OPINIÓN: Perseguir la corrupción en la FIFA es mejorar al mundo

El escándalo de corrupción en la FIFA refleja lo que sucede en muchas partes del mundo en todos los niveles
Blatter, renuncia  renuncia
Frida Ghitis
Autor: Frida Ghitis | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Frida Ghitis escribe sobre asuntos mundiales en el diario estadounidense The Miami Herald y en el sitio web World Politics Review; fue productora y corresponsal de CNN. Síguela en @FridaGhitis.

(CNN) — Si crees que la FIFA se centra en el deporte, estás omitiendo la campaña más importante y posiblemente más transformadora para descubrir y castigar las fechorías de las personas que usan el futbol para enriquecerse y enriquecer a sus amigos.

Ya era hora de que se diera a conocer la noticia de que el jefe supremo de la FIFA, Joseph Blatter, accedió a renunciar. También era hora de que se anunciara que el Departamento de Justicia de Estados Unidos ordenó que se enjuiciara a altos funcionarios de la FIFA y a algunos socios de negocios de la organización.

Si el caso contra la FIFA se persigue incansablemente, se logrará erradicar una de las prácticas más perniciosas y destructivas que corroen a nuestro mundo. Aunque los medios suelen concentrarse en sucesos inusuales, la corrupción es uno de esos males que trabaja silenciosamente, se vuelve rutinario y aceptado, así que casi siempre logra lo que busca sin llamar la atención.

Pero los manejos turbios, los sobornos y la extorsión devastan de forma inimaginable a los individuos, a las sociedades, a los países e incluso al medio ambiente. La corrupción perpetúa la pobreza, destruye negocios, se burla de la democracia y extingue la fe de la gente en su sistema judicial y en su gobierno. En lugares en donde es descarada, envenena la interacción humana, socava la toma de decisiones prudentes y genera cinismo y desconfianza.

No exagero al decir que la corrupción ayuda a abrir las puertas de las ciudades a los extremistas que se regodean en la promesa de piedad religiosa como vía para erradicar a los políticos corruptos.

La corrupción es como un Robin Hood al revés: se explota a los pobres para pagarles a los ricos. También se explota a los ricos para satisfacer a los ambiciosos. La corrupción lesiona a todos y combatirla merece un lugar prominente en la lista de prioridades mundiales.

Perseguir a la FIFA es un buen principio. La secretaria de Estado de EU, Loretta Lynch, dijo que la corrupción de la FIFA es "descarada, sistémica y está muy arraigada". Si la combinación de fuerzas de las agencias policiacas en los cientos de países en los que la FIFA opera no puede combatir sus fechorías indignantes, ¿qué esperanza queda de que se puedan atacar los actos destructivos que afectan diariamente a la gente en todo el mundo?

La corrupción mata a más personas que ISIS cuando quienes incurren en ella desvían los recursos destinados a los servicios de salud y al desarrollo económico o para hacer que los inspectores de seguridad se hagan de la vista gorda a cambio de un soborno. Mantiene a la gente sumida en la pobreza, impide que las economías prosperen y socavan la esencia de la democracia cuando los funcionarios electos actúan en beneficio propio en vez de por el bienestar de la gente a la que representan.

La FIFA es el lugar ideal para los ladrones. No sorprende que los dictadores adoren hacer negocios con ella.

Desde hace tiempo se sabe que se compran y venden los votos; que las decisiones se toman con el fin de maximizar las ganancias personales y para fines personales. Al final, los resultados son usualmente grotescos y absurdos. Eso es lo que ocurre cuando la corrupción manda.

Los eventos deportivos como el Mundial y los Juegos Olímpicos (los funcionarios olímpicos deberían estar nerviosos) se han vuelto trofeos para los tiranos, ya que no solo les permite exhibir su poder, sino que también les permite jugar con enormes cantidades de dinero que en parte se destinan a patrocinios que tienen como fin enriquecer a la gente y, por ende, asegurar el respaldo de los poderosos.

Lo que ocurre a final de cuentas es que miles de millones de dólares de los contribuyentes (dinero que proviene en parte de los pobres y la clase media) se destinan a la construcción de elefantes blancos, de estadios gigantescos que se alzan decrépitos e inútiles después de los eventos. Ese dinero se necesita urgentemente para construir hospitales y escuelas, para pagarles a los maestros y los médicos y no para las constructoras, para sobornos y ladrones.

Algo olía mal

Cuando los funcionarios de la FIFA votaron hace 15 años que el emirato desértico de Qatar sería la sede del Mundial de 2022, solo había una razón concebible para esa extraña decisión.

Casi de inmediato surgieron las acusaciones de que los cataríes superricos habían "comprado" el torneo. Tanto Qatar como la FIFA lo negaron, pero los rumores solo se intensificaron. Qatar es uno de los peores lugares en donde se podría llevar a cabo el evento estival. Las temperaturas usualmente sobrepasan los 48° centígrados y la población no es particularmente aficionada al futbol.

Peor aún, la mayoría de las obras del emirato las hacen trabajadores "invitados" y los defensores de los derechos humanos afirman que miles mueren por las temperaturas brutales y las condiciones de trabajo adversas en la construcción de los estadios.

Conforme se revela nueva información sobre los millones de dólares que cambiaron de manos en el proceso de selección, Qatar podría perder el torneo de 2022.

También está Rusia, que se prepara para celebrar el Mundial de 2018 después de los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi, en 2014. Sochi fue el gran espectáculo de Vladimir Putin mientras preparaba la invasión a Ucrania para anexionarse ilegalmente a Crimea.

Los juegos costaron más de 50,000 millones de dólares (unos 750,000 millones de pesos), más que nunca antes. Sochi fue una elección extraña: los Juegos de Invierno se celebraron en un lugar subtropical.

Fue una actuación incómoda del líder de Rusia y un recordatorio de que los grandes eventos deportivos son una plataforma para hacer propaganda política local. La mayoría de los rusos estaba orgullosa de su país y de su presidente.  Pero en el escenario mundial, la gloria duró poco y los acontecimientos en Ucrania la desvanecieron.

Los activistas anticorrupción desglosaron los miles de millones de dólares que habían "desaparecido" del presupuesto para Sochi. Uno de los críticos fue Boris Nemtsov, quien presentó pruebas de 30,000 millones de dólares (unos 450,000 millones de pesos) en recursos robados y dijo que los juegos habían sido "un fraude monstruoso". Mataron a Nemtsov frente al Kremlin unos meses después.

La investigación judicial a la FIFA apenas comienza. Hay mucho en juego. Tan solo pregúntenle a la gente de América Latina —que se está alzando contra la corrupción en muchos países— qué significa para ellos lo que pasa con la FIFA.

Pregúntenle a la gente de Nigeria qué provoca la corrupción en su vida diaria. Pregúntenles a las esposas de los activistas, quienes han perdido a sus seres queridos en la lucha. Pregúntenles a los familiares de las víctimas del desastre del transbordador de Corea del Sur del año pasado… otra consecuencia de la corrupción.

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Si se hace una limpieza a fondo de la FIFA, se darán nuevos bríos a la guerra contra la corrupción.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Frida Ghitis.

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