OPINIÓN: México, democracia y elecciones: a 20 de años del Latinobarómetro

El país es el más insatisfecho de la región con el régimen político, pero va al alza el respaldo a los principios y valores que lo sustentan
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Yuri Beltrán
Autor: Yuri Beltrán | Otra fuente: 1
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Nota del editor: Yuri Beltrán es consejero electoral en el Instituto Electoral del Distrito Federal. Es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, y licenciado en Economía por la UNAM. Síguelo en su cuenta de Twitter: @yuribeltranm

(CNNMéxico)- El Latinobarómetro cumple 20 años de existencia. Surgió en 1995, cuando se hizo el primer levantamiento de encuestas en ocho países de América Latina (Argentina, Brasil, Chile, México, Paraguay, Perú, Uruguay y Venezuela).

A la fecha, este instrumento captura y mide la cultura política y el apoyo al régimen político de 18 democracias de Latinoamérica. Incluso, ha integrado a su muestra a España, lo que lo hace todo un referente en materia de medición de procesos electorales.

Los resultados de este año son muy interesantes, ya que retratan aspectos importantes de los países de la región y, en específico, de México. En relación particular con la participación electoral, los datos reflejan algunos aspectos positivos. Aunque en nuestro país el voto es voluntario, los resultados muestran que en 20 años ha habido un incremento de la participación, a diferencia de otras naciones como Brasil, Chile, Costa Rica, Honduras, Paraguay, República Dominicana y Uruguay, donde ha ido a la baja en estas dos décadas.

Apoyo pero insatisfacción con la democracia 

Otro aspecto relevante a resaltar es el apoyo a la democracia. Una de las autoras principales sobre el tema de la integridad electoral, Pippa Norris, señala que existen tres dimensiones de apoyo hacia un sistema político: comunidad, régimen y autoridades y actores. El nivel que recibe el mayor impacto coyuntural es el de "autoridades y actores", mientras que el que menor grado de volatilidad posee es el de "comunidad", pues refiere al sentimiento de orgullo de pertenecer a una comunidad política (mexicano, en nuestro caso).

Esa distinción permite diferenciar —dentro de la dimensión régimen— la satisfacción con la democracia, del apoyo a los valores democráticos. El Informe de Latinobarómetro 2015 arroja algunas luces respecto a esta distinción.

En América Latina, el 37% de los ciudadanos dice estar satisfecho con el funcionamiento de la democracia —en Asia, el nivel es de 70%; en Europa, de 59%, y en África, de 49%. En el Informe de 2015, México ocupa el nivel más bajo de la región en la satisfacción con la democracia (19%), lo cual muestra una caída paulatina durante los últimos nueve años, pues en 2006 era de 41%.

Lo curioso es que aunque en este nivel hay una merma importante, esto no se refleja en el nivel de apoyo a los valores y principios democráticos, pues —según el Latinobarómetro 2015— en México el 49% de los ciudadanos piensa que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, lo cual enfatiza la importancia que para los ciudadanos de este país tiene la democracia por sobre cualquier otra forma de gobierno.

El grado de respaldo actual es superior al presentado en 2000 (45%) y 2013 (37%), lo cual habla de un incremento en este rubro —el promedio en América Latina es de 56% para 2015.

Por lo anterior, si bien hay una caída en la satisfacción con el desempeño de la democracia, esta goza de apoyo en sus principios y valores que la sustentan entre los ciudadanos del país, pues de hecho va a la alza.

En refuerzo de lo anterior, cuando se le pregunta a la ciudadanía si está de acuerdo con que la democracia es el mejor sistema de gobierno, el puntaje para México se incrementa a un 60%.

Esto enfatiza que el problema fundamental no es el apoyo a los principios y valores democráticos sino la insatisfacción con el desempeño de la democracia. En esa medida, es necesario continuar con el fortalecimiento del régimen, establecido por Norris y, ante todo, dotar de mayor legitimidad la manera en que se desenvuelve la democracia en el país.

Desconfianza en las elecciones

Según el Latinobarómetro hay un déficit importante en la percepción que tiene la ciudadanía sobre si los comicios son limpios o fraudulentos, si bien en los últimos años ha habido un repunte en la credibilidad comicial, con respecto a 2009, en 2015 hubo un aumento de tres puntos porcentuales, pues hace seis años el 23% consideraba las elecciones "limpias" y hoy el 26% opina en ese sentido.

Es claro que este déficit debe ser saldado por las autoridades encargadas en la materia, a pesar de que éstas gozan, en lo general, de una buena reputación, según Parametría, en las elecciones de junio pasado el 65% de los ciudadanos calificó bien a la autoridad electoral en su desempeño, pero desconfía de los resultados electorales.

En suma, el fortalecimiento de un régimen democrático se consigue, entre otras cosas, con el fomento de la credibilidad y la confianza de los ciudadanos en las elecciones.

En esa medida, a los organismos electorales del país nos toca explicar mejor las decisiones que se toman e involucrar en forma eficaz a la ciudadanía en la observación de todas las fases del proceso electoral.

En la medida en que se conozcan mejor los argumentos detrás de cada decisión electoral, mayor respaldo habrá a los comicios como forma de decidir quién ejerce el poder público y, por consiguiente, podrá incrementarse también la satisfacción de los ciudadanos con el desempeño de su democracia.

Las opiniones expresadas en este texto pertenecen exclusivamente a Yuri Beltrán.

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