OPINIÓN: La importancia de la mujer en la toma de decisiones en México

Es necesario que se emprendan acciones institucionales que contribuyan a dar a las mujeres herramientas para desarrollar su ciudadanía
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Autor: Yuri Beltrán Miranda | Otra fuente: 1

Nota del editor: Yuri Beltrán es Consejero Electoral en el Instituto Electoral del Distrito Federal. Es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, y licenciado en Economía por la UNAM, además ha sido funcionario en el IFE y el TEPJF. Síguelo en su cuenta de Twitter:@yuribeltranm

(CNNMéxico) — "Con cada mujer que resulta electa para un cargo parlamentario y con cada niña que finaliza sus estudios escolares y se gradúa de la universidad, estamos progresando. Cada vez que un perpetrador de violencia contra las mujeres resulta procesado y llevado a la justicia y cuantas más leyes se adoptan e implementan para proteger los derechos de las mujeres, estamos progresando. Cada vez que se escucha la voz de las mujeres en las conversaciones de paz y la construcción de una nación, y cuantos más recursos se destinan a la participación plena e igualitaria de las mujeres, damos un paso adelante".

Phumzile Mlambo-Ngcuka.

Las elecciones que celebraremos este año en el país tienen un ingrediente nunca antes visto en la historia nacional: la paridad. Después de más de una década de avances, a partir de este año –por precepto Constitucional– la mitad de las candidaturas que propongan los partidos deberán ser de mujeres.

El dato es importante porque las cuotas de género han logrado ya en el país dar un peso importante a la representación de mujeres en el Congreso federal y en algunos congresos locales. No obstante, hay que aceptar, que si bien las cuotas siempre establecieron mínimos de candidaturas de mujeres (30% y 40%) que los partidos debían postular, fueron muy pocas las ocasiones en las que sobrepasaron esos mínimos. De hecho, como se demostró con la legendaria sentencia del Tribunal Electoral en la generalidad de las veces, las excepciones contenidas en la norma permitían que los partidos postularan a menos mujeres de lo que la cuota exigía.

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De ahí que el anhelo de incrementar significativamente la cantidad de candidatas pasara necesariamente por aumentar la cuota y eliminar las excepciones que permitían incumplirla.

Es evidente la enorme ventaja que contar con más mujeres candidatas tendrá en términos de inclusión democrática. A partir de esta elección, los votantes tienen un espectro mayor de posibilidades para elegir, al contar entre sus opciones con más mujeres. Probablemente – en el futuro cercano contaremos con una pluralidad mayor en gobiernos y congresos.

Pero si se revisa con cuidado, la importancia de estas normas va más allá de lo electoral. Contribuye a empoderar a más mujeres, para que –siendo candidatas o no – desarrollen capacidades cívicas que fortalezcan su importante contribución a la vida en comunidad.

Es tan importante que las mujeres participen en la toma de decisiones que, a un año de la fecha límite para cumplir los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2015), ONU-Mujeres orientó una de sus tres estrategias mundiales hacia "la toma de decisiones de las mujeres en las instituciones públicas y privadas". Tener la voz de más mujeres en órganos decisionales puede contribuir en forma importante a resolver problemas en materia de salud, educación, violencia y economía, por citar sólo algunos temas en los que los sesgos de género han propiciado un disfrute menor de derechos para las mujeres.

El Informe de ONU-Mujeres sobre el periodo 2013-2014 es extenso en señalar la conexión entre la representación de mujeres y la consecución de otros objetivos globales. Más importante, ofrece algunas pistas sobre cómo mejorar esos niveles de participación femenina.

Algunos resultados son esperanzadores. El año pasado América Latina se convirtió en la región del mundo con mayor representación de mujeres en sus Congresos. Inclusive más arriba que muchas democracias centenarias, como las europeas.

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Además, en el mundo hay incrementos significativos en la representación de mujeres en países de otras regiones, como Camerún, República Democrática del Congo y Pakistán, entre otros.

Estos esfuerzos internacionales y nacionales dan respuesta a una observación planteada desde Beijing y reforzada por la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (CEDAW, por sus siglas en inglés), cuando en su Recomendación General 23 afirmó: "Ni siquiera las democracias históricamente estables han podido integrar […] los intereses de la mitad femenina de la población. No puede llamarse democrática una sociedad en la que la mujer esté excluida de la vida pública y del proceso de adopción de decisiones. El concepto de democracia tendrá significación real […] solo cuando hombres y mujeres compartan la adopción de decisiones”.

Por eso es importante no perder la mira del objetivo normativo. Éste no es el incremento de cuotas per se, sino la inclusión de mujeres en todos los ámbitos de la toma de decisiones.

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El propio Informe que ONU-Mujeres publicó la semana pasada sobre su quehacer el año pasado ofrece algunas buenas prácticas al respecto. Desde la eliminación de estándares de migración discriminatorios en Senegal; la implantación de cuotas en El Salvador y Guatemala; la capacitación de mujeres líderes en Afganistán y el replanteamiento de un modelo de tribunal tradicional en Sudáfrica que pudo haber implicado la adopción de una justicia sesgada en contra de las mujeres. Este año se sensibilizó a 500 mil mujeres para votar en elecciones políticas en todo el mundo.

Además, ese año el Consejo de Europa adoptó la Declaración de Estambul que, siguiendo el legado de su similar interamericana, obliga a los países del viejo continente a legislar para eliminar cualquier forma de violencia contra las mujeres, incluyendo aquella que se pueda dar en el ámbito de lo público.

El panorama que ofrece el informe es claro. Las organizaciones internacionales y los países tienen mucho por hacer para reforzar las posibilidades de las mujeres de acceder a cuerpos de toma de decisiones.

Son tiempos de paridad. Por eso no basta con que las exigencias de candidaturas de mujeres estén al 50%. Es necesario que se emprendan acciones institucionales que contribuyan a dar a las mujeres herramientas para desarrollar a plenitud sus potencialidades ciudadanas.

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En el Instituto Electoral del Distrito Federal se han impulsado talleres de capacitación para mujeres que aspiraban a candidaturas. Ahora se pondrán en marcha propuestas para desarrollar la observación electoral desde una perspectiva de género y, con ello, detectar ventanas de oportunidad mediante las cuales el quehacer institucional pudiera fortalecer en mejor forma la igualdad de género.

Como aquellas contenidas en el Informe de ONU-Mujeres, estas buenas prácticas locales contribuyen a fortalecer el desempeño de las reglas que exigen la paridad.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Yuri Beltrán Miranda.
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