OPINIÓN: La sequía en California es la pesadilla de Asia

Singapur y Filipinas han aprendido que la colaboración entre el gobierno, las empresas y la sociedad garantizan el acceso al agua
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Autor: Mark L. Clifford | Otra fuente: 1

Nota del editor: Mark L. Clifford escribió el libro The Greening of Asia: The Business Case for Solving Asia's Environmental Emergency y es director ejecutivo del Asia Business Council de Hong Kong. Durante los 25 años de sobresaliente carrera como periodista, fue editor en jefe del diario hongkonés South China Morning Post y fungió como editor sénior en las revistas BusinessWeek y Far Eastern Economic Review.

(CNN) — La sequía de California es una gran noticia en Asia. Eso se debe en parte a que los asiáticos están interesados en todo lo que pasa en California, desde las películas de Hollywood hasta la tecnología de Silicon Valley. Su dieta incluye bolsas llenas de productos californianos como nueces de Castilla, vino, queso y nueces de la India.

De igual forma, la sequía de California se ha vuelto la pesadilla de Asia. Asia es una región que sufre cada vez más por el agua. Si los capitales tecnológicos y culturales de Estados Unidos no pueden administrar su agua, ¿qué esperanza puede tener Asia?

El cambio climático no es un asunto de ventajas políticas para los asiáticos. Hay un consenso generalizado acerca de que los patrones climáticos están cambiando y que la actividad humana causa el calentamiento global. China se ha comprometido a alcanzar el máximo de emisiones de carbono para 2030, pero eso no es lo suficientemente pronto para detener los efectos de las grandes sequías en algunas partes y las lluvias intensas en otras. Asia también alberga algunos de los sitios más vulnerables del mundo ante el aumento del nivel del mar, desde las pequeñas Maldivas hasta el gigantesco Bangladesh.

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El agua es asunto de prosperidad nacional y, en algunos casos, de supervivencia nacional. Los gobiernos, en conjunto con las empresas privadas, se embarcan en cada vez más misiones para garantizar el acceso al agua.

Singapur es un buen ejemplo de cómo los países pueden prosperar si los gobiernos, las empresas y la sociedad en general colaboran para resolver problemas. Incluso antes de que Singapur se independizara, su padre fundador, Lee Kuan Yew, reconoció que el agua era probablemente su debilidad estratégica más importante ya que el país depende de las importaciones de su vecino, Malasia. Este debe ser el único país del mundo que tiene un tratado relativo al agua adherido a su declaración de independencia.

Lee vio a principios de la Segunda Guerra Mundial, en 1941, que los japoneses, al destruir el suministro de agua del vecino Malasia, habían facilitado la toma de una ciudad que se creía inexpugnable. Más tarde, Lee preparó a las fuerzas armadas singapurenses para garantizar que tendrían la fuerza necesaria para hacer que el agua siguiera fluyendo desde Malasia.

Hoy en día, Singapur es en gran medida autosuficiente en lo que se refiere al agua gracias a una política de tratar cada gota como si fuera preciosa y de una inversión agresiva en infraestructura. Su planta de tratamiento NEWater recibe el agua residual y la limpia a tal profundidad que es demasiado limpia para beberla: se usa en actividades industriales o se arroja a las presas de la isla para que se remineralice. Se invirtieron miles de millones de dólares en túneles subterráneos que recogen el agua de lluvia de las calles y la recicla, esfuerzo sin igual en el mundo. Dos terceras partes de la isla fungen como zonas de captación de lluvia y alimentan a las presas de la ciudad.

Singapur propicia las sociedades entre el gobierno y la industria y el gobierno destina cientos de millones de dólares al desarrollo de innovaciones relacionadas con el agua como parte de su ambición de ser un "centro hídrico". Gran parte del agua del mundo y de las empresas de servicios ambientales se han establecido en la ciudad-Estado de cinco millones de habitantes, producen empleos verdes y garantizan la seguridad del agua.

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Manila, la capital de Filipinas, es otro ejemplo de éxito respecto al agua. En la década de 1990, el gobierno tenía problemas económicos y dejó el negocio del agua en Manila. En ese entonces, solo uno de cada seis hogares tenía acceso a agua corriente las 24 horas. Ahora esa proporción es del 99%. El costo del servicio de agua se ha reducido radicalmente y la gente no tiene que acarrear agua desde las pipas. A los accionistas también les ha ido bien… demasiado bien, de acuerdo con los detractores a quienes les disgusta la idea de que los intereses políticos se beneficien con un bien público. Mientras tanto, Manila Water colabora con el gobierno para sanear el río Pasig (que corre a través de la capital), para dirigir centros de aguas residuales e incluso para ayudar a administrar la cuenca que rodea a presas clave y para implementar un plan nacional contra el cambio climático.

Los problemas como las sequías y el cambio climático no son realidades abstractas en Asia. Son amenazas graves. Si la necesidad es la madre de la invención, es probable que de Asia surjan más innovaciones en los años venideros.

A pesar de la fascinación de los asiáticos con Silicon Valley, el negocio de las tecnologías verdes es mayormente dominio de las grandes empresas. Manila Water es filial de la Ayala Corporation, una corporación de más de 180 años de antigüedad y una de las más grandes de Filipinas.

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Li Ka-shing, uno de los empresarios más ricos de Asia (Forbes estima que su capital asciende a unos 33,000 millones de dólares, alrededor de 495,000 millones de pesos), también ha apostado fuerte a la tecnología del agua. Su empresa, Hutchison Whampoa Water, administra una de las plantas desalinizadoras más grandes del mundo, que provee una quinta parte del agua que usan los municipios de Israel.

Li no solo levanta grandes proyectos. Compró una incubadora de tecnología del agua hace un par de años, que ahora se conoce como Hutchison Kinrot. Aquarius Spectrum, una de las empresas que controla, usa sensores y algoritmos para brindar un servicio sumamente preciso de detección acústica de fugas de agua. La tecnología de Aquarius permite que las empresas de servicios básicos detecten fugas de hasta un milímetro (el grosor de unos 10 cabellos humanos), reduzcan la pérdida de agua y aumenten la eficiencia de las reparaciones.

Otra de sus empresas controladas, Hydrospin, usa un microgenerador para producir energía con el flujo del agua en las tuberías de distribución. Esta energía alimenta dispositivos de medición de la toxicidad del agua, el pH, la concentración de cloro y la presión.

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Para Asia, el agua es cuestión de pobreza o prosperidad y, a veces, de vida o muerte. Los países asiáticos reconocen que hay soluciones, pero raras veces son fáciles y a menudo requieren alianzas novedosas entre gobiernos, empresas y sociedad.

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Tal vez California pueda aprender algo de Asia.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Mark L. Clifford.

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