OPINIÓN: Un futuro donde el ser humano viva en armonía con la naturaleza

El cambio climático se convirtió en un asunto ético y moral y la visita del papa Francisco a Latinoamérica ayudará a reforzar estos ideales
El derretimiento de los glaciares en el océano Ártico es uno de los signos de los efectos del cambio climático en el planeta
El derretimiento de los glaciares en el océano Ártico es uno  El derretimiento de los glaciares en el océano Ártico es uno de los signos de los efectos del cambio climático en el planeta
Autor: Yolanda Kakabadse | Otra fuente: 1

Nota del editor: Yolanda Kakabadse es presidenta del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).  Esta es la mayor organización conservacionista independiente en el mundo. Su misión es detener la degradación del ambiente natural del planeta. Puedes seguir a la organización en su cuenta de Twitter: @WWFnoticias

(CNNMéxico)— Su Santidad el papa Francisco está visitando Latinoamérica esta semana. Al igual que el papa, soy sudamericana, soy de Ecuador, uno de los tres países, junto con Bolivia y Paraguay, donde el pontífice compartirá su mensaje de esperanza y urgencia por un planeta vivo y justo.

Como presidenta de WWF Internacional, una de las organizaciones ambientalistas más grandes del mundo, me motiva, al igual que a su santidad el papa Francisco, el ideal de estar en un mundo donde los seres humanos podamos vivir en armonía entre nosotros mismos y con nuestro planeta, con equidad y solidaridad. Nuestro eslogan, que "los humanos convivan en armonía con la naturaleza", lo dice todo.

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La convergencia de una serie de eventos hace que indiscutiblemente este sea el año de la acción climática.

WWF está presente en 100 países alrededor del mundo –más de 15 en América Latina. En todos estos lugares, nuestro equipo ha comunicado de manera incansable que el cambio climático no es solamente un tema científico; es, crecientemente, un asunto ético y moral.

Afecta las vidas, el sustento y los derechos de todos, especialmente de aquellas regiones como Latinoamérica, con poblaciones pobres, marginadas y vulnerables, cuya preparación para enfrentar las amenazas actuales y futuras del cambio climático, es aún limitada.

La encíclica Laudato Si Sobre el cuidado de la casa común, publicada el mes pasado en Roma, incorpora el enfoque moral –muy necesario–en el debate climático. Si bien con la encíclica el papa Francisco se dirige a sus fieles, claramente tiene la intención de que sus palabras resuenen en todos los rincones de la Tierra, credos y religiones.

Y el hecho de que sea Latinoamérica su primer destino después de la publicación de Laudato Si, debe ser asumido como una invitación para que nuestros líderes, junto con toda la población latinoamericana, actuemos en favor de nuestra "casa común".

En su encíclica, el papa aborda el daño ambiental como un detrimento al hogar común, que amenaza la existencia del planeta como lo conocemos y de los seres humanos, socavando los derechos de los más vulnerables e incluso de las futuras generaciones.

Su santidad aborda muchos temas en su encíclica, pero el hilo conductor que une sus ideas es que nosotros, los pueblos del mundo, podemos y debemos actuar ahora ante el cambio climático.

Podemos hacerlo redescubriendo nuestra solidaridad con los demás, disminuyendo el desperdicio y adoptando patrones sostenibles de consumo y producción. Podemos salvar el planeta, su vibrante diversidad de vida y asegurar un futuro próspero para todos.

El papa Francisco nos insta a respetar nuestro hogar común y utilizarlo de manera prudente y justa.

La encíclica nos da una base importante para trabajar en colaboración, para construir juntos cultura y pensamiento, para instar a una acción visionaria y responsable por parte de los gobiernos, tanto con miras a la próxima Asamblea General de la ONU, en septiembre, donde se discutirán los objetivos del desarrollo sostenible, como a la cumbre climática COP21 de París, en diciembre.

El crecimiento económico latinoamericano en la última década ha servido para disminuir la pobreza–lentamente–, pero la urbanización desordenada, la industrialización sin criterios de sostenibilidad y el uso indiscriminado de la tierra para la producción de materias primas, aunados al cambio climático, están provocando impactos negativos, tanto sobre los sistemas sociales como naturales.

Y la brecha entre la riqueza y la pobreza, agravada por el cambio climático, es evidente en nuestra región así como en el resto del mundo. Tenemos mucho por hacer para responder al llamado del papa Francisco.

Es fundamental que la atención que se ha dado al cambio climático y al desarrollo sostenible este año se traduzca en compromisos reales de todos los gobiernos. 2015 debe ser el año de las decisiones concretas, justas y de largo alcance, el año en que nadie pueda evadir la acción.

Su santidad está haciendo su mejor esfuerzo para contribuir en este sentido, dándoles también la voz a los más pobres, para asegurarse de que sean escuchados y tengan un futuro digno.

Espero que en Latinoamérica, una de las regiones con mayor riqueza en biodiversidad, respondamos con responsabilidad y decisión al llamado del Papa para proteger este maravilloso tesoro que es nuestro planeta.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Yolanda Kakabadse.

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