OPINIÓN: ¿Ha muerto la Unión Europea como la conocemos?

El bloque se enfrenta a grandes retos, además de la economía, que amenazan su existencia y que podrían tener repercusiones mundiales
Pensionados, cierre bancos, GRECIA  Grecia  (Foto: CNN)
Autor: Simon Tisdall | Otra fuente: 1

Nota del editor: Simon Tisdall es editor asistente y escribe sobre asuntos internacionales para el diario británico The Guardian. Fue editor en el exterior de The Guardian y de The Observer, así como corresponsal en la Casa Blanca y editor en Washington D.C.

(CNN) — ¿El sueño de la posguerra sobre una unión grandiosa de estados democráticos ha quedado irremediablemente roto?

Se podría perdonar que los observadores en América del Norte lo crean en vista de la oleada sin precedentes de recriminaciones, insultos y predicciones sombrías que surgen de los líderes divididos y asustados de la Unión Europea.

La causa principal es el clímax inminente de la crisis por la bancarrota no declarada de Grecia. El país debe 323,000 millones de euros, más del 175% de su producto interno bruto.

No puede pagar lo que debe a otros países europeos ni al Banco Central Europeo. Su siguiente pago de la deuda con el Fondo Monetario Internacional (FMI), de 1,600 millones de euros se vence el 30 de junio y parece que Grecia no logrará hacer ese pago.

Si no paga, Grecia se volverá el primer país desarrollado que no le paga al FMI.

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Una rápida caída hacia la suspensión de pagos

La crisis de la deuda de Grecia se ha agravado rápidamente en días recientes.

El gobierno de izquierda del partido Syriza, encabezado por Alexis Tsipras, confirmó que Grecia no podrá pagarle al FMI el 30 de junio y las negociaciones para salvar al país del impago fracasaron hace dos días.

Tsipras tomó desprevenidos a los ministros europeos al pedir que se celebre un referéndum sobre si Grecia debería aceptar dinero como rescate.

Dijo que los ministros europeos lo estaban "chantajeando" al ofrecerle 7,200 millones de euros como rescate y dijo que dejaría en manos del pueblo griego la decisión de aceptarlos en una votación que se llevará a cabo el 5 de julio.

Las pláticas fracasaron poco después y la situación de Grecia se ha deteriorado rápidamente: los bancos han estado cerrados y los retiros de efectivo se limitaron a 60 euros (poco más de 1,000 pesos) en un esfuerzo por proteger al sistema financiero, según el gobierno griego.

Los mercados de todo el mundo sufrieron por las consecuencias desconocidas del impago de Grecia a sus acreedores.

Yannis Stournaras, gobernador del banco central griego, advirtió que el no llegar a un acuerdo "marcaría el principio de un rumbo doloroso que provocaría inicialmente la suspensión de pagos de Grecia y finalmente la salida del país de la zona euro y, muy probablemente, de la Unión Europea".

Grecia: ¿el primer país que abandone la zona euro?

Si expulsan o de alguna otra forma obligan a Grecia a salir de la zona euro (el grupo de 19 países que adoptaron el euro como moneda común), las consecuencias podrían ser catastróficas y vastas. Para los griegos podría significar el colapso de los bancos, controles de emergencia frente a la fuga de capitales, interrupción del pago de los salarios y caos social y económico generalizado.

Para la Unión Europea podría significar el fin del euro si la confianza de los mercados decae y otros estados gravemente endeudados deciden que no pueden o no quieren pagar.

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La crisis ostensiblemente monetaria se ha vuelto cada vez más política. Muchas personas de Alemania, el principal acreedor de Grecia, creen que los gobiernos sucesivos de Grecia se han comportado de forma irresponsable y debería obligárseles a pagar el precio, moral y físicamente. El legislador Andreas Scheuer, aliado de la canciller Angela Merkel, dijo: "El gobierno griego… se están comportando como payasos".

Por su parte, Merkel quiere que Grecia se comprometa a implementar más medidas de austeridad a cambio de recursos constantes. Dice que Grecia debería quedarse en la zona euro, pero sabe que hay mucho en riesgo.

En 2010, advirtió que "si el euro falla, Europa falla" y al parecer aún lo cree. Pero Tsipras, quien acusa a sus acreedores de "saquear" su país, cree que Alemania es un acosador dominante, noción que ha resonado en Europa a lo largo de la historia.

Abrumados por los migrantes

El liderazgo de Merkel está en peligro frente a otra gran crisis a la que la Unión Europea se enfrenta y que podría ser más destructiva que la bancarrota de Grecia. Este año, más de 100,000 migrantes han viajado a Europa ilegalmente a través del Mediterráneo, desde el norte de África hacia Italia y Grecia.

La Real Armada Británica, que lleva a cabo operaciones de búsqueda y rescate, estima que más de medio millón de refugiados espera su oportunidad en Libia.

Italia está abrumada por la llegada de tanta gente y tiene desavenencias con Francia y Austria, países que han dado la espalda a los migrantes que se dirigen hacia el norte.

Los países del este de Europa han rechazado la idea de Merkel de imponer una cuota obligatoria de migrantes en cada país de la Unión Europea. Reino Unido afirmó que no recibirá a ninguno.

Las pláticas de esta semana fracasaron en crear una política común e Italia amenazó con "herir" a Europa por su irresponsabilidad al emitir visas a los migrantes, lo que significa que podrían viajar a donde quieran.

Este aumento de refugiados que huyen de la guerra en Siria, Iraq y Somalia, y de la represión y la pobreza en Eirtrea y el occidente de África es inusual. Pero la inmigración, en términos amplios, ha sido un tema divisivo desde hace tiempo en toda la Unión Europea.

Ha impulsado el auge de los partidos políticos xenófobos y nacionalistas en Francia y Gran Bretaña, así como en Finlandia y Polonia, países que se oponen a la Unión Europea.

Los radicales ganan terreno

Asimismo, la recesión que siguió a la crisis económica mundial de 2008, que causó un elevado desempleo entre los jóvenes en muchos Estados de la Unión Europea ha propiciado la creación de movimientos populistas de izquierda.

Uno de ellos es el movimiento antiausteridad Podemos de España, que se espera que cause gran controversia en las elecciones que se llevarán a cabo a finales de este año, como ocurrió con Syriza en Grecia en 2014.

Estos activistas, de derecha y de izquierda, dicen que la Unión Europea (que está bajo la atroz influencia de la Alemania conservadora y ahorradora) se ha vuelto distante, indiferente, corrupta y egoísta. Dicen que ignora las necesidades y los problemas de los ciudadanos comunes (como en Grecia).

Exigen solidaridad social y empleos, no disciplina fiscal motivada por los mercados. Votaron en gran medida contra las políticas tradicionales en las elecciones de 2014 al Parlamento europeo. Pero se quejan de que las cosas en Bruselas siguen como siempre, que nada ha cambiado.

Esta intensificación de la aversión a la Unión Europea y a los partidos políticos convencionales coincide con un tercer desafío poderoso al concepto de una Europa unida: la decisión que el gobierno de David Cameron tomó de celebrar un referéndum sobre la pertenencia de Reino Unido a la Unión Europea.

Los conservadores de Cameron dicen que la Unión Europea debe reformarse o morir. Una de las propuestas clave, relacionada con el tema de la inmigración, es la reducción a la libertad de tránsito de la gente en la Unión Europea.

La maniobra británica se topó inicialmente la complacencia condescendiente de Bruselas, cuyas autoridades insinuaron que el problema era Reino Unido, no la Unión Europea. Pero ha ido quedando claro que cada vez son más los electores de toda Europa que quieren una reforma genuina, percepción que se confirmó una vez más en las elecciones en Dinamarca, país euroescéptico.

Por otro lado, los políticos de Francia y Polonia, por ejemplo, tardaron en darse cuenta de que la salida de Reino Unido podría afianzar el dominio de Alemania a su costa. También les preocupa cómo hará la Unión Europea para resistir los embates de la Rusia de Vladimir Putin sin la guía de Reino Unido, el país de la Unión Europea que más gasta en defensa y aliado clave de Estados Unidos.

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Europa aún no llega a su fin. Pero está en graves problemas. Durante la semana en la que se conmemoró el bicentenario de la batalla épica de Waterloo, en la que Reino Unido salvó al continente de la dictadura napoleónica, es irónico que sea Cameron y no Merkel quien surja como el líder más consciente que podría salvar a Europa una vez más.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Simon Tisdall.

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