OPINIÓN: Argentina, también las segundas vueltas pueden ser muy cerradas

Este domingo los argentinos acudirán nuevamente a las urnas para elegir a su presidente; Scioli y Macri siguen encabezando las preferencias
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Autor: Yuri G. Beltrán Miranda | Otra fuente: 1

Nota del editor: Yuri G. Beltrán Miranda es consejero electoral en el Instituto Electoral del Distrito Federal. Es maestro en Gobierno y Asuntos Públicos por la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, y licenciado en Economía por la UNAM. Síguelo en su cuenta de Twitter: @yuribeltranm

(CNNMéxico)— Por primera vez en la historia política de Argentina se realizará una segunda vuelta electoral o ballotage para elegir presidente. En la jornada del domingo 22 de noviembre competirán Mauricio Macri de la Alianza Cambiemos y, Daniel Scioli, candidato oficialista, de la Alianza Frente para la Victoria.

La última ocasión que pudo ocurrir una situación similar fue en 2003 cuando los principales candidatos en competencia, Carlos Menem y Néstor Kirchner, no obtuvieron mayoría en la primera vuelta. A pesar de que Menem ganó en la primera ronda, decidió no presentarse al ballotage, por lo que Kirchner fue proclamado ganador.

A diferencia de México, en Argentina el sistema electoral prevé la segunda vuelta electoral cuando en la primera ronda, la fórmula ganadora no obtiene el 45 por ciento de los votos o, más del 40 por ciento de ellos con una diferencia mayor al 10 por ciento entre el triunfador y el segundo lugar. A pesar de que este método de votación intenta generar un amplio respaldo ciudadano en el ganador, distorsiona la voluntad popular, pues, los votantes que sufragaron por una opción perdedora en primera vuelta, tienen que reorientar su voto y sufragar sólo por alguna de las dos opciones en contienda. Es decir, el voto no refleja cabalmente las preferencias. Además, se generan gastos duplicados al haber dos elecciones y, se obliga a las fuerzas políticas perdedoras a establecer negociaciones forzadas.

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De hecho, las tendencias electorales de las encuestas previas a la elección del 25 de octubre no contemplaban un escenario de segunda vuelta electoral. Se esperaba un triunfo amplio del candidato oficialista Daniel Scioli del Frente para la Victoria. Sin embargo, el desenlace fue inesperado y generó dudas sobre el trabajo que realizaron las principales casas encuestadoras.

Los resultados colocaron en primer lugar a Daniel Scioli con el 37 por ciento de los votos y, a tres puntos de distancia a Mauricio Macri con 34 por ciento de los sufragios. En tercer lugar quedó Sergio Massa de la Alianza Unidos por una Nueva Alternativa con 21 por ciento y, con menos del 3.5 por ciento de los sufragios quedaron los candidatos Nicolás del Caño, Margarita Stolbitzer y, Adolfo Rodríguez Saá. 

Ante esta situación, los electores que votaron por los tres últimos candidatos y, principalmente, por Sergio Massa, tendrán que reorientar su sufragio en favor de las dos propuestas punteras este domingo 22 de noviembre para elegir presidente. Las tendencias hasta ahora muestran un empate técnico entre los dos candidatos (Daniel Scioli y Mauricio Macri), lo cual, tiene en vilo a todos los habitantes de ese país. Esto es positivo pues refleja un principio básico de la democracia: la incertidumbre sobre los resultados.

Un segundo aspecto interesante ocurrido en la primera vuelta electoral fue el porcentaje de participación. A diferencia de México, en Argentina se obliga a los ciudadanos a votar y de no hacerlo se les impone una sanción equivalente a 16 dólares. Este incentivo negativo generó un aumento de 2 por ciento en la participación con respecto a la elección presidencial previa de 2011. En la primera vuelta de octubre pasado, la asistencia a las urnas fue de 81 por ciento y, contrario a lo esperado, el número de votos nulos y blancos no superó el 3.5 por ciento (el voto blanco fue de 2.6 por ciento y el voto nulo de 0.8 por ciento). De esa manera, del 81 por ciento de asistencia a las urnas, el 96.7 por ciento fueron votos dirigidos a alguna de las fuerzas políticas en contienda.

En México, una situación así sería impensable sobre todo porque el voto es voluntario y, es visto como un derecho, un deber y una responsabilidad cívica. Aunque el voto obligatorio genera un alto porcentaje de participación, esto no garantiza que los sufragios siempre vayan dirigidos a las fuerzas políticas. En la mayoría de las ocasiones lo que se incrementa es el voto nulo y blanco. Asimismo, las multas son un incentivo negativo que más que provocar adhesión al sistema político, pueden generar hartazgo y mayor alejamiento ciudadano por la cantidad de trámites y pagos que se tendrían que realizar en caso de no votar. Quizá una idea más propositiva sería generar incentivos que impulsen el sufragio, como la exención de ciertos trámites o pagos, sin embargo, eso también distorsionaría el principio básico del voto como derecho libre de los ciudadanos.

Por ello, habrá que estar atentos al porcentaje de participación que se genere en esta segunda vuelta electoral en Argentina, ya que, algunos miembros de la izquierda, principalmente Nicolás del Caño, están llamando a votar en blanco en el ballotage como forma de protesta política.

Finalmente, la primera vuelta presidencial transcurrió sin incidentes relevantes. El único aspecto que causó suspicacias fue la demora de más de 6 horas para la publicación de los resultados de las elecciones por parte de la Junta Electoral Nacional. En ese sentido, la Cámara Nacional Electoral –el órgano electoral más importante en la materia en Argentina– ratificó una serie de medidas para “reforzar la transparencia y seguridad de los comicios”. Por ejemplo, al Ministerio Público Fiscal se le requirió que repita el operativo para “la prevención de hechos ilícitos que pudieran afectar el desarrollo de los comicios (clientelismo, retención de documentación electoral, robo de boletas)”.

Por lo anterior, es claro que Argentina vive un momento histórico en su historia política. Dos proyectos con distintas miradas políticas están en disputa el próximo domingo: la continuidad del proyecto oficialista por cuatro años más o, la orientación hacia un camino diferente. Cualquiera que sea la decisión de los argentinos, lo más importante es que ésta se realizará por la vía democrático-electoral.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen exclusivamente a Yuri G. Beltrán Miranda.

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