además de que a lo largo del año pasado reduje poco a poco mis deudas estudiantiles. Ya pagué 68,000 dólares (poco más de un millón de pesos), así que esas deudas no son tan repugnantes como solían ser.

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Seré honesta: tuve que acostumbrarme a volver a vivir con mis padres. Ellos fueron muy amables al abrirme una vez más las puertas de su casa mientras pisoteaba su nido vacío.

No estaba acostumbrada a que alguien me dijera a qué hora tenía que estar de regreso en casa ni que me preguntaran a dónde iba y qué estaba haciendo. Accedí a mantenerlos al tanto de mi paradero para que no se preocuparan si no llego a casa a una hora determinada.

En cuanto a mis padres, ellos han tenido que acostumbrarse a que regrese a cualquier hora del hospital, a tratar de guardar silencio cuando duermo durante el día luego de haber trabajado el turno nocturno y a soportar los horribles programas de televisión que me gusta ver.

Nuestra relación es simbiótica. Mis padres se benefician de tener un par adicional de manos en la casa para ayudar con los quehaceres y con una fuente constante de explicaciones sobre las referencias a la cultura pop.

En cuanto al romance, tengo 27 años y mi novio tiene 33. No tiene permitido subir a las habitaciones y tiene que dormir en el sofá si llega a quedarse. Afortunadamente es comprensivo y tiene su propia casa, donde paso un par de noches a la semana. 

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Como están las cosas ahora, digo que me mudaré el próximo año. Pero honestamente no tengo razón para hacerlo. Mudarme y estar por mi cuenta implica que tendría que cocinar, limpiar mi casa y hacer las compras. Sé que puedo vivir sola si lo necesito, pero en este momento no quiero hacerlo.

Tengo la suerte de tener unos padres tan amorosos y entiendo que no todos tienen la suerte de estar en esta misma situación. Agradezco que mis padres no me hayan dicho que tengo que mudarme en un momento dado.

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Si me quedo lo suficiente, tal vez llegue al punto de decirle a la gente que mis padres viven conmigo. Pero como están las cosas en este momento, yo vivo con ellos y la sociedad debería estar de acuerdo con eso.

¿Eres adulto y vives con tus padres? ¿Qué te llevó a regresar o a quedarte en casa de tus padres? 

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