OPINIÓN: Las lecciones aprendidas tras el enojo del 'Piojo' Herrera

El escándalo derivado de una agresión del técnico nacional a un periodista de televisión fue más allá de lo tolerable
'El Piojo' es cesado de la Selección Mexicana
Autor: Ernesto Campos | Otra fuente: 1

Nota del Editor: Ernesto Campos es consultor de Relaciones Públicas especializado en instituciones deportivas. Ha trabajado para empresas como Adidas, la WWE y ligas internacionales como la NBA. Imparte el Seminario de Especialización en Periodismo Deportivo en la Escuela Carlos Septién García. Síguelo en su cuenta de Twitter @trotaestadios

(CNNMéxico)—La última semana de julio de 2015 comenzó llena de drama, acusaciones y chismes dentro del ámbito deportivo que trascendieron y fueron más allá. Incluso aquellos que no siguen el futbol tuvieron que soportar que la mayor parte del contenido informativo se dedicara a un solo tema: el despido de Miguel el Piojo Herrera al frente de la Selección Mexicana de Futbol.

Han pasado ya las horas suficientes como para tratar este tema en frío, que por más odioso que sea, se volvió de trascendencia general por la difusión que se le dio. El futbol, se quiera o no, es el pasatiempo nacional y el escándalo derivado de una supuesta agresión del técnico nacional a un periodista de televisión fue más allá de lo ideal.

Escribo esta opinión desde el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, y fue justo aquí donde Christian Martinoli, narrador de Televisión Azteca, llegó procedente de Filadelfia para ser recibido como toda una celebridad.

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Para ese momento habían pasado casi 12 horas del reporte del golpe que sufrió por parte del Piojo y su status ya era el de defensor de la libertad de expresión y combatiente de la ira del más violento de los mexicanos. Se habían exhibido una y otra vez reportajes sobre los antecedentes del agresor tanto como las virtudes de Martinoli.

No se mostró nunca un video del golpe que aseguran Herrera conectó en la nuca del periodista, pero sí de cómo su hija arremetía contra Luis García, compañero de Christian, así como otras escenas en las que Miguel dejaba su fila para ingresar a otra y encarar al comunicador.

Lo anterior fue suficiente; para cuando Martinoli llegó a México, Herrera ya había sido acusado, juzgado y sentenciado. La rivalidad que sostenía con un periodista que lo mismo criticó cosas relevantes de su trabajo y que se burlaba de él, le había costado el trabajo tras violar, una vez más, el código de conducta para su puesto.

No defenderé a Miguel Herrera, cometió un error tras otro que lo llevó de un índice de popularidad muy alto al mismo infierno en el cariño de los aficionados. Abusó de su exposición y se metió en temas que bajo ningún motivo le iban a dejar nada bueno, como el proselitismo en redes sociales a favor del Partido Verde Ecologista en plena veda electoral.

Conocí al Piojo cuando fui consultor en Relaciones Públicas en el más reciente partido de la NBA en México. Lo invité a la gira que el Trofeo Larry O’Brian hacía por la ciudad y accedió con toda amabilidad. A ese encuentro también llevó a su hija Mishelle y en el camino entre el estacionamiento y la oficina el asedio fue total y no negó una sola foto.

Por lo anterior sé que no se trata del personaje que al final del juicio mediático quedó a la luz pública. Sin embargo dirimió sus diferencias en escenarios equivocados: las redes sociales y en público con el uniforme puesto de la Selección Mexicana.

Esto debería llevar a una lección para quienes sigan en el camino del Tri y para el mismo Piojo. La asesoría profesional en cuestión de imagen, relaciones públicas y manejo de crisis no es un lujo, y en tiempos donde la información viaja más rápido que la capacidad de reaccionar a ella es indispensable.

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La Federación Mexicana de Futbol debe establecer estrategias para cuidar a sus voceros, que son cada uno de los jugadores, directivos y entrenadores. No dejan de ser personas bajo un reflector público que siempre termina en mucha presión y en desenlaces conflictivos.

Quedó claro que no hay reglas para el manejo de las redes sociales individuales y es que mientras se opine vestido de seleccionado, la opinión deja de ser personal y se vuelve grupal.

En cuanto a Christian Martinoli, se dice que "entre gitanos no nos leemos la mano", y no estoy en posición de juzgar su trabajo. Solo me queda la reflexión de que nuestro oficio ha evolucionado y hay una nueva corriente, ya no sólo hay críticos y criticones, ahora hay una nueva tendencia que podría ser la de provocador.

Espero que Herrera regrese pronto a trabajar y transmita esa pasión en la cancha y aprenda de lo que ocurrió, y también espero que en el futuro sean los resultados en la cancha y no la prensa la que tire del cargo a un entrenador.

Así podrá dársele el debido espacio a cada tema, pues incluso para un servidor, que ha trabajado por casi dos décadas ligado de alguna forma al deporte, la magnitud que tomó este escándalo fue más allá de lo necesario en un país que tiene algunos temas más trascendentes.

Las opiniones recogidas en este texto pertenecen exclusivamente a Ernesto Campos

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