Lecciones para emprender de un explorador en la Antártida

En 1915 Sir Ernest Shackelton intentó cruzar a pie este continente y quedó varado dos años; un emprendedor relata lo que podemos aprender de las dificultades que atravesó este explorador.
Antártida  (Foto: Stock.xchng)
Bryan Johnson*
(CNNExpansión) -

Hace 100 años, Sir Ernest Shackleton estaba en muchos problemas. El veterano explorador polar había zarpado a la Antártida en una peligrosa misión para cruzar el continente a pie. Pero antes de llegar si quiera, a principios de 1915, su barco Endurance se quedó atrapado en el hielo.

Siempre he estado sorprendido por la expedición de Shackleton. Pero no fue hasta que comencé mi propio negocio que empecé a apreciar los paralelos entre ser un emprendedor y un explorador. En el centenario de uno de los momentos más difíciles de este aventurero, aquí hay algunas de las lecciones que pueden aprender los emprendedores de la desastrosa (y milagrosa) Expedición Trans-Antártica Imperial.

La prueba de olfato de Shackleton. Lo que originalmente propuso Shackleton –atravesar la Antártida a pie vía el Polo Sur -2,800 kilómetros de costa a costa- no sólo era atrevido en ese entonces, prácticamente desafiaba la imaginación. Era la empresa más desafiante que podía concebir, y se metió de lleno en ella desde el principio.

Para los emprendedores, puede ser valioso considerar una suerte de “prueba de olfato”, sin importar cuál sea la empresa. Pregúntate, dentro de los parámetros de tu negocio, “¿Es esta la meta más audaz para la que podría estar trabajando?” Reiterar, reevaluar y dar vuelta sobre las cosas inevitablemente llegarán después. Al principio, date la oportunidad de pensar en grande.

Absolutamente nada saldrá como lo planeaste, así que planea para ello. A través de la expedición de Shackleton, cuando parecía que nada más podría salir mal, algo siempre lo hacía. Tras 10 meses dentro del Endurance atrapado en el hielo, por ejemplo, la tripulación descubrió que se estaban hundiendo. Ellos abandonaron el barco y acamparon sobre témpanos cercanos a la deriva por meses. Finalmente, Shackleton apiló a sus hombres en tres botes salvavidas y remaron hacia el océano abierto. 

Emprender es como caminar sobre el agua y repetidamente mojarse. Te fuerza a aprender a vivir y prosperar en un caos continuo planeando de alguna manera para el futuro incluso cuando es difícil terminar el día. La adaptabilidad de Shackleton, de cara a una desconcertante mala suerte, es un ejemplo que todos los emprendedores pueden tomarse en serio. 

La confianza comienza a gotear. Tras cinco días en el mar, Shackleton y su exhausta tripulación se arrastraron a la Isla Elefante, su primera vez en tierra en 497 días. Pero estaba desierta, sin ninguna esperanza de rescate. Él tomó una decisión catastrófica de salir con un pequeño grupo en una misión suicida –otra odisea en mar abierto a una estación de caza de ballenas a unas 720 millas náuticas de donde se encontraban-.

Fomentar el espíritu de grupo es complicado hasta en las mejores condiciones. ¿Cómo logró Shackleton mantener a su tripulación con fe –por años- mientras estaban atrapados en la Antártida? Tenía una presencia imponente, sin duda. Pero también se ponía a sí mismo de cara al peligro, una y otra vez. Sin volverse muy dramático, hay una lección aquí para los emprendedores: tu equipo, sin importar cómo se componga, será evaluado. Pero el sacrificio y la preocupación genuina desde arriba hablan por sí misma. 

La desesperación impulsa la creatividad. Después de dejar atrás a la mayoría de la tripulación en la Isla Elefante, Shackleton y algunos hombres cruzaron el océano por 15 días seguidos en un bote de remos glorificado. Forzados a improvisar, ellos elevaron los costados, construyeron una cubierta improvisada de tela y sellaron las uniones con sangre de foca. Se mantuvo, incluso en vientos huracanados, y llegaron a su destino.

Para los emprendedores, las limitaciones –de dinero, tiempo y experiencia- van con el territorio, pero también son algo hermoso porque fuerzan a la creatividad y la precisión. Un ejemplo personal: Por casi 5 años, empujé a Braintree, el proveedor de pagos detrás de Uber y Airbnb. Una y otra vez tuvimos que innovar, en lugar de gastar, para resolver nuestros problemas. Mirando hacia atrás, sólo nos hizo una empresa más fuerte.

El fracaso depende de quién lo mire. Increíblemente la saga de Shackleton no ha terminado. Después de llegar a la isla, procedió a escalar a través de 32 millas de crestas y cañones de huelo, finalmente alcanzando una estación de caza de ballenas tripulada, una hazaña incluso bajo nuestros estándares actuales. El rescate fue organizado para el resto de su tripulación. A pesar de pasar casi dos años abandonados en la Antártida, ni un hombre bajo su cargo murió.

Creo que es probablemente la lección más valiosa para los emprendedores. La expedición de Shackleton puede haber fallado, pero él no lo hizo. La historia recuerda la misión no por no haber llegado a su destino, sino por el espíritu humano que salió a la luz mientras se desenvolvía.

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He comenzado múltiples empresas: algunas fracasaron; algunas crecieron más de lo que imaginaba. Ahora opero un fondo que invierte en emprendedores que trabajan en retos globales, proyectos que definitivamente pasan la prueba de Shackleton. Los mercados pueden cambiar, los problemas pueden surgir que ninguna cantidad de planeación podría anticipar; los negocios pueden fracasar. Al final, el éxito es más que una hoja de balance. “El ‘cómo’ de todo –la ingenuidad y la determinación mostradas en el camino- puede ser igual de importante".

Bryan Johnson es un emprendedor, inversor y fundador de OS Fund, establecido con 100 millones de dólares de su capital personal para apoyar a inventores y científicos que trabajan para el beneficio de la humanidad al reescribir el sistema operativo de la vida. También es un entusiasta de la aventura (montañas, volcanes, trineos de perros del ártico). Siguelo en Twitter @bryan_johnson.

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