El ruido y la ‘trumpeta’: la verdadera motivación de Trump

Es el mejor posicionado para la candidatura republicana, pero el menos apoyado, explica Larry Rubin; como una trompeta, se encuentra ávido de resaltar y generar ruido, añade el experto.
Proteccionismo  Trump prometió renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte con México y Canadá.  (Foto: CNN)
Larry Rubin*
CIUDAD DE MÉXICO (CNNExpansión) -

Hace unos días tuve el honor de asistir al primer debate entre los aspirantes republicanos para la candidatura presidencial, celebrado en la Q-Arena de Cleveland, en Ohio.

Quien haya sido testigo del debate habrá notado que Donald Trump, pese a ser la figura que acaparó todos los reflectores en esta primera etapa de campaña, fue también quién recibió más abucheos y demostraciones en contra de su postura.

Esta aparente contradicción –ser el mejor posicionado, pero el menos apoyado– ha hecho que muchos se pregunten cuáles son las verdaderas motivaciones por la que un afamado y polémico magnate buscaría incursionar en una arena totalmente diferente: la política.

Para entender los motivos debemos comenzar recordando que Donald Trump siempre ha sido un personaje enigmático y difícil de entender. Comprender qué lo motiva es intentar vislumbrar su tan particular modo de enfrentarse a la vida y la manera en que se conduce en el mundo de los negocios.

Por tanto, debemos tener en cuenta que, en primer lugar y ante todo, es un hombre de negocios con una innegable capacidad para amasar fortunas.

Ya sea por el Donald Trump que mostró en su libro de 1987 The Art of the Deal o por cómo se presenta en su afamado programa de televisión The Apprentice, este magnate se concibe como un empresario calculador y mercenario, sin miedos ni escrúpulos, con un único fin en mente: construir un imperio sin importar qué tendrá que hacer para lograrlo.

Y tal parece que esta campaña por la candidatura republicana es otro elemento que logrará hacer crecer su imperio.

 La 'trumpeta': el hombre de negocios en la política

Mucha fue mi curiosidad cuando escuché que el hijo de siete años de un querido amigo mío apodaba a Trump la trumpeta. Tal arrebato de ingenio causó gracia pero, reflexionando sobre la alegoría, encontré en ella una forma fácil de explicar el fenómeno político de Trump.

Él, como una trompeta, se encuentra ávido de resaltar, de enfatizar acentos y de generar un ruido impresionante que llama la atención de hasta los menos interesados en escucharlos. Es, simplemente, un elemento que no puede pasar desapercibido; Trump y todo su equipo lo saben.

Sin embargo, un hombre de negocios incursionando en la política no es tan novedoso. Muchos han sido los que salieron de su zona de confort para buscar aportar por otra vía a su país. Pese a esto, no cabe duda de que existen diferencias sustanciales entre el mundo de la política y el mundo de los negocios que van más allá de los matices.

En primer lugar, la política se trata de negociar para, entre otros aspectos, ganar adeptos a un proyecto; por tanto, lo último que un candidato o aspirante debe hacer es alienar a dos de los grupos que más votos representan en los Estados Unidos.

Curiosamente, el caso del Donald Trump político se ha visto rebosante de críticas hacia migrantes, mujeres y demás grupos que desde su perspectiva impiden que América sea grande como lo era antes (o al menos esa es la promesa de campaña de Trump: hacer que América retorne a su gloria de antaño).

Trump, como una trompeta, llega haciendo ruido y no para hasta haber silenciado a quienes lo critican.

Prueba de ello es lo ocurrido con la cadena Univisión cuando ésta se negó a televisar uno de los eventos más vistos en el mundo, pero producido por Trump: el concurso Miss Universo.

Igualmente, recordemos la ácida crítica de la que el senador John McCain, y recientemente Megan Kelly, fueron víctimas. Tales desplantes ensordecedores lograron que los medios estadounidenses comenzaran a llamarlo Trumpenstein en referencia a que han creado a un Frankenstein dentro de la política.

A la par, el ruido generado por su candidatura ha causado que los demás aspirantes republicanos, los verdaderos candidatos, no hayan conseguido el eco necesario para transmitir sus planes y posicionamientos políticos.

Tal fenómeno ha logrado que Trump aparezca desde hace varias semanas a la cabeza de las encuestas, lo que pudiera representar un daño para el Partido Republicano. Tal es la fijación por Trump que inclusive la campaña de Hilary Clinton ha pasado desapercibida.

Sobra mencionar que Trump ha hecho cuantiosas donaciones, que rondan los 100,000 dólares, a las campañas de los Clinton desde 2002 y hasta 2007, hecho que demuestra que no es un hombre de política sino uno de negocios.

Branding y fortalecimiento de un imperio

Retomando la pregunta central de este texto, cuando se analiza a profundidad tanto a la campaña en sí como al personaje que muestra, nos daremos cuenta de que el objetivo central no es ser presidente, aunque si lo lograra sería la cereza del pastel. Su objetivo principal es generar un posicionamiento todavía más fuerte del que ya tiene.

Antes de dar inicio a esta aventura política, Trump era conocido por sus libros o por los programas de televisión en los que aparecía.

La franquicia de The Apprentice, programa en la que reclutaba a prometedores empresarios para transmitirles un poco de sus habilidades, logró un rating de millones de televidentes en los ocho años en los que estuvo al aire. Ahora, es innegable que en México y otras partes del mundo su nombre tiene un impacto mucho mayor por el poder mediático que logró despertar.

En pocas palabras, estamos atestiguando la creación de una marca más fuerte y grande para él. Lo que parece interesarle es alcanzar un nivel global en su posicionamiento, es decir, que todo el mundo en todos los niveles sepa quién es, cómo es y lo que piensa.

Ganar amigos o enemigos no interesa tanto como la publicidad que resulta de dar declaraciones fuertes pues con éstas es posible acaparar todos los reflectores.

Lo que Donald Trump está ganando es hacer crecer su marca personal junto con sus distintas marcas comerciales: el que ha sido empresario toda su vida está presente en el nombre sus hoteles, sus camisas, en fin, en todos sus productos.

Y aunque los polémicos comentarios que han empañado su campaña han hecho que algunos socios estratégicos le den la espalda, sabe que será mera cuestión de tiempo para que vuelvan a estrechar lazos comerciales.

La verdadera razón de toda esta hiperpublicidad es abrir fronteras y dejar de ser desconocido en los lugares donde todavía no había llegado, como en el medio oriente o en China, posicionándose como una marca poderosa de éxito y dinero…mucho dinero.

Tal parece que para Donald Trump todo forma parte del arte de la negociación, y de ésta será él quien ganará más aunque sea quien pierda en número de votos.

*El autor es presidente de la American Society, socio de Spencer Stuart México, y avezado en relación México-Estados Unidos. @larry_d_rubin

Ahora ve
Escultores del hielo alistan sus piezas en mercado de Edimburgo
No te pierdas
×