El peligro de los grandes bancos en México

Los 7 principales bancos concentran 93% de las cuentas del mercado, dicen Grandet y Molano; el gran tamaño de estos bancos es un riesgo para la economía, opinan Grandet y Molano
banamex  (Foto: CNN)
Carlos Grandet y Manuel Molano*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

La frase “too big to fail” adquirió relevancia durante la crisis de 2008 en la que el gran tamaño de los bancos estadounidenses hacía imposible permitir su quiebra sin poner en riesgo a la economía mundial.

Imaginen que tienen una pecera y hay un pez que crece a tal tamaño que no deja crecer al resto, lo lógico sería encontrar mecanismos para detener su crecimiento. El problema es que este pez es también el más valioso.

A un problema similar se enfrenta la economía hoy en día. El fracaso de un banco grande pondría en riesgo no sólo a sus ahorradores sino que contagiaría al resto de la economía. Los ejecutivos de los bancos saben esto, y aquí es donde el problema se complica.

Un banco que es demasiado grande para fracasar, un too big to fail, es un riesgo a los principios de competencia en la economía de mercado y a la estabilidad de cualquier sistema bancario.

A raíz de la crisis de 2008, la regulación buscó encontrar mecanismos para que los bancos no emprendieran riesgos. Uno de los principales fue el requisito de capital, dinero reservado para hacer frente a activos riesgosos o falta de liquidez.

Al conjunto de reglas diseñadas para reducir el riesgo sistémico de los bancos, como la anterior, se le conoce como Basilea III. Aunque estas reglas son voluntarias, muchos países, incluido México y Estados Unidos, las han adoptado en su marco regulatorio.

Sin embargo, el tema pendiente sigue siendo el tamaño de los bancos. Un informe conjunto de la Reserva Federal de Estados Unidos y la Federal Deposit Insurance Corporation (similar al Instituto de Protección al Ahorro Bancario mexicano) informaba que la quiebra de uno de los 11 principales bancos estadounidenses todavía puede poner en riesgo a toda la economía.

En México, la banca comercial también es muy grande y concentrada. De acuerdo con datos de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), los siete principales bancos de México concentran 93% de las cuentas existentes en el mercado. Banamex, el principal banco, concentra casi tres de cada 10 de las cuentas de los mexicanos.

 

El tamaño de los bancos mexicanos también puede ser contraproducente para el desarrollo de otro tipo de intermediarios bursátiles. Un ejemplo está en la distribución de los activos en los fondos de inversión.

Cuatro instituciones bancarias concentran 65% de los activos depositados en fondos de inversión, esto limita la competencia y diversidad de otro tipo de instituciones.

Un problema claro es que las áreas de inversión de los bancos suelen ofrecer productos que ellos mismos generan como depósitos a plazo fijo o cuentas en divisas, en vez de activos con mayor rendimiento.

 

Es claro que el tamaño de los bancos plantea un riesgo a la economía, pero ¿qué hacer al respecto? La solución común ha sido generar regulación para evitar la quiebra a toda costa de un banco, ya sea a través de requerimientos de capital o limitaciones a la adquisición de activos riesgosos.

La consecuencia es que los bancos no pueden hacer inversiones riesgosas, como empresas en nacimiento o individuos con bajos recursos. En nuestro afán por prevenir el riesgo, nos hemos olvidado del papel de la banca como motor de la economía.

Por otro lado, poco se ha hecho por atender el problema de fondo: el tamaño peligrosamente grande de la banca comercial.

La regulación actual, adversa al riesgo, considera que todos los bancos deberían sobrevivir a lo largo del tiempo pero esto impide que los que tienen buena gestión y prácticas de innovación se distingan de los mal manejados.

Más que centrarnos en el riesgo, deberíamos empezar a poner un costo al tamaño. La discusión lleva un tiempo desarrollándose en Estados Unidos. Existen propuestas desde empezar a desincorporar activos de los bancos por ley hasta generar incentivos económicos a los bancos que decidan hacerse más pequeños.

No todas estas propuestas son factibles ni deseables. Para empezar, cualquier propuesta en la que el gobierno decida el tamaño ideal de un banco, corre el riesgo de no considerar los beneficios de las economías de escala que los bancos grandes tienen.

Hay que pensar en mecanismos que promuevan que el banco mismo sea el que decida disminuir su tamaño y encontrar su óptimo de acuerdo con su rentabilidad.

En México, esta discusión tendría que entrar a la agenda de políticas públicas como una propuesta de regulación asimétrica que le suba el costo a los bancos demasiado grandes, y que baje los costos de un potencial rescate.

Una de las propuestas que podríamos considerar es la existencia de regulación asimétrica para los bancos de mayor tamaño. Los requisitos de capital e incluso la tasa de fondeo del Banco de México debería ser mayor entre más grande es el banco, de este modo, le resultaría más costoso a un banco su gran tamaño.

Al mismo tiempo, deberíamos hacer una regulación menos estricta para los bancos pequeños, permitiéndoles menor capitalización o mayor adquisición de activos riesgosos pero rentables. Con límites: no queremos repetir la quiebra sistemática de los pequeños bancos en Estados Unidos a inicios del siglo XX.

Otra idea sería obligar a los bancos grandes a compartir su red de cajeros automáticos con bancos de menor tamaño, de este modo, uno podría hacer transacciones de distintas entidades financieras en la misma terminal. La COFECE, en un estudio publicado el año pasado, mencionó que esto podría ser un mecanismo para permitir mayor competencia en el sector.

Existe también la posibilidad de que las cuotas que los bancos deben dar ante el IPAB (la institución que se encarga de proteger el ahorro de los mexicanos) no sólo dependan de su capitalización sino también de su tamaño.

Una nueva fórmula podría dar cuotas fijas con base en el tamaño y hacer disminuciones en estas cuotas si un banco se empequeñece (desincorpora activos, crea subsidiarias, etc).

Hace casi un año, América Móvil anunció la desincorporación de activos para evitar la regulación asimétrica impuesta por el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT). El gigante se estaba fraccionando y con eso favoreciendo mayor competencia lo que podría lograr menores costos y un mejor servicio en el sector.

La competencia debe ser uno de los principios rectores de nuestra economía, especialmente, en un sector como el bancario en el que ser “demasiado grande para fracasar” puede ser desastroso para toda nuestra economía.

*Economistas del Instituto Mexicano para la Competitividad, A.C. (IMCO). Este artículo refleja las opiniones de los autores, que no necesariamente coinciden con la posición institucional del IMCO.

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