OPINIÓN: Por qué ansiamos el drama de la pelea entre Mayweather y Pacquiao

A pesar de que el boxeo está en decadencia, para muchos es una muestra de la sublime e inquebrantable voluntad humana
Un cinturón mexicano para dos grandes del boxeo
Jonathan Gottschall
Autor: Jonathan Gottschall | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Jonathan Gottschall es investigador distinguido del departamento de Inglés en la Universidad Washington y Jefferson de Pennsylvania. Su nuevo libro es The Professor in the Cage: Why Men Fight and Why We Like to WatchSíguelo en Twitter: @jonathangottsch

(CNN) — Este fin de semana, se espera que millones de personas sintonicen la pelea entre dos hombres. ¿Por qué?

Ya lo exploraremos; pero primero quitemos algo del medio. La gran pelea entre Manny Pacquiao y Floyd Mayweather no salvará al boxeo, deporte que ha decaído estrepitosamente desde sus días de gloria, en el siglo XX.

Si acaso, la llamada Pelea del Siglo solo subraya los problemas del deporte, ya que dos héroes entrados en años chocan en la que podría ser la última pelea de relevancia nacional en un buen rato.

Hay muchos errores en el modelo de negocios del boxeo, pero lo único que necesitas entender es lo siguiente: la mayoría de los aficionados a los deportes no pueden nombrar a un solo boxeador activo fuera de Mayweather y Pacquiao. Algunas personas tal vez sepan que el campeón reinante del peso pesado es un altísimo ucraniano que tiene un aburrido estilo que abusa del jab, pero la mayoría no podría recordar su nombre (Wladimir Klitschko).

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El boxeo no está en decadencia porque finalmente nos dimos cuenta de su brutalidad, sino por una combinación de malos manejos catastróficos y la competencia de las artes marciales mixtas (AMM), deporte más moderno, más dinámico y menor manejado. El ascenso estratosférico del Ultimate Fighting Championship (UFC), la organización estrella de las AMM, se ha dado con la misma intensidad que la decadencia dramática del boxeo.

Tras apenas dos décadas, el UFC ha dejado de ser un espectáculo adicional raro y se ha vuelto un deporte popular. De hecho, la afición de la UFC ahora rivaliza con la del deporte de contacto más popular del mundo: el hockey sobre hielo.

Algunos aficionados proponen apologías elaboradas de los cientos de peleas a puño limpio que se desatan cada año en los partidos de la Liga Estadounidense de Hockey (NHL, por sus siglas en inglés); afirman que hacen que el deporte sea más seguro porque se castiga el juego sucio. Pero son argumentos muy débiles. Todo el mundo sabe que la NHL no ha reprimido las peleas lo suficiente como para terminar con ellas porque a los aficionados les encantan.

Como dijo alguna vez el anunciador de hockey, Don Cherry: "Cuando [el tipo duro legendario] Bob Probert peleaba, no veías que alguien se levantara de su asiento para ir por un café".

¿Pero por qué nos gusta ver las peleas para empezar? A lo largo de los 20 años anteriores, he visto el boxeo y las AMM con un espíritu de fascinación nerviosa. Ver a los peleadores patear, golpear y estrangularse me hace pensar que soy una persona civilizada. Al parecer no soy un sociópata.

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¿Entonces por qué las veo? ¿Qué hay de malo conmigo? ¿Qué hay de malo con todos nosotros? ¿Quién de nosotros no ha sentido la emoción ansiosa y culpable cuando se desata una pelea, ya sea en el patio de la escuela, en una pista de hockey o en un cuadrilátero de campeonato?

Todos afirmamos que odiamos la violencia, pero creo que protestamos demasiado. Dentro de todos nosotros hay un ser que la adora. ¿De qué otra forma podríamos explicar nuestra tendencia a la carnicería en los deportes rudos, en las películas, en los videojuegos y la literatura macabros?

¿Entonces, esa es la razón? ¿Nos atrae una gran pelea como la de Mayweather contra Pacquiao por pura sed de sangre y barbarismo? De hecho, creo que eso es solo parte de la explicación y no la más importante.

Si solo quisiéramos sangre y dolor, no nos molestaríamos con la suave violencia de las peleas en pago por evento. En vez de eso, buscaríamos en internet y veríamos videos snuff de ISIS, gratis. Pero muchas de las personas que no se sienten tentadas a ver material snuff en internet se sienten muy tentadas a ver una gran pelea. ¿Qué está pasando?

Hay grandes textos sobre el boxeo, contribuciones de escritores como Ernest Hemingway, Norman Mailer y Joyce Carol Oates. Para ellos, el boxeo no es realmente un deporte. No puedes jugar a que boxeas así como juegas tenis. Comparan al boxeo con un rito, con una religión o, sobre todo, con el teatro, con todo y actores que improvisan bajo los reflectores en un escenario.

Una pelea era un drama que suda hasta la médula… una metáfora de la condición humana entera, con todo lo noble y lo feo a la vista.

Aunque parezca una exageración, creo que nos atraen las grandes peleas más por honrar lo bueno y lo noble que por regodearnos en lo sombrío y desagradable de la naturaleza humana. Las grandes peleas crean condiciones de profunda adversidad que evocan lo que más admiramos de los seres humanos: los extremos de valor, gracia, fortaleza e incluso heroísmo.

Entonces ¿deberíamos sentirnos virtuosos mientras vemos la épica competencia entre Mayweather y Pacquiao por dañarse el cerebro? Yo no iría tan lejos.

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Tal vez esa clase de espectáculos debería abolirse, como insisten la mayoría de las sociedades médicas del mundo. La mayoría de nosotros tenemos sentimientos encontrados respecto a las peleas porque así debería ser. Una pelea exhibe lo más oscuro de la naturaleza humana: los colmillos al desnudo, la sangre, el frenético impulso de hacer daño.

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Pero todas las cosas oscuras hacen que surja lo mejor y convierten una gran pelea en una exhibición de la indomabilidad de la voluntad humana. Cuando Mayweather y Pacquiao se enfrenten en el ring el sábado por la noche, los bondadosos ángeles de la voluntad humana ansiarán mirar al otro lado… y resistir.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Jonathan Gottschall.

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