OPINIÓN: Decidir entre todos en esta jornada electoral

Este domingo se pone en juego buena parte del poder político del país, con la posibilidad de influir en las políticas públicas
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Autor: Yuri Beltrán Miranda | Otra fuente: 1

Nota del editor: Yuri Beltrán es Consejero Electoral en el Instituto Electoral del Distrito Federal. Es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, y licenciado en Economía por la UNAM, además ha sido funcionario en el IFE y el TEPJF. Síguelo en su cuenta de Twitter:@yuribeltranm

(CNNMéxico) — En unas cuantas horas millones de mexicanos acudiremos a las urnas para elegir diputados federales. En 16 entidades federativas elegiremos –además- gobernadores, legisladores locales, ayuntamientos y jefaturas delegacionales (la reforma electoral logró unificar los calendarios de las elecciones locales 2015 con la federal, excepto en el caso de Chiapas que se desarrollará el 19 de julio).

Pero la de este domingo no sólo es histórica por la enorme cantidad de cargos de representación en disputa (2,179). Lo es también por las innovaciones que están en juego: candidaturas independientes, nuevos partidos políticos, paridad de género, designación no-política de consejeros electorales locales, casilla única y un esquema de fiscalización que puede implicar la pérdida de la candidatura de quien rebase el tope de gasto previsto por la Ley. Es decir, en el proceso electoral en curso se están poniendo a prueba anhelos sociales muy importantes.

Es decir, este 7 de junio se está poniendo en juego buena parte del poder político del país, con la consecuente posibilidad de influir – desde la ciudadanía – en el direccionamiento de las políticas públicas. También se están poniendo al servicio de la democracia, instrumentos que fortalecen el rol de los ciudadanos, que dan mayor pluralidad a la competencia política y que incrementan el control sobre el ejercicio del gasto por parte de partidos y candidatos.

Por eso resultan sorprendentes los pronósticos de quienes piensan que la participación electoral será inevitablemente baja. Difiero de esa posición, toda vez que encuentro erróneos los supuestos en los que se basa.

  • Algunos creen que la participación será baja porque así suele ser en las elecciones intermedias. Lo cierto es que la participación de la elección intermedia de 1991 (65%) tuvo mejores tasas que las presidenciales de 2000, 2006 y 2012. Existe además una gran disparidad en las tasas de participación alcanzadas en elecciones intermedias.
  • Otros creen que habrá menos votantes, pues perciben un sentido de insatisfacción en algunos grupos poblacionales. Lo cierto es que el voto ciudadano es quizás el instrumento más eficaz para señalar el rumbo que debe tomar el país. Cabe recordar la experiencia española reciente, donde en una elección municipal que siguió a más de cinco años de desempleo, la participación en las urnas superó el 60%.

A decir verdad, en una democracia que ha costado tanto trabajo construir, quedarse sin emitir el voto parece una mala idea. Hay que recordar que apenas hace unas décadas el sufragio en México tenía poco sentido porque la competencia política era incipiente.

En muy poco tiempo esa situación se revirtió para dar pie a una competencia política muy intensa que se desarrolla a través de comicios que son instrumentados, en sus partes más importantes, por ciudadanos. Cabe recordar que más de un millón de ciudadanos han aceptado ya fungir como funcionarios de casilla en el país. Además, 25 mil personas serán observadores electorales que atestiguarán el desarrollo de la votación en todo el país. A ellos se suman 427 visitantes internacionales que han arribado al país para acompañar el proceso electoral.

Frente al pronóstico de la baja participación aparece la posibilidad de que los ciudadanos hagamos nuestro el destino político del país, de sus estados, sus municipios y sus delegaciones. Ello requiere sustituir la apatía ciudadana por el reconocimiento de la importancia de que la voluntad ciudadana la construyamos entre todas y todos.

Es tal la importancia que el país da a esa construcción colectiva, que en nuestra Constitución el voto aparece como una obligación de los ciudadanos. La falta de sanciones aparejadas a su incumplimiento no elimina el simbolismo que representa que para una nación, una de las cinco obligaciones previstas constitucionalmente para los ciudadanos sea el voto popular.

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La democracia más eficaz es aquella que logra representar con nitidez la voluntad de sus ciudadanos para dar pie a programas de gobierno certeros. Ello requiere que todas y todos los miembros de la comunidad política – los ciudadanos – expresemos en las urnas nuestro sentir.

No te quedes fuera. ¡Participa!

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Yuri Beltrán Miranda.
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