OPINIÓN: Elecciones en periodos de crisis: el caso de Guatemala

El domingo millones de guatemaltecos acuden a las urnas en medio de una investigación por corrupción del expresidente Otto Pérez Molina
Un grupo de personas celebra el martes cuando el Congreso de Guatemala le retiró la inmunidad a Otto Pérez Molina
Un grupo de personas celebra el martes cuando el Congreso de  Un grupo de personas celebra el martes cuando el Congreso de Guatemala le retiró la inmunidad a Otto Pérez Molina
Autor: Yuri Beltrán | Otra fuente: 1

Nota del editor: Yuri Beltrán es Consejero Electoral en el Instituto Electoral del Distrito Federal (IEDF). Es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, y licenciado en Economía por la UNAM, además ha sido funcionario en el IFE y el TEPJF. Síguelo en su cuenta de Twitter:@yuribeltranm.

(CNNMéxico)- El panorama político electoral en Guatemala se ha tornado crítico justo antes de la contienda presidencial del domingo 6 de septiembre, donde se espera que cerca de 7.5 millones de ciudadanos guatemaltecos habilitados para votar, acudan a las urnas a elegir presidente.

Esto tiene lugar ante las acusaciones de corrupción que hizo la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG) contra el expresidente Otto Pérez Molina y la exvicepresidenta, Roxana Baldetti, de liderar una red de corrupción denominada la Línea.

Dicho acontecimiento generó un terremoto político que causó renuncias en el gabinete presidencial y detenciones de altos funcionarios de la Superintendencia de Administración Tributaria (SAT).

OPINIÓN: La crisis solitaria de Guatemala

Ante estos hechos, el repudio al presidente se hizo generalizado. El jueves 27, miles de guatemaltecos exigieron en las calles la inmediata dimisión del expresidente Otto Pérez Molina. La petición fue secundada por empresarios, organizaciones de la sociedad civil y la iglesia. El Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras, que reúne al empresariado guatemalteco, apoyó la demanda de renuncia del presidente.

En el mismo sentido lo hicieron organizaciones de derechos humanos, la fundación de la premio Nobel de la Paz Rigoberta Menchú y el Arzobispo de la Arquidiócesis de Guatemala, Óscar Julio Vián Morales.

En este contexto crítico, el Congreso acordó retirar el fuero al mandatario para ser investigado. Sin embargo, el presidente respondió que no renunciará.

Ahora bien, al mirar los datos duros sobre confianza presidencial e identificación partidista en Guatemala es posible tener mayor comprensión de la crisis que vive hoy ese país.

La confianza que tiene la sociedad respecto a la figura y el trabajo presidencial de Otto Pérez Molina al principio y final de su mandato ha disminuido drásticamente. Según datos del Latin American Public Opinion Project (LAPOP), el 6.6 por ciento de los ciudadanos no tenían confianza alguna en Otto Pérez al inicio de su periodo.

Dos años después, hubo un aumento del 200% de la desconfianza, ya que el 19.8% de los ciudadanos declaró no tener confianza alguna en el exmandatario. Actualmente, una encuesta publicada por el diario Prensa Libre reveló que el 88% de los ciudadanos rechazan la gestión presidencial.

Además, esto debe mirarse dentro del contexto de baja institucionalidad que ha vivido la nación guatemalteca, sobre todo en lo referente al sistema de partidos. Históricamente, Guatemala es el país con el mayor número de electores no identificados con un partido político (80%) en América Latina, sumado a que el número efectivo de partidos es de 7.7 y son 14 los contendientes actuales por la presidencia, lo cual refleja la poca estabilidad partidista en ese país.

Ante esta situación, ¿las elecciones del domingo podrán resolver la crisis profunda que vive el sistema político guatemalteco? De entrada la respuesta es que pareciera ser que sí. Como declaró Martín Kobler, jefe de la misión de Naciones Unidas en Iraq, "las elecciones no pueden resolver todos los problemas […], pero los problemas no pueden resolverse sin elecciones".

Si se analizan algunos ejemplos de países que han enfrentado elecciones en situaciones críticas se puede observar que los comicios electorales ayudan a generar consensos que abren caminos hacia salidas no violentas de los conflictos.

La profunda crisis política que vivió Honduras en 2009 tras la destitución del presidente Manuel Zelaya por el Congreso del país a través de un acto golpista y que llevó a la posterior asunción del poder a Roberto Micheletti, presidente del Congreso, encontró un canal de resolución a través de las elecciones de noviembre de ese año en las que salió victorioso el candidato del Partido Nacional Porfirio Lobo.

La aceptación al interior del país y en la comunidad internacional de los resultados electorales en Honduras fue paulatina, así como la normalización de las relaciones con otras instancias internacionales como la OEA.

Otro caso emblemático de crisis política fue el de Paraguay cuando en junio de 2012 se dio un "golpe parlamentario" donde el Congreso decidió destituir al entonces presidente Fernando Lugo acusándolo de la muerte de policías y campesinos.

La comunidad internacional condenó la situación y fue hasta abril de 2013, a través de elecciones presidenciales, que se restableció la situación en dicho país. Cabe recalcar que el triunfador de esos comicios fue el Partido Colorado, mientras que el expresidente Lugo ganó una senaduría nacional.

Esta situación no se ha presentado sólo en América Latina. En Iraq, después de la ocupación de Estados Unidos, se realizaron comicios electorales en 2013, los cuales estuvieron enmarcados por sucesos violentos como la muerte de candidatos durante las campañas.

Si bien las elecciones no fueron la solución a los grandes problemas estructurales y de fragmentación étnica que vive el país, mostraron el inicio de una progresiva normalización. 

Ahora bien, las crisis antes de las elecciones no sólo ocurren debido a factores político-institucionales. En un trabajo pionero y reciente sobre América Latina, los académicos Carlin, Gregory y Zechmeister (2014) han mostrado para los casos de Haití, El Salvador y Chile que los fenómenos naturales como los terremotos son un "factor decisivo en el desapego a las normas democráticas y […] dan pie al surgimiento de tendencias participativas beligerantes".

En esa medida, en las elecciones puede canalizarse esa frustración dependiendo de la capacidad de tenga el Estado para hacerle frente a la problemática.

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En suma, lo que muestran estos ejemplos es que las elecciones, si bien no resuelven todos los problemas, son un factor trascendental que ayuda a encauzar salidas ante una situación de crisis política como la que hoy presenta Guatemala, sobre todo porque permite a los ciudadanos castigar a los representantes políticos a través del uso efectivo de su voto como herramienta fundamental de cambio, lo cual, de ocurrir así implicaría la derrota en segunda vuelta del partido en el gobierno (Libertad Democrática Renovada) y de su candidato Manuel Baldizón.

Las opiniones expresadas en este texto pertenecen exclusivamente a Yuri Beltrán.

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