OPINIÓN: El dudoso movimiento de Peña Nieto en la Sedesol

La falta de preparación en temas de desarrollo social y la transparencia en uso de recursos, ponen al nuevo titular de Sedesol en la mira por los beneficios electorales que podría sacar el gobierno.
El funcionario se desempeñaba como operador político del presidente de México.
Miranda Nava  El funcionario se desempeñaba como operador político del presidente de México.  (Foto: Cuartoscuro)
Por: RODOLFO DE LA TORRE

Nota del editor: Rodolfo de la Torre es director del Programa de Desarrollo Social con Equidad del Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY) y profesor afiliado del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Maestro en Economía por la Universidad de Oxford, ha sido Coordinador de la Oficina de Investigación del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y miembro del Comité Técnico de Medición de la Pobreza, que antecedió al Coneval. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) — En un artículo que con el tiempo luce cada vez más moderado, Jesús Silva Herzog-Márquez identificaba dos tipos de decisiones políticas dañinas: las estúpidas y las malvadas. “Ser estúpido es dañar a otros sin ningún beneficio”, decía, lo que es mucho peor que actuar perversamente, pues “El malvado, a final de cuentas, gana algún beneficio de su maldad”. Al respecto, calificaba de “estúpida” la decisión del presidente Enrique Peña Nieto de invitar a Donald Trump a México.

Desde esta perspectiva, la decisión presidencial de nombrar al exsubsecretario de Gobernación, Luis Enrique Miranda Nava, como nuevo Secretario de Desarrollo Social, es una considerable mejora, pues no corresponde al primer tipo de acción. Claramente, hay potenciales beneficios políticos, electorales y hasta personales para el presidente por este nombramiento, los cuales habría que poner en la balanza junto al daño que ocasionarían al país.

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La llegada de Miranda Nava a la Sedesol representa el progreso de dudosos objetivos en el combate a la pobreza. Con la secretaria Rosario Robles existía una estrategia definida, aunque discutible, para ir más allá del asistencialismo a la generación de capacidad productiva en grupos específicos de la población pobre. Sin embargo, la Cruzada contra el Hambre, que perseguía estas metas, se quedó corta en su visión e instrumentos, registrándose más pobreza de 2012 a 2014.

Desde la gestión de Robles, la Sedesol manifestó su desconcierto con estos resultados de la medición de la pobreza. La inconformidad dio pie al pragmatismo del secretario José Antonio Meade. Con él, un objetivo central fue reducir las cifras de pobreza, en ocasiones combatiéndola, en otras mejorando la información para que así se percibiera. La cartilla social, que da constancia a cada beneficiario de los recursos recibidos, ha sido un instrumento clave de esto último.

Cabe destacar que tanto el exsecretario Meade como su antecesora, separaron públicamente los asuntos políticos del combate a la pobreza. El secretario Miranda en contraste, ha comenzado su gestión uniendo estos dos temas. En su primera intervención como titular de la Sedesol, ha dicho que la pobreza “es [en] gran parte la causa de la ingobernabilidad o de los problemas de gobernabilidad que se presentan en el país”.

Aunque es comprensible que cuando se tiene un martillo a todo problema se le vea cara de clavo, esta visión es problemática y esencialmente incorrecta. Por una parte, parece estarse viendo el combate a la pobreza como un medio para un fin y no como un fin en sí mismo. Por otra, la evidencia apunta a que la desigualdad y no la pobreza, está detrás de varios problemas de ingobernabilidad, como es el caso del crimen violento derivado del narcotráfico .

Más preocupante resulta que delicados instrumentos de la política social, como el listado de beneficiarios de los programas sociales y la cartilla social, estén en manos de quien no tiene un perfil idóneo para manejarlos. El listado y la cartilla deben evolucionar hacia un sistema unificado y obligatorio de asignación de los recursos sociales federales y locales, lo que a veces se denomina padrón único de beneficiarios. Esta tarea ha eludido a brillantes titulares de la Sedesol.

La preocupación se convierte en alarma si se piensa que, en vez de avanzar hacia un padrón único, un experimentado operador político puede aprovechar la información que posee para usos electorales. En vez de procurar la transparencia y contener la discrecionalidad de la política social, puede llevar a cabo una oscura guerra partidista financiada con los recursos de los mexicanos. A este respecto, el historial del secretario Miranda es una mala señal.

OPINIÓN: Una rezagada política social sana, informada y transparante

En poco tiempo, diferentes medios han mostrado un proceder poco transparente del nuevo secretario. Este abarca desde ingresos y bienes ocultos en sus declaraciones patrimoniales hasta llamativas compras de propiedades y consumos conspicuos, que se desconoce si corresponden con los primeros. Ante estos señalamientos, no ha habido desmentidos contundentes, ni mucho menos muestras de apertura a mayor información.

A falta de preparación en temas de pobreza y desigualdad, de experiencia en asuntos de desarrollo social, y de claridad en la procedencia y uso de sus propios recursos, el nuevo encargado de la política social tendrá más apoyo del presidente. Éste, a su vez, contará con la redoblada lealtad del recién promovido secretario, además de su sagacidad política y su habilidad operativa potenciada por información de un valor electoral inapreciable. Ambos ganan en en lo personal .

Pero el país no tiene por qué perder con esta situación. Ante las fundadas sospechas de que la Sedesol puede convertirse en casa de campaña para las próximas elecciones, el secretario Miranda puede sorprendernos conservando y atrayendo especialistas en lo que no domina, materializando la promesa siempre pendiente de un padrón único de beneficiarios y presentando su 3 de 3 (declaraciones detalladas de patrimonio, de conflicto de intereses y de impuestos).

Mientras lo anterior no ocurra, sus declaraciones de que tendrá un comportamiento ético y no jugará con los recursos de los mexicanos sonarán huecas, y su daltonismo a los colores de los partidos políticos no será creíble. Desafortunadamente, el secretario Miranda carga con el perjuicio de la duda, esa pesada condición en que, ante la interrogante de si habrá o no un renovado comportamiento, la mejor guía de lo que hará es lo malo que ha hecho en el pasado.

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